viernes, 31 de julio de 2015

"Ceremonias" de Mario Benedetti

"Ceremonias" de Mario Benedetti, relatado por Manuel López Castilleja.











Hubo un tiempo en que nos fijábamos en las hojas secas 
en el muro de ceniza y en la noche descalza 
y en la luna pálida de tantas destrucciones 
y así apostábamos a la melancolía 
inconscientes de que ése no era aún nuestro percance 
faltaban temporadas de sistemática pobreza 
laberintos privados y tristezas de medio pelo 

el calvario era ajeno y quedaba lejos 
el tamaño de la pena era tan módico como el deleite 
nuestros dientes de hambre y nuestras lenguas en celo 
funcionaban sin prisa pero funcionaban 

las primaveras se nos iban de entre las manos 
mirábamos el horizonte sin saber qué pedirle 
el crepúsculo se henchía de gallos azules 
y el aire era enigmático como un viejo sabihondo 

pero una madrugada forzaron las puertas 
nos allanaron el desván y la memoria 
decidieron por nosotros en mitad de la duda 
nos quitaron los fantasmas y los papeles 
levantaron un cepo de palabras 
y un corral de miedo donde abandonarnos 

nos suspendieron el derecho a la tibieza 
borraron los presagios con el odio 
nos despojaron de la lluvia verde 
y del silencio gratis y del amor cribado 
nos cortaron en dos con un hacha de invierno 

de ese modo tan turbio nos fue revelado 
que en realidad no habíamos trajinado por el tedio 
sino que éramos inadvertidamente felices 
no esplendorosa sino pasablemente ávidos 
de amparos lechos soledades perdones 

de ese modo tan impropio nos fue dicho 
que cualquier otro quebranto era menos que este azote 
y tuvieron que aparecer túneles y máscaras y trampas 
para que echáramos de menos el letargo cotidiano 
las venas de los árboles el caballo a contraluz 

¿habremos aprendido el catecismo del rencor 
o la rabia se nos irá cayendo como escamas? 
¿recordaremos siempre no olvidar 
o las franjas de inquina se nos irán pudriendo? 
¿almacenaremos para nunca los aborrecimientos 
y los sacaremos de la troya a perdonazos? 

es claro que ni el rayo ni el rocío tienen prisa 
desahucios y bienvenidas esperan su turno 
por algo estamos listos para empezar desde cero 
y nadie se arrodilla sobre los pámpanos caídos 

vamos a merecer cada centímetro de augurio 
vamos a abrir caminos a los sobrevivientes 
sin guirnaldas pero con respuestas 
flamantes y accesibles 
vamos a reponer lo mucho que perdimos 
vamos a aprovechar lo poco que nos queda

miércoles, 29 de julio de 2015

"Cómo Se Salvó Wang fô" de Margarite Yourcenar.

"Cómo Se Salvó Wang fô" de Margarite Yourcenar relatado por Alejandro Apo












 


 Marguerite Cleenewerck de Crayencour (Bruselas, Bélgica, 8 de junio de 1903 - Bar Harbor, Mount Desert Island, Maine, Estados Unidos, 17 de diciembre de 1987), conocida como Marguerite Yourcenar (primero pseudónimo y luego de nacionalizarse, nombre oficial), fue una novelista, poetisa, dramaturga y traductora francesa nacionalizada estadounidense en 1947

Marguerite Antoinette Jeanne Marie Ghislaine Cleenewerck de Crayencour nació en Bruselas (Bélgica). Su madre, Fernande de Cartier de Marchienne, que provenía de una familia aristocrática belga, murió a los diez días de su nacimiento por complicaciones en el parto, y la niña fue educada por su padre, Michel-René Cleenewerck de Crayencour, que provenía de una familia aristocrática francesa, en la casa de la abuela paterna, en el norte de Francia, Mont Noir, cerca de la frontera con Bélgica. Yourcenar leía a Racine y a Aristófanes a la edad de ocho años. Su padre le enseñó latín a los 10 y griego clásico a los 12.

A partir de 1919 abandona su apellido real y empieza a firmar como Marguerite Yourcenar, siendo éste un anagrama de Crayencour. Su primera novela, Alexis o el tratado del inútil combate, fue publicada en 1929. En 1939, para que pudiera escapar de los problemas bélicos, su mejor amiga en ese momento, una traductora norteamericana llamada Grace Frick a la que había conocido en París en 1937, la invita a Estados Unidos, donde dará clases de Literatura comparada en la ciudad de Nueva York. Yourcenar era bisexual, ella y Frick se harán amantes y seguirán juntas hasta la muerte de ésta en 1979 a consecuencia de un cáncer de mama.

Existe una anécdota ya bien conocida del encuentro de esta autora con el célebre escritor Jorge Luis Borges. En 1986, seis días antes de la muerte de Borges, estos dos autores se encontraron en Ginebra, donde Marguerite le preguntó:"Borges,¿cuándo saldrás del laberinto". Él le respondió:"Cuando hayan salido todos".

martes, 28 de julio de 2015

"En el bosque" de Ryunosuke Akutagawa

"En el bosque" de Ryunosuke Akutagawa, leido por Alejandro Apo















Ryūnosuke Akutagawa ( Tokio, 1 de marzo de 1892 - ibídem, 24 de julio de 1927) fue un escritor japonés perteneciente a la generación neorrealista que surgió a finales de la Primera Guerra Mundial. Sus obras, en su mayoría cuentos, reflejan su interés por la vida del Japón feudal.
 Debido a la enfermedad (al parecer una psicosis) de su madre, que murió en 1902, fue adoptado por el hermano mayor de ésta, Michiaki Akutagawa. Su tía política le atormentó durante toda la infancia diciéndole que padecía de la misma enfermedad que su madre; esto le traumatizó y le signó como escritor atormentado. En 1910 ingresó a la Escuela Superior Nº 1 de Tokio. Sus compañeros de estudio fueron Kan Kikuchi, Masao Kume, Yuzo Yamamoto, Bunmei Tsuchiya, y otros que llegarían a ser escritores célebres.
En 1913 comenzó sus estudios en el Departamento de Literatura Inglesa de la Facultad de Letras de la Universidad Imperial de Tokio. Con el grupo formado por Kikuchi, Yamamoto, Toyoshima, Tsuchiya y otros, editó al año siguiente la revista Shinshicho (tercera época), en la que publicó traducciones de obras de William Butler Yeats y Anatole France, y sus primeros cuentos: "Vejez" y "La muerte de un joven".

En 1915 publicó "Rashōmon" (donde describe la decadencia de las tradiciones japonesas acompañada por la angustia existencial de los protagonistas) y otro cuento en la revista Teikoku Bungaku ("Literatura Imperial") de la Universidad Imperial de Tokio. Frecuentó la casa del escritor Natsume Sōseki, quien ejercería en él una notable influencia. En 1916, con Kume, Kikuchi, Matsuoka y otros edita Shinshicho (cuarta época), en la que publica "La nariz", mereciendo elogios de Natsume. Publica además "El pañuelo" en la revista Chuo Koron, que tiene favorable acogida en la crítica; se convierte en uno de los más firmes valores de la nueva generación. Se gradúa en la Universidad; presenta la tesis "Estudios sobre William Morris". Es nombrado profesor en la Escuela de Mecánica Naval de Oficiales. Ese mismo año, muere su maestro Natsume.

En 1917 publicó sus dos primeros libros de cuentos. En 1918 se casó con Fumi Tsukamoto. Ingresó en el periódico Mainichi de Osaka. Publicó "El biombo del infierno", "La muerte del mártir", "Asesinato de la era Meiji", "La muerte del poeta Basho" y otros cuentos. Al año siguiente viaja a Nagasaki con Kan Kikuchi para estudiar el cristianismo japonés y publica cuentos con ese tema (Nagasaki era una ciudad en la que la mayoría de su población era practicante fiel del catolicismo a partir de las misiones de Francisco Javier).

En 1920 publicó algunos cuentos, entre ellos "El Cristo de Nankín", "El baile" y "Otoño"; este último señala un cambio en su estilo. Un año de después viajó a China como corresponsal del diario 'Mainichi' y escribe varios cuentos relacionados con ese país.

En 1922 publicó algunos ensayos y cuentos: "En el bosque", "El general", "La princesa Rokunomiya" y "La castidad de Otomi" que marcan el fin de su primera época literaria. Al año siguiente publicó la serie de cuentos sobre Yasukichi. En aquel tiempo se produciría el gran terremoto de Tokio.

En 1924 se encarga de la publicación de The modern series of English Literature. Al año siguiente compilaba una antología de literatura moderna japonesa; también publica una crónica de viaje a la China.

Hacia 1926 enfermó gravemente y padecería crisis nerviosas: alucinaciones visuales y angustia. Declinó su producción literaria. En 1927 mantuvo una polémica literaria con el novelista Junichiro Tanizaki. Escribió numerosas obras de gran valor en las cuales los principales méritos son la originalidad y las logradas expresiones de lo emocional: "Ilusión", "Kappa" (una sarcástica sátira social parcialmente fabulada basándose en los animales de la mitología popular japonesa llamados kappa), "El hombre del oeste", "La vida de un idiota", "Palabras de un enano", "Los engranajes" (breve pero intenso relato autobiográfico en el cual describe sus sensaciones pesadillezcas y expresa la idea del suicidio). Ese mismo año se suicidó ingiriendo veronal; antes de morir dijo: ぼんやりとした不安 (Bonyaritoshita fuan, que significa "sombrío desasosiego"). Después de su muerte se publicó su último libro de cuentos, además de otros ensayos, poemas y cuentos infantiles.

En 1935 su amigo de toda la vida Kan Kikuchi estableció el premio literario de mayor prestigio en Japón, el Premio Akutagawa, en su honor.

Su relato Rashōmon (1915) fue combinado con un relato posterior, En el bosque (1921-22), para formar la base argumental de la premiada película Rashōmon (1950), dirigida por Akira Kurosawa.

viernes, 24 de julio de 2015

martes, 21 de julio de 2015

lunes, 20 de julio de 2015

domingo, 19 de julio de 2015

AUDIOLIBRO: "Aurora boreal" de Asa Larsson

Åsa Elena Larsson (Upsala, 28 de junio de 1966) es una escritora sueca de novela negra, creadora de la abogada Rebecka Martinsson, protagonista de sus obras.

Aunque nació en Upsala, se educó en Kiruna y actualmente vive en Mariefred.
Estudió Derecho en la Universidad de Upsala y ejerció su profesión en el campo de las leyes tributarias antes de dedicarse a escribir. Confiesa haber descubierto lo pobre que era su vida durante la baja maternal: "Buscaba la diversión dentro de mi cabeza", explicó en Bilbao, agregando que la encontró en la literatura, tanto como lectora y escritora. La protagonista de sus novelas, Rebecka Martinsson, también estudió leyes en Upsala, y las historias transcurren en el pueblo minero de Kiruna, ubicado cerca del Círculo Polar Ártico.
Se educó en el laestadianismo, un movimiento luterano conservador, y cree que su afán por escribir novela negra viene de sus lecturas infantiles de la Biblia, que afirma, "está llena de historias violentas". Su padre, bibliotecario y de ideas comunistas, la guió hacia la literatura.
En 2007 el director sueco Leif Lindblom llevó al cine Aurora boreal, la primera novela de Larsson, que había sido publicada cuatro años antes.
No es pariente de su famoso colega, el escritor sueco Stieg Larsson.



Premios


Premio de la Asociación de Escritores Suecos de Novela Negra 2003 a la mejor ópera prima por Aurora Boreal.

Mejor Novela Negra de Suecia 2004 por Sangre derramada.

Pluma de Plata de la Feria del Libro de Bilbao 2010 por Aurora boreal.



Obras


Serie de Rebecka Martinsson

Aurora boreal (Solstorm, 2003), trad. de Mayte Giménez y Pontus Sánchez, ed. Seix Barral.

Sangre derramada (Det blod som spillts, 2004), trad. de Mayte Giménez y Pontus Sánchez, ed. Seix Barral.

La senda oscura (Svart stig, 2006), trad. de Mayte Giménez y Pontus Sánchez, ed. Seix Barral.

Cuando pase tu ira (Till dess din vrede upphör, 2008), trad. de Mayte Giménez y Pontus Sánchez, ed. Seix Barral.

Sacrificio a Mólek (Till offer åt Molok, 2012), trad. de Mayte Giménez y Pontus Sánchez, ed. Seix Barral.


Novelas cortas


Systrarna Hietala (2007)

Guds starka arm (2009, coescrito con Lena Andersson)





AURORA BOREAL













El cuerpo de Viktor Strandgård, el predicador más famoso de Suecia, yace mutilado en una remota iglesia en Kiruna, una ciudad del norte sumergida en la eterna noche polar. La hermana de la víctima ha encontrado el cadáver, y la sospecha se cierne sobre ella. Desesperada, pide ayuda a su amiga de infancia, la abogada Rebecka Martinsson, que actualmente vive en Estocolmo y que regresa a su ciudad natal dispuesta a averiguar quién es el verdadero culpable. Durante la investigación sólo cuenta con la complicidad de Anna-Maria Mella, una inteligente y peculiar policía embarazada. En Kiruna mucha gente parece tener algo que ocultar, y la nieve no tardará en teñirse de sangre.

sábado, 18 de julio de 2015

viernes, 17 de julio de 2015

Música para desaparecer dentro: Beautiful World

El autor del álbum, el nombre propio que se oculta tras eso de Beautiful World ("Bonito mundo") es Phil Sawyer, un señor que anduvo mezclado en los sesenta co n los orígenes del grupo pop-rock Fleetwood Mac, y que, tras abrazar el budismo, se dedicó a explorar conceptos musicales de carácter pseudo-étnico con ínfulas globalizantes. Lo que se practica es una new age fuertemente electrónica y saturada de capas con sampleados, voces étnicas y cánticos espirituales que podrían recordarnos -y no por casualidad- a lo realizado por Enigma en sus dos primeros y exitosísimos trabajos. Hay ritmos suaves y relajantes, predominio de voces femeninas (algunas en francés) y algún pequeño reducto para experimentos algo más ambiciosos, con lo que los paralelismos quedan claros. 

Beautiful World - In Existence 

01 In The Beginning 03:58 
02 In Existence 04:19 
03 Evolution 05:51 
04 Magicien Du Bonheur 05:50 
05 I Know 05:07 
06 The Silk Road 06:07 
07 Love Song 06:06 
08 Journey Of The Ancestors 08:28 
09 Revolution Of The Heart 05:44 
10 The Coming Of Age 06:10 
11 Spoken Word 07:36 
12 Wonderful World 03:40 
13 The Final Emotion 04:46 

Beautiful World - Forever 

01.Pepo Iko 
02.Children Of The Future 
03.Eternally 
04.Fearless 
05.Love Is Everything 
06.Pana Kama Dunia 
07.Oh Beautiful Paradise 
08.Forever 
09.Hell Bent On Misery 
10.I'll Be There 
11.Africa 
12.The Healing





jueves, 16 de julio de 2015

AUDIOLIBROS: "Moby Dick" de Herman Melville

El narrador Ishmael, un joven con experiencia en la marina mercante, decide que su siguiente viaje será en un ballenero. De igual forma se convence de que su t ravesía debe comenzar en Nantucket, Massachussets, isla prestigiosa por su industria ballenera. Antes de alcanzar su destino, o el origen de su aventura, entabla una estrecha amistad con el experimentado arponero polinesio Queequeg, con quien acuerda compartir la empresa. 

Ambos se enrolan en el ballenero Pequod, con una tripulación conformada por las más diversas nacionalidades y razas; precisamente sus arponeros son el caníbal Queequeg, el piel roja Tashtego y el «negro salvaje» Daggoo. El Pequod es dirigido por el misterioso y autoritario capitán Ahab, un viejo lobo de mar con una pierna construida con la mandíbula de un cachalote. Ahab revelará a su tripulación que el objetivo primordial del viaje, más allá de la caza de ballenas en general, es la persecución tenaz a Moby-Dick, enorme Leviatán que lo privó de su pierna y que había ganado fama de causar estragos a todos y cada uno de los balleneros que, osada o imprudentemente, habían intentado darle caza.





miércoles, 15 de julio de 2015

"La caja oblonga" de Edgar Allan Poe

La historia se inicia con un narrador sin nombre que relata una travesía marina estival desde Charleston (Carolina del Sur) a Nueva York a bordo de buque Indep endence. El narrador se entera que su ex compañero de universidad Cornelius Wyatt está a bordo con su mujer y dos hermanas, aunque ha reservado tres cabinas. Después de conjecturar que la habitación adicional era para un sirviente o para equipaje extra, se da cuenta que su amigo ha comprado a bordo una caja de pino oblonga.

















 

martes, 14 de julio de 2015

AUDIOLIBROS: "Las sandalias del pescador" de Morris West

En plena guerra fría, Cirilo Lakota, de origen eslavo, es elegido Papa. Un único tema parece preocupar a la Iglesia: la renovación, el constante debate de sus ideas. Tras diecisiete años de prisión en los gulags, Cirilo I ocupa el trono de Pedro. Su antiguo verdugo es ahora el primer ministro de la Unión Soviética: el poder material frente al poder espiritual. La posibilidad de una terrible hambruna se cierne sobre el pueblo ruso, y con ella el peligro de invasión de los países vecinos y, quizás, un enfrentamiento armado con las potencias occidentales. En esta obra fascinante -llevada al cine con Anthony Quinn en el papel protagónico-, además de contarnos una historia extraordinaria, Morris West nos invita a reflexionar sobre el sentido de la justicia, tanto la terrena como la divina. Las sandalias del pescador es la novela con la que el consagrado autor australiano inicia la trilogía del Vaticano, que continúa con Los bufones de Dios y culmina con Lázaro. Escrita hace más de treinta años, se convirtió en una profecía una década y media más tarde, con la elección de Karol Wojtyla como Papa con el nombre de Juan Pablo II. 





 

lunes, 13 de julio de 2015

"Señor Pastoriza" de Eduardo Sacheri

"Señor Pastoriza" de Eduardo  - Eduardo Sacheri.
Fragmento de "Todo con Afecto" , Alejandro Apo. Radio Madre, Bs. As.









100 minutos De La Mejor Música Clasica

















Air - Bach 
Swan Lake - Tchaikovsky 05:44 
Rhapsody In Blue 08:46 
Aquarium 18:25 
Moonlight Sonata - Beethoven 20:30 
Ständchen (Sere nade) - Schubert 28:37 
Poco allegretto - Symphony No.3, F major - Brahms 
Piano Concerto No 21 in C Major , K 467 
Gymnoppedie No.1 
Theme from Love Story 
C'era una volta il west 
Lucrezia's Theme 
Kinderszenen -Träumerei 
Romance No. 2 in F Major (Op. 50) - -Beethoven 
String Quartet No 62 in C Major Poco adagio Cantabile - Haydn 
Morgenstimmung Peer Gynt Suite Nr. 1 - Edvard Grieg 
Panis Angelicus 
The Nutcracker - P.I.Tchaikovsky 
Blue Danube 
Lullaby - Wiegenlied Brahms

sábado, 11 de julio de 2015

Música para desaparecer dentro: Kenny G

Kenneth Bruce Gorelick (nacido el 05 de junio 1956), más conocido por su nombre artístico Kenny G, es un americano contemporáneo y suave saxofonista de jazz. Su cuarto álbum, duotonos, le trajo éxito de la brecha en 1986. Kenny G es el músico instrumental más vendido de la era moderna, con ventas globales por un total de más de 75 millones de discos. 















Tracks: 

1) 0:00 Alone 
2) 05:16 By the time this night is over 
3) 09:50 End of the night 
4) 15:09 In the rain 
5) 20:03 Jasmine flower 
6) 25:08 Sentimental 
7) 31:37 The joy of life 
8) 35:49 Sister rose 
9) 41:55 Forever in love 
10) 46:49 Even if my heart would break 
11) 51:44 A year ago 
12) 56:53 G-Bop 
13) 01:00:56 Homeland 
14) 01:05:25 Morning 
15) 01:10:36 The wedding song

"Un gran error" de Stephen Crane


Stephen Crane (Newark (Nueva Jersey), 1 de noviembre de 1871 - Badenweiler (Alemania), 5 de junio de 1900), fue un escritor y periodista estadounidense, influyente en la literatura del siglo XX.

Crane fue el decimocuarto y último hijo de un matrimonio perteneciente a la Iglesia Metodista. En 1890 se trasladó a Nueva York para trabajar por su cuenta como reportero de los barrios bajos, trabajo que junto a su pobreza le proporcionaría material para su primera novela.

Maggie: una chica de la calle (1893) fue su novela inicial, que publicó con seudónimo y tuvo que costear él mismo; mereció los elogios de varios escritores, pero no tuvo éxito comercial (hoy es un clásico).

A ella la siguió El rojo emblema del valor (1896), un relato fuertemente lírico y realista sobre la guerra civil estadounidense, que sigue siendo reconocida internacionalmente como un estudio psicológico, certero y profundo de un soldado joven. En la novela describe cierto episodio de la guerra civil desde dentro. Esta obra, de constantes reediciones, fue llevada al cine por John Huston.

A pesar de que no había vivido experiencias militares, la descripción de las duras pruebas de combate que revelaba en su obra (basada en documentación e imaginación), indujo a varios periodistas estadounidenses y extranjeros a contratarle como corresponsal en la Guerra de los Treinta Días (guerra greco-turca de 1897) y en la Guerra hispano-estadounidense (1898).

En 1896 el barco en el que acompañaba a una expedición de Estados Unidos a Cuba, naufragó y estuvo cuatro días a la deriva, lo que a la larga le ocasionó una tuberculosis. Plasmó estas experiencias en el libro de cuentos The Open Boat and Other Tales (1898). En 1897 se estableció en Inglaterra, donde hizo amistad con los escritores Henry James y Joseph Conrad, quien alabó su gran novela.

Poco antes de su muerte apareció el que es probablemente su libro más popular, Whilomville Stories (1900). El naturalismo de Crane no es tan desesperado como el de Émile Zola y se halla además transido de un fuerte lirismo.

Escribió un total de doce libros hasta morir de tuberculosis, a los 28 años, en Badenweiler (Alemania). Una sátira del temperamento romántico que dejó inacabada, The O'Ruddy, fue concluida por Robert Barr y se dio a conocer en 1903.



Un Gran Error


Se dice que "Un gran error", de Stephen Crane, es un relato simbólico. Desde luego que así lo parece. Pero también es una maravillosa historia de anhelos truncados. Porque... ¿quién no ha querido robar el fuego a los dioses alguna vez? 


viernes, 10 de julio de 2015

"Alguien sueña" de Jorge Luis Borges

"Alguien sueña" de Jorge Luis Borges
Locución: Manuel López Castilleja 












¿Qué habrá soñado el Tiempo hasta ahora , que es, como todos los ahoras , el ápice? 
Ha soñado la espada, cuyo mejor lugar es el verso. 
Ha soñado y labrado la sentencia, que puede simular la sabiduría. 
Ha soñado la fe, ha soñado las atroces Cruzadas. 
Ha soñado a los griegos que descubrieron el diálogo y la duda. 
Ha soñado la aniquilación de Cartago por el fuego y la sal. 
Ha soñado la palabra, ese torpe y rígido símbolo. 
Ha soñado la dicha que tuvimos o que ahora soñamos haber tenido. 
Ha soñado la primera mañana de Ur. 
Ha soñado el misterioso amor de la brújula. 
Ha soñado la proa del noruego y la proa del portugués. 
Ha soñado la ética y las metáforas del más extraño de los hombres, el que murió una tarde en una cruz. 
Ha soñado el sabor de la cicuta en la lengua de Sócrates. 
Ha soñado esos dos curiosos hermanos, el eco y el espejo. 
Ha soñado el libro, ese espejo que siempre nos revela otra cara. 
Ha soñado el espejo en que Francisco López Merino y su imagen se vieron por última vez. 
Ha soñado el espacio. Ha soñado la múscia, que puede prescindir del espacio. 
Ha soñado el arte de la palabra, aún más inexplicable que el de la música, porque incluye la música. 
Ha soñado una cuarta dimensión y la fauna singular que la habita. 
Ha soñado el número de la arena. 
Ha soñado los números transfinitos, a los que se llega contando. 
Ha soñado al primero que en el trueno oyó el nombre de Thor. 
Ha soñado las opuestas caras de Jano, que no se verán nunca. 
Ha soñado la luna y los dos hombres que caminaron por la luna. 
Ha soñado el pozo y el péndulo. 
Ha soñado a Walt Whittman, que decidió ser todos los hombres, como la divinidad de Spinoza. 
Ha soñado el jazmín, que no puede saber que lo sueñan. 
Ha soñado las generaciones de hormigas y las generaciones de los reyes. 
Ha soñado la vasta red que tejen todas las arañas del mundo. 
Ha soñado el arado y el martillo, el cáncer y la rosa, las campanadas del insomnio y el ajedrez. 
Ha soñado la enumeración que los tratadistas llaman caótica y que de hecho es cósmica, porque todas las cosas están unidas por vínculos secretos. 
Ha soñado a mi abuela Frances Haslam en la guarnición de Junín, a un trecho de las lanzas del desierto, leyendo su Biblia y su Dickens. 
Ha soñado que en las batallas los tártaros cantaban. 
Ha soñado la mano de Hokusai, trazando una línea que será muy pronto una ola. 
Ha soñado a Yorick, que vive para siempre en unas palabras del ilusorio Hamlet. 
Ha soñado los arquetipos. 
Ha soñado que a lo largo de los veranos, o en un cielo anterior a los veranos, hay una sola rosa. 
Ha soñado las caras de tus muertos, que ahora son empañadas fotografías. 
Ha soñado la primera mañana de Uxmal. 
Ha soñado el acto de la sombra. 
Ha soñado las cien puertas de Tebas. 
Ha soñado los pasos del laberinto. 
Ha soñado el nombre secreto de Roma, que era su verdadera muralla. 
Ha soñado la vida de los espejos. 
Ha soñado la vida de los espejos. 
Ha soñado los signos que trazará el escriba sentado. 
Ha soñado una esfera de marfil que guarda otras esferas. 
Ha soñado el calidoscopio, grato a los ocios del enfermo y del niño. 
Ha soñado el desierto. 
Ha soñado el alba que acecha. 
Ha soñado el Ganges y el Támesis, que son nombres de agua. 
Ha soñado mapas que Ulises no habría comprendido. 
Ha soñado a Alejandro de Macedonia. 
Ha soñado el muro del Paraíso, que detuvo a Alejandro. 
Ha soñado el mar y la lágrima. 
Ha soñado el cristal. 
Ha soñado que alguien lo sueña. 

jueves, 9 de julio de 2015

"No pretendas saber" de Carlos Sánchez Rodríguez


"No pretendas saber" de Carlos Sánchez Rodríguez.

Locución: Manuel López Castilleja








Relato ganador del IV Certamen internacional de narraciones breves Fernando Belmonte organizado por el IES Dolmen de Soto de Trigueros (Huelva)








Mientras miraba atentamente el sobre sin decidirse a leer su contenido, alargó el brazo para alcanzar la copa de coñac abarcándola por su base y al le-vantarla comprobó que le temblaba el pulso. Era el primer síntoma de hasta qué punto le dominaba la angustia. Tenía las palmas de las manos húmedas y se había empañado el cristal de la copa. 
Desde hacía horas, llevaba esperando y temiendo ese sobre con el logotipo del Hospital de la Cruz Roja, como una muda amenaza. Había sentido el roce cuando lo introdujeron por debajo de la puerta. Lo recogió y se preparó para abrirlo. Despejó la mesa de libros y papeles y, como para solemnizar el momento o más bien para fortalecerse frente al pánico, se sirvió un coñac. Y le daba vueltas a aquel sobre bajo el que, mirándolo al trasluz, se trasparentaba un texto, ilegible, de tan sólo cuatro líneas, no más, pero que acaso contenía la palabra fatídica, ésa que podía sonar como un trallazo y contener la sentencia inapelable. De aquel papel dependía su futuro, su vida. Quería y no quería leerlo. Y si aquella pala¬bra temible figuraba en el texto, ¿qué plazo, qué alcance tendría la sentencia? Se acercó la copa a los labios, pero no bebió; sentía el golpear de sus palpitaciones. Los casos recientes de amigos y conocidos quiso apartarlos de su recuerdo. Todo se le agolpaba en su mente de forma caótica e incontrolada. Llamaría a Teresa, se lo diría fingiendo naturalidad, restándole importancia. "Se me quebrará la voz —pensó—. Y luego ¿qué? No me siento con fuerzas para iniciar un viacrucis por especialistas, clínicas, pruebas, pronósticos... Quizá la medicina alternativa, acaso los curanderos... qué sé yo, los adivinos, los videntes. ¿Qué plazo tendré de vida?" Y de pronto se sorprendió diciendo: Nec BabyIonios temptaris números (Ni consul¬tes los números babilónicos). Sabe Dios de dónde surgieron aquellas palabras, en qué pliegue de su memoria estaban alojadas. Y como si contuvieran un sortilegio o una clave oculta que abriera todo un mundo de recuerdos sumergidos, se sintió de pronto en otro lugar... en otro tiempo. 
Un pupitre alto, negro, en el que se superponían manchas de tinta seca al¬rededor de un pequeño hueco circular donde se alojaba el tintero, un pupitre con nombres y fechas marcados a cortaplumas, con la madera a veces astillada, peguntosa y mordiente por los bordes, donde las mangas del guardapolvos se quedaban desagra¬dablemente apegostadas por las capas de barniz reblandecido con el calor de junio. 
"Ni consultes los números babilónicos". Esas palabras arrastraban adherencias evocadoras de olores, de ruidos, de luces, en medio de la templanza que penetraba por los balcones abiertos de par en par sobre el patio. En los cristales de la sala de estudio ardía ya el arrebato anaranjado de cada atardecer. Y, a medida que iba anocheciendo, en la calle del barrio de pescadores se dejaba oír a intervalos la voz aguardentosa del que pregonaba los cupones y se acrecentaba el olor a fritanga, y crecía el ritmo de las palmas que acompasaba una retahíla continua de sevillanas que no cesaban hasta bien entrada la madrugada. 
Cogía el sobre, lo miraba por ambos lados y volvía a colocarlo junto a la copa. Nunca hubiera creído que le aturdiera tanto una situación así. Todos hemos de enfrentarnos a un final, pero sentirse "emplazado", vivir cada atardecer, cada hora, cada instante como una pérdida irreparable debe de ser un suplicio. Bebió un sorbo. ¿Mejor saber o ignorar? ¿Acaso serviría de algo destruir el sobre, es decir, matar una vez más al mensajero? ¿Tendría en la agenda el móvil de Teresa? ¿Dón¬de hallar un refugio, un asidero, dónde?, ¿en el supuesto aplomo de los estoicos?, ¿en las ensoñaciones cósmicas de los orientales? Mejor "sacar pecho" manteniendo el tipo, por favor, dígame sin rodeos cuánto tiempo me queda. O reconocer sin disimulos ni autoengaños que me neutraliza el pánico, incapaz de leer esas cuatro líneas contenidas en el sobre. 
"Ni consultes los números babilónicos". ¿De qué repliegues de la memoria lle¬gaba aquel verso cuyas palabras iban tirando de otras que emergían sin resistencia hasta recomponer lo que dormía en el más completo olvido, como un rescoldo conservado bajo las cenizas? Y súbitamente, como una revelación: 
No pretendas saber, pues no está permitido, el fin que a ti y a mí, Leucónoe, nos tienen asignado los dioses. 
¿Quién sería esa Leucónoe que en su apuro desesperado acudía a las cábalas de Oriente? ¿Qué mal era el suyo? ¿Qué plazo tuvo de vida? 
La memoria le iba devolviendo, por entregas, palabras sueltas, pero dotadas de un imán que atraía a otras, hasta que de golpe rescataba un verso, una frase completa. Aquel ejercicio enojoso —¿inútil?— de memorizar a sus dieciséis años poemas latinos había ido acumulando en algún rincón de la memoria un sedi¬mento de versos naufragados, como esas ánforas o esos tesoros que duermen en el fondo submarino; y ahora, precisamente ahora, como una respuesta ajustada a la situación, afloraban con toda una corte de evocaciones adheridas. Y los versos iban ayudándose, encajándose unos en otros. Todo ese proceso mental ocurría mientras miraba con terror el membrete de la Cruz Roja en aquel sobre cuyo contenido no se atrevía a leer. ¡Otro verso íntegro rescatado del olvido!: "Dum loquimur fugerit invida actas;" (Mientras hablamos huye el tiempo envidioso). 
¡Sorprendente la justeza con que esas palabras expresaban sus sentimientos! Porque a partir de ahora, el correr del tiempo sería para él como un irse desangran¬do, palideciendo, un fluir indetenible y progresivamente acelerado... hasta el final. 
Y otra cosa era cierta. También desde este momento, ya nada sería lo mismo. Fuera cual fuese el sentido del párrafo que se traslucía bajo el sobre, había que recoger velas y recortar proyectos. El tiempo se le antojó como un capital menguado que de¬bía administrar con rigor. En el fondo, daba ya igual el contenido del sobre. En cual¬quier caso, la realidad era la misma y la lección aprendida no tenía vuelta de hoja. 
No seas loca, filtra los vinos 
y adapta al breve espacio de tu vida 
una esperanza larga, 
Sin necesidad de leer los resultados del análisis histopatológico, aquel sobre contenía la prueba más evidente de la fragilidad humana. El ritmo de los versos denunciaba ciertos vacíos, ciertas lagunas, hasta que la memoria, sin forzarla, de¬volvió de golpe a la superficie esta frase: 
Mejor será aceptar lo que venga, 
ya sean muchos los inviernos que Júpiter 
te conceda, o sea éste el último, 
éste que ahora hace que el mar Tirreno 
rompa contra los opuestos cantiles. 
Y evocó con particular emoción su forcejeo con el diccionario (aquel ma¬motreto de Raimundo de Miguel) para ir recomponiendo la frase a partir de sustantivos aparentemente inconexos, como si fueran elementos de un rompeca¬bezas, hasta que de pronto se hacía la luz, se esclarecía todo y los versos brillaban con especial fulgor, como el que ahora, en este preciso instante —quién lo hubiera imaginado— adquiría para él un sentido esencial: "ya sean muchos los inviernos que Júpiter I te conceda, o sea éste el último". 
Quién diría que aquel texto traducido con la torpeza escolar de aquellos años adolescentes y aprendido de memoria en una tarde de tedio infinito —Seu pluris hiemes seu tribuit luppiter ultimam— aquel texto algún día le iba a provocar una conmoción tan profunda. 
¿Resistiría algún invierno más, malviviría como ese abrigo al que se le vuel¬ven la solapa y los puños para que aguante otra temporada? Imaginó el mar hirviente rompiendo contra el acantilado. Luego pensó en la playa: la mañana toda, cielo y mar, azul. Sólo el borde blanco de espuma en las olas escalonadas que ruedan sobre la arena y unas nubes desflecadas que subrayan en su fuga lo cónca¬vo del cielo. Inútil proponerse ya metas o acariciar dorados proyectos. Miró una vez más a contraluz el sobre que transparentaba el breve escrito; favorable o no, allí estaba el veredicto. Quizá ni lo leyera. Se echó hacia atrás en el sillón, cerró los ojos y le fue inundando una tranquilidad insospechada. Interiormente apre¬ciaba como nunca el valor de lo más simple, de las cosas elementales: la luz de la mañana, el mar, el sol. El sol, sobre todo. Y le pareció sentir sobre los párpados cerrados, como una caricia, una cálida luminosidad anaranjada. 

¿Quién va allí? de Walt Whitman

¿Quién va allí? de Walt Whitman Locución: Manuel López Castilleja.

















¿Quién va allí? 
Grosero, hambriento, místico, desnudo... ¡quién es aquél? 
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey? 
Pero ¿qué es el hombre en realidad? 
¿Qué soy yo? 
¿Qué eres tú? 

Cuanto yo señale como mío, 
Debes tú señalarlo como tuyo, 
Porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras. 
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es mas que cieno y 
podredumbre, 
no me puedo para a llorar. 
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos; 
y la conformidad para los parientes lejanos. 
Yo no me someto. 
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como de da la gana. 

¿Por qué he de rezar? 
¿Por qué he de inclinarme y suplicar? 

Después de escudriñar en los estratos, 
después de consultar a los sabios, 
de analizar y precisar 
y de calcular atentamente, 
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos. 

Soy fuerte y sano. 
Por mi fluyen sin cesar todas las cosas del universo. 
Todo se ha escrito para mi. 
y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras. 

Soy inmortal. 
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un 
carpintero, 
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la 
noche con un carbón encendido. 
Soy sagrado. 
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan. 
Las leyes elementales no piden perdón. 
(Y, después de todo, no soy mas orgulloso que los cimientos desde los 
cuales se levanta mi casa.) 

Así como soy existo. ¡Miradme! 
Esto es bastante. 
Si nadie me ve, no me importa, 
y si todos me ven, no me importa tampoco. 
Un mundo me ve, 
el mas grande de todos los mundos: Yo. 
Si llego a mi destino ahora mismo, 
lo aceptaré con alegría, 
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré... 
esperaré alegremente también. 
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito 
y me río de lo que tu llamas disolución 
por que conozco la amplitud del tiempo.