martes, 30 de junio de 2015

Las reglas para ser humano

Un texto del libro "Sopa de pollo para el alma" de Jack Canfield y Mark Victor Hansen. Once reglas sobre cómo vivir como un "ser humano.













Café del Sur: "Especial León Gieco"

Corría el año 1973 y un chico de 22 años, nacido en el campo, en la provincia argentina de Santa Fe, llegaba por primera vez a Buenos Aires. Tenía unos poco s pesos, una guitarra y muchas ganas de cantar. Un día, mientras cumplía con un turno nocturno de telexista, escuchó por radio que uno de sus grandes mitos, el ecléctico Gustavo Santaolalla, daba clases de guitarras y canto. Al día siguiente fue a buscarlo. Así comienza la historia de uno de los intérpretes más sensibles y comprometidos de la canción popular latinoamericana de las últimas cuatro décadas. Despedimos el 2014 con un programa especial dedicado a León Gieco.









viernes, 26 de junio de 2015

"Chase" extraido de "Sopa de pollo para el alma" de Jack Canfield y Mark Victor Hansen

Un niño anhela algo en su corazón. Una historia basada en un hecho de la vida real. Publicada en "Sopa de pollo para el alma" de Jack Canfield y Mark Victor Hansen.












jueves, 25 de junio de 2015

"GALLARDO PÉREZ, REFERÍ" de Osvaldo Soriano

GALLARDO PÉREZ, REFERÍ - Osvaldo Soriano.

Fragmento de "Todo con Afecto", Alejandro Apo. Radio Madre, Bs. As.




"EL PILOTO DE COMBATE" de Eduardo Sacheri

"EL PILOTO DE COMBATE" de  Eduardo Sacheri, leido en  "El otro lado de la tarde" por Alejandro Apo en Radio Madre, Buenos Aires







miércoles, 24 de junio de 2015

DOCUMENTAL: "Hija de la laguna" de Ernesto Cabellos Damián (2015)




Nélida, una mujer en los Andes que habla con los espíritus del agua, emplea sus facultades para enfrentarse a una minera que amenaza destruir la laguna que ella considera su madre. Justo debajo de las lagunas de Nélida, yace un rico depósito de oro que enfrenta a los campesinos que temen quedarse sin agua con la minera de oro más grande de Sudamérica.



Una película documental de ERNESTO CABELLOS DAMIÁN
Con la participación de NÉLIDA AYAY CHILÓN, BIBI VAN DER VELDEN, MÁXIMA ACUÑA DE CHAUPE y ANDREA MARTÍNEZ MARTÍNEZ
Producida por NÚRIA FRIGOLA TORRENT
Productores ejecutivos ERNESTO y RICARDO CABELLOS DAMIÁN
Editada por ANTOLÍN PRIETO
Dirección de fotografía CARLOS SÁNCHEZ GIRALDO, JESSICA STEINER y MIGUEL HILARI SÖLLE
Diseño sonoro JOSÉ BALADO DÍAZ
Música MARTÍN CHOY-YIN
Colorista JORGE SABANA PADILLA
Postproducción y DCP GUARANGO
Diseño gráfico JAVIER PIRAGAUTA MORA
Productor asociado STEFAN KASPAR
Escrita y dirigida por ERNESTO CABELLOS DAMIÁN
Productora: Asociación Guarango Cine y Video

DETALLES TÉCNICOS

Género: Documental
Idioma original: Castellano (con algunas escenas en inglés)
Subtítulos: Inglés y francés


domingo, 21 de junio de 2015

"El hombre que toca la flauta celestial" Anónimo de china

   
















"El hombre que toca la flauta celestial" Anónimo de china  leido por Manuel Rodríguez.





                                                         


Café del Sur: Santa Revolución


Santa Revolución
Una original banda sonora para contar cincuenta años de historia centro y latinoamericana a través de los procesos de emancipación social y política impulsados por las comunidades cristianas de base, los curas obreros, villeros y guerrilleros, los sacerdotes para el Tercer mundo hasta la llegada de la Teología de la Liberación




viernes, 19 de junio de 2015

"No te detengas" de Walt Whitman


"No te detengas" de Walt Whitman

Locución: Manuel López Castilleja





















No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, 
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. 
No te dejes vencer por el desaliento. 
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, 
que es casi un deber. 
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. 
No dejes de creer que las palabras y las poesías 
sí pueden cambiar el mundo. 
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. 
Somos seres llenos de pasión. 
La vida es desierto y oasis. 
Nos derriba, nos lastima, 
nos enseña, 
nos convierte en protagonistas 
de nuestra propia historia. 
Aunque el viento sople en contra, 
la poderosa obra continúa: 
Tú puedes aportar una estrofa. 
No dejes nunca de soñar, 
porque en sueños es libre el hombre. 
No caigas en el peor de los errores: 
el silencio. 
La mayoría vive en un silencio espantoso. 
No te resignes. 
Huye. 
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo", 
dice el poeta. 
Valora la belleza de las cosas simples. 
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, 
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos. 
Eso transforma la vida en un infierno. 
Disfruta del pánico que te provoca 
tener la vida por delante. 
Vívela intensamente, 
sin mediocridad. 
Piensa que en ti está el futuro 
y encara la tarea con orgullo y sin miedo. 
Aprende de quienes puedan enseñarte. 
Las experiencias de quienes nos precedieron 
de nuestros "poetas muertos", 
te ayudan a caminar por la vida 
La sociedad de hoy somos nosotros: 
Los "poetas vivos". 
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ... 

Versión de: Leandro Wolfson

jueves, 18 de junio de 2015

AUDIOLIBRO: "El misterio del tren azul" de Agatha Christie

El misterio del tren azul libro de la escritora británica Agatha Christie escrito en 1928. 

Argumento: 

El relato ocurre, en su mayor parte, en la Costa Azul: el litoral sur de Francia y Montecarlo (donde los ingleses con alta renta pasaban el invierno). Un millonario americano, el magnate del petróleo Rufus Van Aldin compra el famoso rubí el “corazón de fuego” y lo ofrece de regalo a su hija, Ruth de Kettering. La joya forma parte de un maravilloso collar, codiciado por ladrones y coleccionistas. 

Ruth no es feliz en su matrimonio y se interesa por un ex pretendiente con quien no llegó a casarse por voluntad de su padre, pues el sujeto no era del todo honesto. Ya que el marido de la hija demuestra ser un aventurero que se buscó una amante, el millonario sugiere el divorcio e inicia los trámites legales correspondientes. Durante el viaje en el “tren azul” en dirección a Niza, Ruth es asesinada y el rubí robado. Por ironía del destino uno de los pasajeros es Poirot, a quien el padre de Ruth encarga descubrir al asesino. La situación es compleja, pero Poirot, con sus infalibles “células grises” y con otra pasajera, Katherine Gray, en papel de alter ego, obtiene un éxito más en su carrera. 











martes, 16 de junio de 2015

Café del sur - Especial Alejandro Dolina


Nos visita Alejandro Dolina, escritor, músico, cantante, hombre de radio, intelectual de los más finos, sutiles, inteligentes y destacados de los últimos 30 años argentinos. Con Alejandro, autor y conductor del popular show de radio ‘La venganza será terrible’, programa de culto, grabado en vivo y en directo todas las noches desde hace más de 20
años en los teatros de  Argentina, hablaremos de música, de tango, de historia, anécdotas curiosas y de todo lo que se nos ocurrirá. Compartiremos charlas y amistades también con el famoso ilusionista y escritor Luis Piedrahita, ‘el rey de las cosas pequeñas’, gran amigo de Dolina, descubriendo lo que les acomuna en su trabajo y en la vida.




sábado, 13 de junio de 2015

AUDIOLIBRO: "Los propios dioses" de Isaac Asimov

Los propios dioses es una novela de ciencia ficción publicada en el año 1972 por Isaac Asimov. Esta novela recibió los premios Hugo, Locus y Nebula. Wikipedia
Publicación: 1972
Autor: Isaac Asimov
Géneros: Ficción, Género fantástico, Novela, Ciencia ficción, Ficción especulativa











Hablar de Los Propios Dioses es hablar de una de las novelas insignias de Isaac Asimov y seguramente de las más bien valoradas unánimamente por los aficionados a la ciencia ficción. 

Los Propios Dioses fue un punto y aparte en la CF de los 70. Una historia original y técnica que combinaba elementos típicos de las novelas de contactos con la más atrevida teoría: la de la existencia de los Universos Paralelos. 

La obra se estructura en tres partes muy diferenciadas (fueron tomadas de la frase «Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano», de la cita original «Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens» de Friedrich Schiller): tres partes que describen mediante personajes e historias distintas la epopeya del descubrimiento 
(casual) de universos paralelos y del contacto con los habitantes de dicho universo. 

La primera parte, "Contra la estupidez…" es claramente una introducción técnica y algo densa al principio fundamental de la obra: El descubrimiento de la existencia de un universo paralelo y del intercambio de energía que se puede producir entre los dos. Se trata de una parte tensa, donde Asimov nos introduce en dicha teoría, una parte didáctica que a menudo puede hacerse algo pesada por la cantidad de información química que el autor nos muestra pero que tiene unas páginas finales llenas de tensión y que nos conducen directamente a la crême de la crême: La 

segunda parte. 

"…los propios dioses…" es el título de la segunda parte. Me atrevo a afirmar que posiblemente se traten de algunas de las mejores páginas escritas nunca en el género. Esta segunda parte es simplemente deliciosa, dudo mucho que nunca se puedan a volver a describir la psicología de unos seres no humanos de una forma tan convincente. Añadiendo el hecho que se trata de definir la personalidad de los tres sexos distintos que habitan en dicho universo y de las importantes interrelaciones que existen entre ellos. 

Personajes como Odeen, Dua, Tritt y sobretodo Eastwald nunca podrán ser olvidados una vez el lector finalice los capítulos que conforman "…los propios dioses…". Incluso la numeración de los capítulos es importante. 
La vida en el otro universo, las motivaciones de sus habitantes y sobretodo el comportamiento y la biología misma de ellos se merecen que esta obra esté entre lo más destacado del siglo pasado. 

Finalmente, la tercera parte, "…luchan en vano?" quizás sea la más floja pero no por ello menos interesante. Una leve intriga política que redondea la primera parte y que la cierra correctamente. También encontramos aquí, pese al lenguaje llano de Asimov, diversos referentes técnicos (Hard) que pueden moderar hacer más lenta la lectura. Impensable que alguien se la pierda, pese a las leves dificultades del comienzo y del final






 















viernes, 12 de junio de 2015

"Ya vendieron el piano" de Poldy Bird

"Ya vendieron el piano" de Poldy Bird leido por José Francisco Díaz Salado "La voz silenciosa"














Los vi desde la ventanilla del tren y saqué medio cuerpo afuera para llamarlos. Papá tomó a mamá por un brazo y prácticamente la arrastró hasta llegar frente a mí. Yo miraba, asombrado, cómo había aumentado el volumen de su vientre desde que me marchara un mes atrás y Margarita, mi prima, que se había peinado unas veinte veces durante el viaje, me tironeó de la camisa gritándome que le ayudara con el bolso. Toda la gente está bajando, ¿pensás quedarte arriba del tren? Papá me arrebató el bolso en cuanto pisé la plataforma. Mamá me estrechó, como pudo, contra su pecho y los cuatro caminamos hacia la salida de la estación.

- ¿Lo pasaste bien, Pablito? ¿Cómo se portó el nene, Margarita? ¿Hizo rezongar mucho a la tía Carmen? ¿Todavía sigue en cama tío Miguel? ¿El médico piensa que tendrá para mucho? Cuánto te agradezco, querida, las molestias que te tomaste por Pablito. Pero si supieras qué trajín con todo lo que pasó y yo no me sentía muy bien. No sabes lo que te agradezco la ayuda que nos prestaste.

Mamá dijo todo esto, casi sin respirar, y Margarita le contestó de un tirón que yo me porté como un hombrecito, la tía Carmen encantada de tenerme allá, el tío Miguel todavía en cama y tenía para rato porque el médico le había ordenado reposo absoluto durante un mes más por lo menos.

Llegamos a casa a la hora de la cena; la mesa estaba puesta y en seguida de lavarnos las manos nos sentamos a comer.

Mamá se echó sobre el sillón de la salita diciendo que le dolían los riñones y le pidió a Tina, la muchacha, que le llevara la comida allí. Margarita ocupó la silla de mamá y entonces noté que el lugar del abuelo estaba vacío.

- ¿Y el abuelo? pregunté con sorpresa.


Los grandes se miraron entre sí y luego, lentamente y dando muchos rodeos, papá me comunicó que el abuelo se había ido de viaje, un largo viaje con destino al cielo o algo así.


Un largo viaje, abuelo. Y así supe que te habías muerto. Y de pronto me di cuenta de que todos estaban tristes y yo también.
- ¿La muerte es para siempre?

No me contestaron y no repetí la pregunta. Nadie comió esa noche.

Margarita se quedó en casa hasta que nació la nena. Roja y arrugada. La llamaron Mariana y me prohibieron levantarla de la cuna. Con el tiempo se volvió blanca y gorda y aprendió a decir algunas palabras, entre las que se encontraba mi nombre.

Fue entonces cuando pusieron una sillita alta en tu lugar, y desde allí Mariana, metía las manos en el puré, mientras mamá le daba de comer por cucharadas.

Ellos dejaron de nombrarte, abuelo. Pero yo me acordaba de vos. De tu cabeza canosa, de tu voz fuerte, del bonito reloj de bolsillo que se llevó tío Antonio, de tus cuentos de cacería con el imponente rifle que se llevó tío Juan. Papá hizo un atado con tu ropa y la mandó al Ejército de Salvación.

Un día al volver de la escuela, entré a tu cuarto, y en lugar de tu cama de bronce, me encontré con la cuna de Mariana y unas cortinas nuevas en la ventana. Unas cortinas con escarabajos verdes y flores anaranjadas.

Me daba rabia ver cómo te iban sacando de la casa que era tuya, que vos mismo mandaste construir; que se llenaba con tus rezongos cuando ponían alto el televisor y cuando te negabas a tomar los remedios que te recetó el médico, y cuando peleabas con mamá porque a ella le daba nauseas el olor del tabaco de tu pipa. (Ella la tiró a la basura, pero yo la recogí y la tengo guardada en la caja de los soldados de plástico).

La casa también se llenaba con tu música cuando tocabas el piano. Papá te decía que por qué no cambiabas, pero a mí me gustaban esas cosas antiguas que tocabas; especialmente la marcha esa de los aliados en la primera guerra.

Yo la tarareo cuando juego a los soldados y los indios y me imagino que me acompañás con el piano.

Te extraño, abuelo. Aunque me tirabas del pelo cuando hacía ruido para tomar la sopa y te quedabas dormido mientras jugábamos a las cartas.


Tengo ganas de verte, pero no sé dónde. Aquí en casa no, abuelo. Mejor no porque si vinieras sería un verdadero problema, no sabrían dónde meterte. No hay lugar para vos en casa. Se armaría un lío. Además, ya vendieron el piano. 

jueves, 11 de junio de 2015

"Ella dijo" de Roberto Fontanarrosa

Todos los viernes, Fernando Bravo nos acerca con su lectura los imperdibles cuentos del "Negro" Fontanarrosa. Bravo arrancó la serie, con el cuento "Ella dijo" .





















ELLA DIJO

Vamos a ver, vamos a ver, vamos a pasar todo de vuelta para no caer en contradicciones ni en engaños ni nada de eso. Vamos por parte, arrancando desde el comienzo, desde el principio. Ella estaba parada en la esquina. Muy bien. Ella estaba parada en la esquina y yo le dije "Hola, qué tal"... ¿Así le dije yo? O "Hola" nada más. No, yo le dije "Hola qué tal", de eso me acuerdo seguro. "Hola, qué tal". Ella me había visto y... pero... No... Vamos a la verdad de la cosa ¿Ella me había visto? ¿En realidad ella me había visto venir por Urquiza? Porque no se sorprendió, me dijo "Hola" como si ya me hubiera visto venir. O tal vez no, no me vio y lo que pasa es que es poco demostrativa y no se sorprende tan fácilmente. O miraba para mi lado pero en realidad estaba mirando a ver si venía o no venía el ómnibus, como tantas veces que uno mira a lo lejos y no ve lo que está más cerca. Es muy probable, muy pero muy probable que ella no me haya visto venir. Entonces yo me acerco, la encaro — porque la verdad de la milanesa es que yo la encaré bien encarada, como se debe hacer— yo la encaré y le dije "Hola qué tal". Hasta ahí va bien. Muy bien vamos hasta ahí. Después... pero... No. No nos vamos a engañar, digamos las cosas descarnadamente. Lo único que me falta es que me haga el verso a mí mismo, seamos sinceros... ¡La mina no podía dejar de verme, querido! Ella me vio, bien que me vio cuando yo venía, pero se hizo la boluda, bien la boluda que se hizo, para ver si, en una de ésas yo pasaba de largo, sin darle bola ni pararme a hablarle ni nada de eso. Ésa es la cosa, aunque duela, ésa es la cosa, mi viejo ¿Para qué nos vamos a engañar? ¿Para qué nos vamos a decir una cosa por otra? Se hizo la boluda porque mirando para el lado donde estaba mirando tenía que ser ciega para no verme ¡Si yo venía de frente! ¡De frente a ella venía! Aunque... tal vez tal vez sea una de esas minas, de esas personas, bah, que parecen que están mirando algo pero están en Babia, en pelotas están, miran sin ver, están perdidas en sus mundos personales, son gente con una intensa vida interior. Y me parece que esta mina es de esa clase de gente. Se la ve sensible, sensitiva, etérea, qué sé yo... Carismática. Por ahí no me reconoció al venir. Digamos, no estaba acostumbrada a verme ahí, por esa calle. Hay que considerar que me ve siempre en el club y hay que dejar en claro que yo me desvié bien desviado de mi recorrido habitual solo para encontrarla. Eso hay que considerar. Yo fui allí con la peor de mis intenciones, viejo lobo en celo en época de cacería Después de todo, cuando yo le dije "Hola qué tal".... ¿Yo le dije ''Hola qué tal" o ''Hola cómo te va"? "Hola qué tal" le dije yo, ''Hola qué tal" ¡Puta qué boludo! ¡Debería haber grabado la conversación! Cuando yo le dije eso, ella me miro un instante, un solo instante como si no me reconociera, ésa fue la impresión que tuve. O por ahí no me escuchó muy bien ¿Será sorda? Me cago. Primero chicata que mira sin ver y después sorda. O se hacía la boluda, digamos la verdad. Se hacía la boluda como para disimular el no haberme saludado antes. Más bien se tiró el lance de que yo pasara por al lado y no le dirigiera la palabra O, por ahí, es distraída, ahí está el punto. Distraída como son estas minas así, tan lindas. Están en otra cosa, en otro mundo, en otro nivel ¡Y qué linda estaba ayer! Hermosa, así, con el pelo recogido. No sé si no le queda mejor la cola de caballo que el pelo recogido, mirá lo que te digo. Y ese look bien de nena, con el jogging de gimnasia, la pollera tableada y las medias tres cuartos. Por suerte no estaba con esa musculosa violeta ajustada que le vi en el verano porque si estaba con esa violeta nomás me caigo muerto al piso, no me sale una palabra de la boca. En donde me paro frente a ella ahí nomás se me cortan todas las cuerdas vocales de un solo saque y no me sale una palabra ni que me cague. Si estaba con la musculosa violeta yo iba a empezar a gesticular y en vez de darme bola me iba a dar una moneda de limosna esta mina. Por otra parte, si hubiera estado con la musculosa violeta se hubiera recagado bien de frío la pobrecita porque el tornillo que había ayer a la tarde era considerable, te cuento. Pero lo cierto, lo cierto de todo, lo .. ¿cómo diríamos? lo pragmatico, es que me contestó "Hola". Bien, así nomás, contestó “Hola”. Yo le dije "Hola qué tal” y la mina contestó "Hola". Ni una cosa terrible tipo ''Hola mi cielo, mi amor, cómo estás!", pero tampoco me mandó a la puta madre que me reparió ni esas cosas. O hubiera podido quedarse callada también, después de todo ¿Por qué no? Si en el club nunca nos habíamos hablado antes. Nos veíamos, sí, yo la miraba todo el tiempo y eso, pero hablar lo que se dice hablar, hablar, nada. Ni un cabeceo siquiera, yo soy tan pelotudo que no me animaba. Hay que ser boludo. Pero ahora se acabó, ahora es otra cosa. Ahora Miguelito ha tomado otra actitud y va a los bifes. Encara, apura, exige. Lo pensé y lo hice. "Hola qué tal" dije. Y ella contesó "Hola". Ni bien ni mal, no exageremos tampoco. Ni es una respuesta para enloquecerse ni tampoco para tirarse debajo de un tren por fría y desinteresada, no. "¿Estás esperando el ómnibus?" le pregunté entonces. No... no... eso fue después. Lo del ómnibus fue después de eso. Yo le pregunté primero "¿Qué hacés?". Eso mismo. Yo le pregunté "¿Qué haces?". Una formalidad, digamos, pero que demuestra cierto interés de uno por la actividad de ella, digamos, como que su actividad no te resbala, no te pasa desapercibida. Tal vez debería haberle preguntado algo más inteligente, más profundo ¡Soy un pelotudo! Días, meses, años preparando el encuentro y no haber pensado en otra pregunta más interesante. Algo referido al cine de Kurosawa, por ejemplo, o al teatro, algo que diera pie para una conversación más comprometida. Pero... mejor no. Mejor no apresurar tanto las cosas. Estuve bien. Estuve bien. Paso a paso, despacito. Nada de atropellarla. No es mi estilo por otra parte. "¿Qué hacés?" Incluso corto, seco, tajante, a lo Mickey Rourke. Nada de "¿Qué hacés?" María, o Isabel, o como se llame. "Peti" creo que le dicen y no le voy a decir Peti a la primera de cambio. "¿Qué hacés?". Cortito, exacto, económico digamos... ¿Qué dijo ella entonces? "Bien", dijo. "Bien", créase o no. Ella contestó "Bien". Pienso que confundió las preguntas, creyó que yo le había preguntado "¿Cómo estás?", otra gilada, otra formalidad. Pero es posible,digamos, es seguro que ella creyó eso. No me trago la teoría de que sea sorda. Más bien me confirma lo de su distracción. La cosa es que contestó "Bien". Cortita también. Como quien no quiere descubrir sus emociones. Como quien no quiere mostrar todas las cartas cuando alguien la apura como la apure yo, bien apurada... También podía estar hinchada las pelotas, seamos sinceros. Y si hay que ser crueles seamos crueles. Por ahí me vio y se la imaginó. Se dijo, "Este pendejo pelotudo me va a venir a atracar, ya me lo veo". Porque esas minas tan pero tan lindas ya tienen toda una cultura, una prevención con respecto al atraque. ¡Si todos se las quieren levantar! ¡Es un infierno! Ven bajo el barro estas pendejas. Y eso que yo fui sin mostrar mis intenciones. Bien manso que fui. Si ella se hacía la estrecha o la difícil bien que yo podía decirle "¿Pero vos te pensás que lo que yo intento es atracarte? ¿Quién te crees que sos, Kim Basinger te creés que sos?" le hubiera podido decir. Pero la verdad de la milanesa, la realidad pura, señor mío, mal que le pese a todos los que andan detrás de ella, es que la mina no me sentó de culo ni me rebotó. Me dijo "Bien", equivocada o no, y me dio pie para seguir con la conversación, ésa es la cosa. Si me hubiera dicho "¿Y a vos qué mierda te importa?" hubiese sido otra cosa y, ahí sí, admito que el intento se podría haber considerado un fracaso. Pero no fue para nada así. Por eso digo que el asunto fue un gran adelanto, mi querido ¡Miguelito viejo, nomás! Un gran adelanto. De no poder ni saludarla en el club, por el cagazo o por las circunstancias, a poder ahora hablar con ella cuando se me cante y volver a encararla en el club, hay un gran paso ¿Es un adelanto o no es un adelanto? Tal vez ella, sí... un poco... no nos vayamos de boca... un poco fría, friona. Fría por demás, acordemos. Porque... bien podría haber sonreído un poco. No digo mucho, un poco. Algo, como de compromiso. Aunque yo la he visto bastante seriota en el club. Por ahí es su manera de ser. Por ahí tiene algún quilombo grande en su vida. Por ahí tiene el viejo enfermo o... Pero... Después de que ella dijo “Bien" ¿qué vino? Ah... yo le pregunté si estaba esperando el ómnibus. Le pregunté sí... Seriota... ¡Hay que ser hijo de puta pera disfrazar las cosas! Seriota... ¡Cómo si no la hubiera visto cagarse de risa con el rubio pelotudo ése, en el club! Seria conmigo, en todo caso. Con el rubio bien que se cagaba de risa. Aunque tampoco hubiera sido muy lógico que se cagara de risa con lo que le preguntaba yo. Si venía el ómnibus o qué estaba haciendo. Un tipo casi desconocido como yo, para colmo. Tendría que ser una tarada total, una imbécil, una mogólica. Vamos a tratar de ser sinceros y autocríticos hasta el dolor si es necesario, pero tampoco es la cosa tirarse mierda... ¿De qué se iba reír la pobre mina con las boludeces que yo le preguntaba? ¿Cómo fue que le dije? ¿Estás esperando el ómnibus? Así le dije. Y ella me contesta "Sí". Es notorio que seguía atenta la conversación. Miento. Dijo "Sí, el 112". Se ve que quería darme una satisfacción, informarme un poco más. O darme un dato de para donde rumbeaba. No, eso es una boludez, porque después me dijo por donde vivía ¡Ahí tenés otro punto muy positivo! Muy seca, muy calladita, pero se dio maña para decirme por donde vivía “Si el 112”. Será muy distraída pero sabía el ómnibus que tenía que tomar. “¿Vivís lejos? Le dije. “Mendoza al 3000" contesta. No, primero dudó... “Sí... No” se contradijo. “Sí... No... Mendoza al 3000”. Entonces... ¿Qué pasó después? Ah... se hizo el silencio, ¡Se hizo el silencio! Una brecha, un buco ¡Qué pelotudo! Me quedé sin nada que decir, qué imbécil. Cuando me acuerdo me hago mierda ¿Cómo se puede ser tan pelotudo? Porque fue un silencio incomodísimo, estúpido... ¿Cómo llamarlo?... Precario... Porque no fue que los dos nos quedamos en silencio tratando de disfrutar la belleza del momento, no. El silencio se alargaba, se alargaba y a mí no se me ocurría nada para decir. Por suerte ahí no sucumbí a la tentación de decirle "Bueno, chau" y pirarme con la cola entre las piernas, escapando de ese tormento. En eso estuve bien, tuve la templanza de superar ese impulso. Me sobrepuse, enfrié a cabeza y le metí para adelante. "Ah... lejos" le dije. Ya sé, ya sé, una boludez insigne. Pero un recurso más que apropiado para salir del paso. Tanto que ella, y como para evitar caer en otro pozo, tal vez para alentarme, enseguida dijo "¡Qué frío hace!"... ¡Y ése era el momento! ¡Ése era el momento, Dios mío! ¿Cómo pude haberlo dejado pasar? ¡Ese era el momento para decirle "¿Querés ir a tomar un café?" ¡Ese era el momento exacto! Ella tenía frío, estaba oscureciendo y me daba el pie, para colmo; yo tenía que aprovecharlo invitándola a tomar un café, ahí estaba el tiro, mi querido. Y... ¿por qué no lo hice? ¿Por qué? Un poco por cagazo, es cierto. Una pregunta de ésas es ya desnudarse completamente, dejar al descubierto los más bajos instintos, pero otro poco porque no se podía, no era posible. Yo estuve bien, pese a todo lo que quiera torturarme, estuve bien. La mina estaba esperando el ómnibus, tenía que volver a la casa, la estaban esperando los viejos, creo que hasta tiene el viejo enfermo y no tenía tiempo para ir a tomar un café. Eso era. Por eso no lo hice. El ómnibus podía aparecer en cualquier momento, por otra parte. Es cierto que yo no lo veía, pero lo intuía, lo olfateaba en el aire. Los omnibuses aparecen de improviso, andan a lo loco, y yo no iba a andar invitándola a un café cuando la piba estaba esperándolo. Y eso que tenía guita para invitarla y todo, te cuento. Pero no me pareció prudente. Es una cosa de respeto hacia la otra persona, hacia el ser querido. No me pareció que... ¡Mentira! ¡Soy un pelotudo, un pelotudo atómico! ¡Tenía que invitarla a tomar un café! Dejar sentado un precedente. Aun sabiendo que ella no iba a aceptar porque estaba muy apurada. Y todavía mejor si no aceptaba porque no era mucha la guita que yo tenía, aun yendo preparado. Clavar una pica en Flandes era la cosa, ¿era Flan-des? Hacerle saber bien claramente que el mío es un interés sincero, que yo no vengo con buenas intenciones, que conmigo no cuente como amigo, que a mí no me venga con confidencias de otros noviazgos. No. Tenía que invitarla. Admitámoslo, fui un pelotudo. Y en eso, para colmo, viene el ómnibus. Yo creo que ahí se empezó a desbarrancar el tema. Ella dijo "Allí viene", siempre mirando lejos, siempre los brazos cruzados sobre el pecho, apretando los libros de inglés. "Allí viene". "¿Quién?" dije yo, siempre boludo ¡Temí que fuera un novio, el rubio, por ejemplo! Te juro que me corrió un escalofrío por la columna, aparte del frío helado que hacía anoche. "El ómnibus" dijo ella. Entonces yo le pregunto, le digo... ¿cómo le dije?... "¿Vas a andar por el club?" ya cuando se subía al ómnibus. Porque... ¡qué rápido que llegó ese hijo de puta hasta la esquina! Después dicen que el servicio urbano es malo. Ella dijo que venía el ómnibus y dos segundos después el ómnibus ya estaba en la esquina. Después quieren que no haya accidentes corriendo estos hijos de puta como corren. ''Sí... No... No sé..." otra vez sus clásicas indecisiones. Ya me tiene podrido con esa indefinición. No sé si es tan inteligente como parece. "Sí... No... No sé..." me dice, subiéndose... "En una de ésas"... Al menos me tiró una esperanza, me dejó abierta una puertita, hasta creo que se sonrió al despedirse... ¿Qué le dije yo, en ese momento? "Nos vemos, entonces" le dije. Una cosa optimista, arriba, un canto a la vida, a la esperanza. Y dando por cerrado el diálogo, sin darle tiempo a agregar nada. Quedándome con la última palabra. Hay que hacer así. A estas minas es como a Maradona, no hay que darles tiempo a pensar. Si lo dejás dar vuelta te pinta la cara, te disfraza el Diego. Con estas minas es lo mismo. "Nos vemos, entonces", en afirmativa, poniendo yo las condiciones, seguro de mí mismo ¡Vamos Miguelito! Bien, bien, muy bien lo mío. Bien yo, bien yo, muy bien yo. Porque ahora, el sábado, puedo ir al club y encararla directamente, preguntarle algo de nuestro pasado en común. "¿Qué tal el viaje?" por ejemplo. Ahí está. "¿Qué tal el viaje?". ¿Y si está con el rubio? ¡Mejor, querido, mejor aun! Total, yo no la ofendo ni le digo a ella nada grave. Me acerco y le digo ''Hola Peti ¿qué tal el viaje el otro día?" Y el rubio que se muerda los codos. Porque yo, con esa frase, con esa pregunta, estoy dando por sentado un episodio en común, un hecho compartido, en el cual él ha quedado completamente out, afuera, de lado, a la mierda, mirá lo que te digo. Ya está. Muy bien, muy bien... muy bien yo. . Es así... Así son las cosas... ¡Qué querés que te diga! Seamos realistas... Miguel, seamos realistas.. No me dio ni cinco de pelota. Me contesto así, al voleo, por educación. Porque es una mina educada y no me quiso escupir en la cara. No me quiso cortar el rostro. Pero no me dio ni cinco de pelota. Ni se alegró de verme ni le causó ningún placer conversar conmigo, vamos a la verdad pura de la milanesa. Mejor que dejemos el asunto de lado, de una buena vez por todas y nos dejemos de joder. Caso cerrado. Derrota total. A otra cosa. Basta con la Peti. Se acabó. Nuestra relación ha terminado. A la lona... Pensemos mejor en la Valeria que estará fulera pero me da bola. Bah, pienso que si la encaro me dará bola. Al menos me busca, me habla, me mira cuanto más no sea. No será tan linda como la otra, pero ahí se vislumbra una posibilidad al menos. Vamos adelante con la Valeria. Chau. Listo el pollo. A ver, a otro tema... ¿Cómo forma Central el domingo? En el arco, el Oso. Muy bien, perfecto... ¿Quién va de cuatro? Di Leo, el Camello Di Leo. Me gusta... De dos... Pero ella se sonrió al subir al ómnibus. O yo soy muy boludo o juraría que ella se sonrió al subir al ómnibus. Como un rictus, como un algo pero ella se sonrió. Además, me tiró el dato de por donde vivía. Ella dijo... ¿cómo fue que ella dijo? Ella dijo...

martes, 9 de junio de 2015

Audiolibro: "Navidades trágicas" de Agatha Christie


"Navidades trágicas" de Agatha Christie


Cuenta una historia llena de suspense y sangre, y fue dedicado a su cuñado James quien se quejaba de que los asesinatos que ella escribía, resultaban cada vez más refinados. El personaje principal es otra vez el detective Hércules Poirot. 

La trama de la novela se basa en el asesinato en vísperas de navidad de Mr. Lee, quien fuera un millonario que había invitado a sus cinco hijos a pasar las fiestas en su casa. El hecho lleva al detective Hércules Poirot a investigar el asesinato.











lunes, 8 de junio de 2015

"Todo es una bendición" leído por Manuel Rodríguez.

"Todo es una bendición" reflexión extraída del blog "Camino al despertar", leído por Manuel Rodríguez.















Absolutamente todo lo que sucede en tu vida es una bendición...
ya sea un suceso doloroso, o una enfermedad, 
una relación amorosa, o una amistad...
ya sea tu propia familia, o tu lugar de trabajo,
una situación difícil o todo lo contrario.
Todo lo que llega a tu vida es realmente una bendición,
y es lo que te ayuda a impulsar tu evolución...
Tú elevas tu consciencia a partir de tus propias experiencias,
por tanto, no reniegues de nada... no juzgues nada,
ya que lo más duro y doloroso, 
es realmente lo que más te hace ir a tu interior,
en busca de respuestas... 
en busca de solución.

Agradece por todo lo que se presenta en tu vida,
ya que sin ello, tú no serías la persona que eres ahora.
Cada "error" es una experiencia más,
y cuanta más experiencia, más sabiduría tendrás.
No reniegues de la vida...
no reniegues de los demás,
ya que todo ello es tan solo una proyección de tu propia mente,
que está ahí para ayudarte a Despertar.

Deja los juicios a un lado, y ve un poco más allá...
y te darás cuenta de que todo lo que ha sucedido en tu vida,
lo que sucede y lo que sucederá, eres tú mismo;
jugando con la dualidad, creando la separatividad...
proyectando mentalmente y manifestando físicamente,
con la única y exclusiva finalidad,
de que comprendas que tú mismo eres la Verdad.

Camino al Despertar

domingo, 7 de junio de 2015

Guillermo Calliero, trompetista argentino (San Jorge, Sta Fe, Argentina, 1973)

Dos síntomas son comunes a casi todos los músicos de jazz argentinos. El primero, es una tendencia casi unánime hacia la fusión con el tango. El segundo es una latente falta de swing que deriva en lirismo. Ninguno de los dos síntomas debe ser considerado como una enfermedad, porque se manifiestan más bien como una maravillosa singularidad.

Con este álbum, Barcelona hora cero de Guillermo Calliero (San Jorge, Argentina, 1973), seguimos explorando el catálogo de Ayva Musica, un sello que  combina un catálogo de artistas muy personales con discos muy bien presentados (buenas fotografías, excelente sonido, sobrecubierta de cartón...). Calliero lleva años rondando los escenarios junto a gente de la talla de Perico Sambeat, Paquito D'Rivera o José Reinoso, que ha producido y arreglado este álbum, y presenta aquí una valiente colección de temas a caballo entre el hardbop, las baladas con aire de candombe y el tango.

El mejor arma de Calliero es el punto medio. Un buen ejemplo es el tema "Bilhete" de Ivan Lins, que abre el álbum. En él se marca el canon que gobierna todo el disco: ambientes cálidos y melódicos en los que la trompeta de Calliero se mueve con comodidad, con la tonalidad contenida de un Miles Davis de la época modal y siempre a medio gas, como Chet, sabiendo cómo caminar al filo sin romper el delicado tapiz que crea en cada tema.

El tema de Astor Piazzolla "Buenos Aires Hora Cero" parece ser la base conceptual del álbum. Sobre el particular ambiente que imponen la batería con su redoble y el piano, hay un interesante diálogo entre el bandoneón (Marcelo Mercadante) y la trompeta con sordina. Esta simbiosis enlaza con "Barcelona Hora Cero", tema firmado por Reinoso en el que el co-protagonismo del bandoneón es reemplazado por el saxo tenor (Enrique Oliver) sin perder el ambiente dramático y sugestivo del tema de Piazzolla. Sin embargo, el tema más inspirado, donde Calliero sobresale con nota, es "Por una cabeza", el tema de Gardel. Aquí suena como si Chet Baker interpretara un tango. Es sencillo y emotivo, sin parafernalias ni trucos, a medio tono como Chet, pero con la inspiración de la tierra, que es algo que nunca hay que perder. Brillante. El bandoneón, una vez más, eleva el tono del tema.

Los músicos del disco son: Guillermo Calliero (trompeta), José Reinoso (piano, arreglos), Enrique Oliver (saxo alto), Marcelo Mercadante (bandoneón), Perico Sambeat (saxo alto en "La arenosa"), Martín Laportilla (bajo, muy natural a pesar de ser eléctrico), Horacio Fumero (bajo acústico en "Bilhete" y "La nochera"), Juan R. Berbín y Dani Domínguez (batería), Juan San Martín (tambor piano).

Fuente: Jazz, ese ruido















Café del sur - La isla bajo el mar

Historia de la explotación de esclavos en el Santo Domingo del siglo XVIII, de rebeliones en las plantaciones de azúcar del Caribe, de luchas para la dignidad , de amores que nunca mueren… de libertad. En nuestro programa de hoy encontraremos una banda sonora original para la célebre novela de la escritora chilena Isabel Allende publicada en el año 2009. Una forma original para volver a escribir la historia de Haití, la primera República independiente negra del mundo.






sábado, 6 de junio de 2015

El corazón delator (Animación, 1953)

Narración con la voz de James Mason, para el atemporal relato de Edgar Allan Poe (subtitulada).

Tell Tale Heart (Corazón Delator) de Edgar Allan Poe cuanta la historia de un joven empleado comienza a obsesionarse con el ojo ciego del anciano con el cual convive. Su visión termina resultándole insoportable, hasta que una noche pone fin a su vida. La policía acude a investigar. Finalmente, el propio asesino sufre una espantosa alucinación donde termina confesando su crimen.











"La aparición de la señora Veal" de Daniel Defoe

Hacía ya tiempo que Daniel Defoe no nos traía a uno de sus aparecidos. Por fortuna esa racha termina con este perturbador “La aparición de la señora Veal”. ¿Quién es esa amiga que elude tu beso?

Relato de José Jesús García Rueda
Música: Brahms – Concerto Per Pianoforte N 2 Iii Andante












Este asunto es tan extraño en todas sus circunstancias y lo sé de fuentes tan autorizadas, que jamás lectura o conversación me proporcionó sensaciones semejantes. 
Mrs. Bargrave, que es a quien se apareció Mrs. Veal después de muerta, es íntima amiga mía, y durante los quince o dieciséis últimos años ha mostrado una conducta intachable y normalísima; sin embargo, desde que hizo este relato, ha sido muy criticada por los amigos del hermano de Mrs. Veal, quienes creen que esta aparición es invención suya, intentando por todos los medios desacreditarla y ridiculizar su narración. 
Conviene saber que Mrs. Veal era una solterona de uno treinta años de edad, que durante algún tiempo padeció ataques. La mantenía su único hermano, en su casa en Dover. 
Era íntima amiga de Mrs. Bargrave desde su niñez. Los recursos de Mrs. Veal eran por entonces bastante escasos; su padre tenía a sus hijos casi abandonados y estaban éstos expuestos a toda clase de penurias. 
El padre de Mrs. Bargrave vivía todavía y, pese a ser un hombre muy violento, a ella no le faltaban alimentos ni ropa, mientras que Mrs. Veal carecía de ambas cosas. 
Por ello una de las obligaciones que se imponía Mrs. Bargrave era proporcionar a su amiga toda la amistad y el consuelo posibles, lo que hizo que Mrs. Veal le tomase gran afecto, y acostumbraba decirle: 
—No sólo sos la mejor, sino la única amiga que tengo en el mundo, y ninguna circunstancia de la vida podrá romper mi amistad. 
Solían condolerse de sus respectivas desgracias, y juntas leían “sobre la muerte de Drelincourt y otros buenos libros. 
Algún tiempo después, unos amigos de Mrs. Veal le consiguieron a ésta un empleo en la aduana de Dover, que trajo en consecuencia que Mrs. Veal fuese enfriando poco a poco su relación con Mrs. Bargrave, si bien nunca llegaron a tener nada parecido a una ruptura; pero la indiferencia aumentó gradualmente hasta que, por último, Mrs. Bargrave, que vivía en Canterbury, llegó a estar durante dos años y medio sin noticias de su amiga. 
El ocho de septiembre de 1705, Mrs. Bargrave estaba sentada sola, cosiendo y pensando en su infortunada vida cuando oyó un golpe en la puerta. Fue a ver quién era y se encontró con su antigua amiga, Mrs. Veal, que venía vestida de viaje, En ese momento el reloj dio las doce de la mañana. 
—Estoy sorprendida de verte —dijo Mrs. Bargrave—. Has estado alejada de mi durante tanto tiempo, 
Añadió que estaba muy contenta de volver a verla y se acercó para darle un beso. 
Mrs. Veal se inclinó hasta que sus labios casi tocaron la mejilla de su amiga pero, entonces, poniéndose una mano en la frente, murmuró: 
—No me encuentro muy bien —y así eludió el beso. 
Después, dijo a Mrs. Bargrave que se disponía a emprender un viaje y que había querido verla antes de partir. 
—Pero —dijo Mrs. Bargrave— ¿cómo hacéis un viaje sola? Me sorprende mucho, teniendo, como tenéis, un hermano tan amable. 
—¡Oh! Rehuí su compañía y vine acá porque tenía grandes deseos de verte antes de emprender el viaje. 
Mrs. Bargrave la condujo a una estancia contigua, y Mrs. Veal se sentó en un sillón. 
—Mi querida amiga —dijo Mrs. Veal—, he venido a renovar nuestra vieja amistad y te pido perdón por haberla interrumpido. 
—Oh, no digáis eso. La cosa ha carecido de importancia. Puedo perdonarte con suma facilidad. 
—¿Qué pensás de mí? —dijo Mrs. Veal. 
Contestó Mrs. Bargrave: 
—Pensaba que eras como el resto del mundo y que, en la prosperidad, me habíais olvidado. 
Mrs. Veal, entonces, recordó lo bondadosa que Mrs. Bargrave había sido con ella en años anteriores, y también cuando juntas leían el libro “sobre la muerte de Drelincourt”(...) 
—Mrs. Bargrave —dijo—, ¿creéis que estoy peor de mis ataques? 
—No —dijo Mrs. Bargrave—. Pareces mejor que nunca 
Esta conversación duró como una hora o más y, al final, Mrs.Veal preguntó a su amiga si quería escribirle una carta, una carta para su hermano. Quería decirle que sus sortijas debían ser repartidas, a tal o cual persona y que diese dos doblones de oro, de una bolsa que había en su cuarto, a su primo Watson. 
Mientras hablaba apresuradamente, se pasaba la mano con frecuencia por la frente, y Mrs. Bargrave supuso que, sin duda, se avecinaba uno de sus ataques. Por esta razón se sentó frente a ella en una silla, para impedir que cayera al suelo si le sobrevenian dichos ataques. Y, para distraer la atención de su amiga, se entretuvo en alabar la hechura de su traje, tomando en sus manos una de las mangas del vestido. 
Mrs. Veal dijo que estaba hecho de una seda especialmente labrada; pero a pesar de todo esto , Mrs. Veal insistió en su pedido. 
—no puedo imaginarme como cumplirlo -dijo ésta— seguramente sería mejor que lo hicieseis vos misma. 
—No; aunque ahora os parezca una impertinencia, ya veréis más adelante cómo tengo mis razones. 
Para complacerla mrs Bargrave estuvo a punto de buscar la pluma,pero la señora Veal dijo- dèjalo en suspenso por ahora. Hazlo cuando me haya ido.¡ tienes que asegurarme que lo haràs! 
Fue una de las ùltimas cosas que le encomendò antes de despedirse y la señora Bargrave se lo prometiò. 
Después, Mrs. Veal le preguntó por su hija. Mrs. Bargrave contestó que no estaba en casa. 
—Pero si querés verla, mandaré por ella. 
—Hazlo —dijo Mrs. Veal. 
Salió Mrs. Bargrave y fue a casa de una vecina para mandarle recado; al cabo de un rato volvió y se encontró con que Mrs. Veal estaba ya en la puerta de la calle(...), dispuesta a marcharse en cuanto volviese ella. 
Mrs. Bargrave le preguntó por qué tenía tanta prisa, y Mrs. Veal dijo que tenía que marcharse en aquel momento, aunque quizá no pudiera emprender el viaje hasta el lunes siguiente; a lo que agregò que esperaba poder verla otra vez para saludarla en casa de su primo Watson antes de que se marche. 
Mrs. Veal dijo que en vista de eso no se despediría ahora de ella, y se separó de Mrs. Bargrave, quien la siguió con la vista hasta que desapareció por un recodo de la calle, siendo entonces las dos menos cuarto de la tarde del ocho de septiembre. 
Mrs. Veal había muerto el siete de septiembre, a mediodía, a causas de sus ataques y perdió el conocimiento cuatro horas antes de su muerte, en ese lapso recibió los sacramentos. 
Al día siguiente de la aparición de la señora Veal , domingo ,Mrs. Bargrave estuvo indispuesta, con un ligero catarro y dolor de garganta; pero el lunes por la mañana envió una persona a casa del capitán Watson para saber si Mrs. Veal estaba allí. 
En casa del capitán se extrañaron de la pregunta y le mandaron contestación de que no estaba con ellos ni la esperaban. 
Al recibir esta respuesta, Mrs. Bargrave, le dijo a la criada que seguramente habìan entendido mal el apellido o se trataba de un error. 
Pese a estar enferma, se arregló, se puso el sombrero y fuese en persona a casa del capitán Watson a ver si su amiga estaba o no estaba allá. 
En casa del capitán Watson le dijeron que les había extrañado su pregunta, pues estaban seguros de que, si Mrs. Veal hubiese estado en la ciudad, no habría dejado de ir allí. 
Mrs. Bargrave indicó: 
—El sábado estuvo conmigo casi dos horas. 
Le respondieron que aquello era imposible y, mientras lo discutían, llegó el capitán Watson en persona con la triste noticia de que Mrs. Veal había muerto y estaban imprimiendo ya sus esquelas. 
Extrañamente sorprendida, Mrs. Bargrave acudió a las personas encargadas de hacerlas y comprobó que era verdad. 
Al volver, contó toda la historia a la familia Watson. 
—Llevaba puesto un vestido de rayas y me dijo que era de una seda especial. 
—¡La habéis visto, indudablemente! —exclamó la esposa del capitán Watson—, pues nadie más que Mrs. Veal y yo sabíamos esos detalles del vestido y de la seda. Lo habéis descrito perfectamente; puedo decirlo, ya que yo ayudé a confeccionarlo. 
Mrs. Watson proclamó el hecho por toda la ciudad, afirmando que a Mrs. Bargrave se le había aparecido realmente el espectro de Mrs. Veal. 
El señor Watson fue a casa de la señora Bargrave con dos caballeros para escuchar el relato de sus propios labios. 
Debí de haber dicho antes que Mrs. Veal había comunicado a su amiga que su hermano y su cuñada acababan de llegar a Londres para visitarla. 
—¿Y cómo habéis venido aquí, dejándolos abandonados allí? —había preguntado Mrs. Bargrave. 
—No podía dejar de hacerlo —contestó Mrs. Veal enigmáticamente. 
Y efectivamente, su hermano y su hermana habían ido a verla, pero cuando llegaron a la ciudad de Dover, Mrs. Veal había expirado ya. 
Durante todo el tiempo que estuve con Mrs. Bargrave mientras me contaba la extraña historia —varias horas—, no cesó de recordar detalles de su reciente conversación con Mrs. Veal Y otra cosa importante más le había dicho ésta: que el viejo señor Bretton le había concedido una pensión de diez libras al año, lo cual no sabía Mrs. Bargrave antes de que ella se lo contara. 
Mrs. Bargrave nunca introdujo la menor variación en el relato de su aventura, lo cual dejò perplejos a quienes dudan de su veracidad o no se sienten inclinados a creerla. (...) 
Sin embargo, el hermano de Mrs. Veal hace lo posible por ocultar la historia, y aunque dijo que iría a ver a la señora Bargrave no lo hizo. 
Algunos de sus amigos corren la voz de que es una embustera, y que ya conocía lo de las diez libras anuales que le concedió el señor Bretton. Pero precisamente el que propaga estas noticias es quien tiene fama, entre gentes de reputación intachable, de ser un gran mentiroso.. 
No conozco los motivos por los que el hermano de Mrs. Veal cree que este relato es una pura invención —como ya he dicho, se esfuerza en ocultarlo de los demás—, ya que el único fin de la aparición consistió en pedir perdón a Mrs. Bargrave por el enfriamiento de su amistad y alentarla con bondadosas palabras. 
A hora bien el señor veal es demasiado caballero para decir que ella miente.,pero dice que al estar con su malvado marido ha enloquecido.(...) 
Pero para suponer que Mrs. Bargrave pudiera haber urdido una historia como ésta, sería preciso considerarla más inteligente, maliciosa y más miserable también de lo que podría conceder cualquier persona imparcial. 
—Yo no daría un penique por que alguien creyese mi historia, y si no fuese porque accidentalmente ya ha salido a la luz, nunca le habría dado publicidad. 
El asunto me ha afectado mucho, y estoy tan convencido de su veracidad Y me parece extraño que se niegue un hecho positivo sólo porque haya ciertas cosas en él que no se puedan explicar racionalmente; la sola autoridad y sinceridad de Mrs. Bargrave no habrían sido puestas en duda en ningún otro caso. 


DANIEL DEFOE.