lunes, 30 de noviembre de 2015

Café del sur - El canto del viento

Beduinos, tuaregs, bérberos, nómadas del desierto, payadores rioplatenses, repentistas cubanos y brasileños, trovos de la Alpujarra, pastores de Cerdeña y pescadores sicilianos, curanderos griegos y mexicanos, cantantes sefardíes, trovadores canarios, bertsolaritza vascos… son los protagonistas de nuestro programa de hoy. Un Café del Sur especial dedicado a la historia de la poesía y al canto improvisado de un lado a otro del océano. Para seguir juntando fronteras.




Encuentro con Dios, de Rabindranth Tagore

Un cuento de Rabindranath Tagore, leído por LA VOZ SILENCIOSA













domingo, 29 de noviembre de 2015

sábado, 28 de noviembre de 2015

Película: "El final del espíritu" (End of the spear) de Jim Hanon (2005)




Dirección: Jim Hanon.


País: USA.


Año: 2005.


Duración: 108 min.


Género: Drama.

Interpretación: 


Louie Leonardo (Mincayani), Chad Allen (Nate Saint/ Steve Saint), Jack Guzman (Kimo), Christina Souza (Dayumae), Chase Ellison (Steve Saint de joven), Sean McGowan (Jim Elliot), Sara Kathryn Bakker (Raquel), Cara Stoner (Marj Saint), Beth Bailey (Elisabeth Elliot).ailey (Elisabeth Elliot).ryn Bakker (Raquel), Cara Stoner (Marj Saint), Beth Bailey (Elisabeth Elliot).

Guión: Bill Ewing, Bart Gavigan y Jim Hanon; basado en el libro de Steve Saint.

Producción: Bill Ewing, Mart Green, Tom Newman y Bart Gavigan.

Música: Ronald Owen.

Fotografía: Robert Driskell Jr.

Montaje: Miles Hanon.

Diseño de producción: Clarence L. Major.

Vestuario: Mari-An Ceo.


SINOPSIS

Un grupo de misioneros viaja al corazón de la selva del Amazonas en busca de los waodani, una de las tribus más violentas del planeta y al borde de la extinción a causa de las muertes por venganza. Cuando cinco de los misioneros mueren atacados por las lanzas de este feroz grupo tribal, sus familias deciden quedarse en Ecuador y arriesgar su vida viviendo entre los waodani. Sin embargo, los efectos esperanzadores de este primer encuentro irán disminuyendo con el paso del tiempo.

En el corazón de las selvas de Ecuador, por el Río Amazonas, los indios Waodani asesinan unos a otros al punto de la extinción. Los conflictos tribales (internos y externos) los han conducido a una tasa de mortalidad del 60 por ciento, y el típico hombre Waodani sólo vive 30 años. Como respuesta, el gobierno ecuatoriano planea enviar el ejército para parar las matanzas "y reclamar" la tierra, esencialmente eliminando a los Waodani.

A principios de los años 1950, Nate Saint, junto con cuatro misioneros norteamericanos, sienten la urgencia de esta crisis e intentan ofrecer amistad a la gente Waodani. Nate establece contacto con la tribu remota usando una técnica aeronáutica revolucionaria que él inventa. Volando su pequeño avión amarillo en un patrón circular, él cuelga un bote desde una cuerda (que se mantiene centrado debido a la fuerza centrífuga), y lo usa para bajar regalos. Luego, el 3 de enero de 1956, después de semanas de lo que parece ser una relación amistosa (los Waodani han comenzado a colocar sus propios regalos en el cubo), Nate y sus amigos, Jim Elliot, Roger Youderian, Pete Fleming y Ed McCully, aterrizan la avioneta sobre una sección de arena y hace contacto directo con el Waodani.

Cinco días más tarde, sus cuerpos lanzados y macheteados aparecen en el Río Curaray.


Sin embargo, la historia no se termina allí. Narrado por el hijo de Nate, Steve, End of the Spear dramáticamente muestra cómo aquel día trágico cambia varias vidas para siempre, tanto de las familias misioneras como de los Waodani, en un testimonio impresionante del poder redentor de Dios.




"Diez pastillas de sabiduría - Cajita 19" leidas por Manuel Rodríguez

Extracto de diez cuentos del libro póstumo de Anthony de Mello "Un minuto para el absurdo", Lectura: Manuel Rodríguez.








jueves, 26 de noviembre de 2015

"Después de la carrera" de James Joyce

¿Qué presagia el amanecer a los felices y prometedores jóvenes de este "Después de la carrera", de James Joyce? Se diría que nubes oscuras están siempre a punto de caer...












miércoles, 25 de noviembre de 2015

martes, 24 de noviembre de 2015

lunes, 23 de noviembre de 2015

Música para desaparecer dentro: Ludovico Einaudi (Essential Einaudi)

Ludovico Einaudi (Turín, 23 de noviembre de 1955) es un compositor y pianista italiano que destaca por el desarrollo de frases melodiosas en sus composiciones para piano. Representa uno de los éxitos de la música clásica contemporánea de los últimos años, no sólo por las ventas de discos, también por los conciertos realizados por todo el mundo.

Hijo del editor e intelectual italiano Giulio Einaudi y nieto de Luigi Einaudi que fue presidente de la república italiana del periodo 1948 al 1955; de niño su madre tocaba el piano con él. En 1982 se diploma en composición en el Conservatorio de Música Giuseppe Verdi de Milán con Azio Corghi. Ese mismo año recibe una beca para el Tanglewood Festival de Estados Unidos y continúa sus estudios con Luciano Berio. Tras pasar varios años componiendo en formas tradicionales, en 1986 comienza la búsqueda de un lenguaje musical más libre y personal a través de una serie de trabajos para danza, multimedia y más tarde para piano.

Ha realizado bastantes trabajos para el mundo del cine, recibiendo varios galardones internacionales :

Grulla de oro por la banda sonora de Acquario en 1998

Echo Klassik por la banda sonora de Fuori dal mondo en 2002

Mejor banda sonora en los premio de la música italiana en 2002 por Luce dei miei occhi

Mejor banda sonora en el Festival de Aviñón en 2004 por Sotto falso nome

Actualmente reside en la región italiana de Piamonte.



domingo, 22 de noviembre de 2015

AUDIOLIBRO: "FRANKENSTEIN" de Mary Shelley

Frankenstein o el moderno Prometeo, o simplemente Frankenstein (título original en inglés: Frankenstein; or, The Modern Prometheus), es una obra literaria de la escritora inglesa Mary Shelley. Publicado en 1818 y enmarcado en la tradición de la novela gótica, el texto explora temas tales como la moral científica, la creación y destrucción de vida y la audacia de la humanidad en su relación con Dios. De ahí, el subtítulo de la obra: el protagonista intenta rivalizar en poder con Dios, como una suerte de Prometeo moderno que arrebata el fuego sagrado de la vida a la divinidad. Es considerado como el primer texto del género ciencia ficción.















sábado, 21 de noviembre de 2015

Música para calmar la mente y reducir la ansiedad

Música para relajarse, meditar, estudiar o dormir. Muy apropiada para combatir la ansiedad, el stress o el insomnio ya que esta clase de música facilita la relajación y ayuda a conciliar el sueño.









viernes, 20 de noviembre de 2015

La lechera de Vermerr - 4/4 (Manuel Rivas)

Relatos escritos por Manuel Rivas, fueron posteriormente adaptados al cine por José Luis Cuerda y Rafael Azcona. Narran la vida escolar en la Galicia de 1936. Moncho empieza la escuela, pero tiene miedo: Ha oído decir que los profesores maltratan y pegan. Pero se encuentra con un maestro simpatizante de ideas liberales y republicanas que va a ser víctima de los terribles acontecimientos de la época, en concreto del triunfo de la sublevación fascista en ese pequeño pueblo gallego. La vida en el pueblo transcurre en una época marcada por el inicio de la Guerra Civil.







jueves, 19 de noviembre de 2015

Un saxo en la niebla - 3/4 (Manuel Rivas)

Relatos escritos por Manuel Rivas, fueron posteriormente adaptados al cine por José Luis Cuerda y Rafael Azcona. Narran la vida escolar en la Galicia de 1936. Moncho empieza la escuela, pero tiene miedo: Ha oído decir que los profesores maltratan y pegan. Pero se encuentra con un maestro simpatizante de ideas liberales y republicanas que va a ser víctima de los terribles acontecimientos de la época, en concreto del triunfo de la sublevación fascista en ese pequeño pueblo gallego. La vida en el pueblo transcurre en una época marcada por el inicio de la Guerra Civil.







miércoles, 18 de noviembre de 2015

"Crónica de una muerte anunciada en Facebook" de María Sánchez Robles

Crónica de una muerte anunciada en Facebook,  de María Sánchez Robles
Estamos acostumbrados a escuchar que la gente pone su vida entera en las redes sociales como Facebook. Pero... ¿seguro que entera? ¿Incluso su fin? De eso nos habla María Sánchez Robles en su espléndido "Crónica de una muerte anunciada en Facebook". 

Música: Max Bruch - Kol Nidrei - Adagio Viola & Orchestra Op 47.





Qué me quieres amor - 2/4 (Manuel Rivas)

Relatos escritos por Manuel Rivas, fueron posteriormente adaptados al cine por José Luis Cuerda y Rafael Azcona. Narran la vida escolar en la Galicia de 1936. Moncho empieza la escuela, pero tiene miedo: Ha oído decir que los profesores maltratan y pegan. Pero se encuentra con un maestro simpatizante de ideas liberales y republicanas que va a ser víctima de los terribles acontecimientos de la época, en concreto del triunfo de la sublevación fascista en ese pequeño pueblo gallego. La vida en el pueblo transcurre en una época marcada por el inicio de la Guerra Civil.






martes, 17 de noviembre de 2015

La lengua de las Mariposas - 1/4 (Manuel Rivas)

Relatos escritos por Manuel Rivas, fueron posteriormente adaptados al cine por José Luis Cuerda y Rafael Azcona. Narran la vida escolar en la Galicia de 1936. Moncho empieza la escuela, pero tiene miedo: Ha oído decir que los profesores maltratan y pegan. Pero se encuentra con un maestro simpatizante de ideas liberales y republicanas que va a ser víctima de los terribles acontecimientos de la época, en concreto del triunfo de la sublevación fascista en ese pequeño pueblo gallego. La vida en el pueblo transcurre en una época marcada por el inicio de la Guerra Civil.







jueves, 12 de noviembre de 2015

"La que espera" de Abelardo Castillo

Castillo (Bs. As. 1935) en "La que espera" nos permite escuchar el diálogo de dos hombres que aluden a una inquietante historia de dos hermanos del interior de la Argentina. Apo en su programa radial "donde quieras que estés", Radio Nacional, lee este cuento otra vez.







miércoles, 11 de noviembre de 2015

El cuento del niño malo, un relato de Mark Twain

¿Qué tenemos si a Tom Sawyer, uno de los niños traviesos por excelencia, le quitamos el encanto y la nobleza? Pues probablemente nos quede el Jim de este "El cuento del niño malo", de Mark Twain. Ya no estamos hablando de un niño travieso...

A Voz en Cuento

Música: Beethoven - Cello Sonata 3 III Adagio cantabile - Allegro vivace.







AUDIOLIBROS: "Cincuenta sombras de Grey" de E. L. James

Cuando la estudiante de literatura Anastasia Steele acude para hacerle una entrevista al joven y exitoso empresario Christian Grey para el periódico universitario en el que colabora, se encuentra con un hombre que le resulta atractivo, enigmático y tremendamente intimidante. Completamente convencida de que su encuentro ha sido todo un fracaso, intenta olvidarse de Grey... hasta que a él se le ocurre aparecer por la ferreteria en la que Ana trabaja a tiempo parcial. La idealista e inocente Ana se queda asombrada cuando se da cuenta de que desea con todas sus fuerzas a ese hombre, y el que él la advierta de que se mantenga alejada sólo hace que su desesperación por estar con él aumente. Incapaz de resistirse a la inteligencia y serena belleza de Ana y a su espíritu independiente, Grey termina por admitir que también la desea... pero con sus propias condiciones. Consternada, aunque excitada, por las preferencias sexuales de Grey, Ana duda sobre si entablar con él una relación o no. A pesar de todos su éxitos —tanto en el ámbito profesional como en el familiar—, Grey es un hombre lleno de demonios interiores, dominado por la necesidad de tomar el control. Y cuando ambos se embarcan en una apasionada relación física, Ana se da cuenta de que está aprendiendo más sobre sus propias y secretas necesidades de lo que se imaginaba. ¿Podrá esa relación trascender de la pasión física? ¿Podrá Ana someterse a un Amo como Christian? Y, si lo hace, ¿le gustará?




















martes, 10 de noviembre de 2015

"Diez pastillas de sabiduría - Cajita 16"

"Diez pastillas de sabiduría - Cajita 16" leidas por Manuel Rodríguez.
Extracto de diez cuentos del libro póstumo de Anthony de Mello "Un minuto para el absurdo"








Grandes voces femeninas de Jazz y Soul - Almas blancas que enamoran

Grandes voces femeninas de Jazz y Soul - Almas blancas que enamoran Programa emitido por Radio Blues y Jazz - http://www.bluesyjazz.supersitio.net/ Musicalizado por: Patricia Correa Un recorrido por las voces de Aretha Franklin, Etta James, Nina Simone, Sarah Vaughan y Billie Holliday.








lunes, 9 de noviembre de 2015

"La hora íntima" de Vinicius de Moraes

"La hora íntima" de Vinicius de Moraes
Locución: Manuel López Castilleja















¿Quién pagará el entierro y las flores
si yo muero de amores?

¿Qué amigo será tan amigo
que en el entierro esté conmigo?

¿Quién, en medio del funeral
dirá de mí: "Nunca hizo el mal...?

¿Quién borracho, llorará en voz alta
por no haberme traído nada?

¿Quién deshojará violetas
en mi tumulto de poeta?

¿Quien lanzará tímidamente
al suelo un grano de simiente?

¿Quién mirará, cobarde,
la estrella de la tarde?

¿Quién me dirá palabras mágicas
que hagan empalidecer a los mármoles?

¿Quién, oculta en velos oscuros,
se crucificará por los muros?

¿Quién, con el rostro descompuesto,
sonreirá: Rey muerto, rey puesto...?

¿Cuántas, en presencia del infierno
sentirán dolores de parto?

¿Cuál la que, blanca de recelo,
tocará el botón de su seno?

¿Quién loca, ha de caer de
hinojos sollozando tantos sollozos
que despierte recelos?

¿Cuántos, los maxilares contraídos,
con sangre en las cicatrices
dirán: Fue un loco amigo...?

¿Qué niño mirando a la tierra
y viendo moverse a un gusano
tendrá un aire de comprensión?

¿Quién, en circunstancia oficial,
propondrá para mí un pedestal?

¿Qué llegados de la montaña
tendrán circunspección tamaña
que he de reír blanco de cal?

¿Cuál la que, el rostro al viento
lanzará un puñado de sal
en mi guarida de cemento?

¿Quién cantará canciones de amigo
el día de mi funeral?

¿Cuál la que no estará presente
por motivo circunstancial?

¿Quién clavará en el seno duro
una hoja oxidada?

¿Quién, con verbo inconsútil,
ha de orar: La paz le sea dada?

¿Cuál el amigo que, a solas consigo,
ha de pensar: No será nada...?

¿Quién será la extraña figura
a un tronco de árbol recostada
con mirar frío y aire de dudas?

¿Quién conmigo se abrazará
y tendrá que ser arrancada?

¿Quién va a pagar el entierro y las flores
si yo muero de amores?

Audiolibro: "Los propios dioses" de Isaac Asimov

Los propios dioses es una novela de ciencia ficción publicada en el año 1972 por Isaac Asimov. Esta novela recibió los premios Hugo, Locus y Nebula. El título de la novela, así como de cada una de sus 3 partes fueron tomadas de la frase «Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano», de la cita original «Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens» de Friedrich Schiller (1759–1805). Originalmente fue publicada en revistas como tres historias consecutivas.













domingo, 8 de noviembre de 2015

"El espejo curvo" de Anton Chejov


"El espejo curvo" de Anton Chejov

Locución: Manuel López Castilleja
















Yo y mi esposa entramos al salón. Allí olía a moho y humedad. Decenas de ratas y ratones corrieron a un costado cuando alumbramos las paredes, que no habían visto la luz durante una centuria entera. Cuando cerramos la puerta tras de sí, el viento sopló y se movieron los papeles, que yacían por montones en las esquinas. La luz cayó sobre esos papeles, y vimos caracteres antiguos e imágenes medievales. De las paredes verdecidas por el tiempo colgaban los retratos de los ancestros. Los ancestros miraban con altivez, con severidad, como si quisieran decir:
“¡Si te azotamos, hermano!”

Nuestros pasos resonaban por toda la casa. A mi tos respondía el eco, ese mismo eco que alguna vez respondió a mis ancestros…
Y el viento aullaba y gemía. En el conducto de la chimenea alguien lloraba, y en ese llanto se percibía la desolación. Gruesas gotas de lluvia golpeaban las ventanas oscuras, nubladas, y su golpeteo producía angustia.

-¡Oh, ancestros, ancestros! –dije suspirando con intensidad. –Si yo fuera escritor escribiría, mirando estos retratos, un largo romance. Pues cada uno de estos ancianos fue alguna vez joven, y cada uno, o cada una, tuvo su romance… ¡y qué romance! Échale una mirada, por ejemplo, a esta viejecita, a mi tatarabuela. Esta mujer fea, deforme, tiene su historia interesante, en grado sumo. ¿Ves, -le pregunté a mi esposa, -ves el espejo que está colgado allí, en la esquina?
Y le señalé a mi esposa un gran espejo con marco de bronce negro que colgaba en la esquina, cerca del retrato de mi tatarabuela.

-Ese espejo tiene poderes mágicos: fue la perdición de mi tatarabuela. Ella pagó por él una inmensa cantidad de dinero, y no se separó de él hasta su misma muerte. Se miraba en él día y noche, sin cesar, se miraba incluso cuando comía y bebía. Al acostarse a dormir, cada vez, lo metía en su cama, y al morir rogó que se lo pusieran en el ataúd. No cumplieron su deseo sólo porque el espejo no cabía en el ataúd.
-¿Era coqueta? –preguntó mi esposa.

-Supongamos. ¿Pero acaso no tenía otros espejos? ¿Por qué se enamoró, precisamente, de este espejo, y no de algún otro? ¿Y acaso no tenía espejos mejores? No, querida, aquí se oculta algún secreto terrible. No de otra forma. La tradición dice que en el espejo hay un demonio, y que la tatarabuela tenía debilidad por los demonios. Por supuesto, es una sandez, pero es indudable que el espejo del marco de bronce tiene un poder misterioso.
Le quité el polvo al espejo, le eché una mirada y me carcajeé. A mi carcajada respondió sordamente el eco. El espejo era curvo, y mi fisonomía se combaba hacia todos lados: la nariz aparecía en la mejilla izquierda, y la barbilla se dividía e iba a un costado.
-¡Gusto extraño el de mi tatarabuela! –dije.

Mi esposa, indecisa, se acercó al espejo, le echó una mirada también, y al instante ocurrió algo terrible. Palideció, le temblaron todos los miembros y gritó. El candelero se le cayó de las manos, rodó por el suelo y la vela se apagó. Nos envolvió la tiniebla. Al instante, oí la caída al suelo de algo pesado: eso se caía mi esposa sin sentido.
El viento gimió aún de modo más lastimero, las ratas corrieron, los ratones caminaron por los papeles. Los cabellos se me pararon, y se agitaron cuando un postigo se desprendió de la ventana y voló hacia abajo. En la ventana apareció la luna…
Agarré a mi esposa, la abracé y la saqué de la morada de los ancestros. Se despertó sólo al otro día por la noche.
-¡El espejo! ¡Denme el espejo! –dijo, volviendo en sí. -¿Dónde está el espejo?
Durante una semana entera no comió, no bebió, no durmió, todo el tiempo rogaba que le trajeran el espejo. Sollozaba, se arrancaba los cabellos de la cabeza, se agitaba y, finalmente, cuando el doctor anunció que podía morir de extenuación y que su situación era peligrosa en grado sumo, yo, venciendo mi miedo, fui abajo de nuevo, y le traje desde allí el espejo de la tatarabuela. Al verlo, se carcajeó de felicidad, después lo agarró, lo besó y clavó sus ojos en él.

Y ya han pasado más de diez años, y ella aún se mira en el espejo, y no se separa de él ni un instante.
-¿Es posible que sea yo? –murmura, y en su rostro se enciende, en lugar del rubor, una expresión de beatitud y éxtasis. -¡Sí, soy yo! ¡Todo miente, excepto este espejo! ¡La gente miente, mi marido miente! ¡Oh, si me hubiera visto antes, si hubiera sabido cómo soy en realidad, no me hubiera casado con este hombre! ¡Él no es digno de mí! ¡A mis pies deben estar los caballeros más hermosos, más nobles!
Una vez, parado detrás de mi esposa, eché una mirada al espejo sin intención, y descubrí un secreto terrible. Vi en el espejo a una mujer de belleza cegadora, que nunca había visto en mi vida. Era un milagro de la naturaleza, era la armonía de la belleza, la gracia y el amor. Pero, ¿de qué se trataba? ¿Qué había sucedido? ¿Por qué mi esposa fea, no esbelta, parecía tan hermosa en el espejo? ¿Por qué?
Y porque el espejo curvo combaba el rostro feo de mi esposa hacia todos lados, y por esa mezcla de rasgos éste se hacía por casualidad hermoso. Menos más menos daba más (1)

Y ahora ambos, mi esposa y yo, estamos sentados ante el espejo y, sin separarnos ni un segundo, nos miramos en éste: mi nariz se mete en la mejilla izquierda, la barbilla se divide y se mueve a un costado, pero el rostro de mi esposa es encantador, y una pasión salvaje, demente se apodera de mí.
-¡Ja-ja-ja! –me río a carcajadas con salvajismo.
Y mi esposa murmura apenas audiblemente:
-¡Qué hermosa soy!

(1) Un espejo curvo puede devolver su aspecto original a un dibujo deformado con intención; a este fenómeno se le conoce como anamorfosis.

Título original: Krivoe zierkalo (Sviatochnii rasskaz), publicado por primera vez en la revista Zritiel, 1883, Nº 2, con la firma: "A. Chejonté".
Imagen: Diego Velázquez, Venus at Her Mirror, 1644-48.

sábado, 7 de noviembre de 2015

viernes, 6 de noviembre de 2015

"El corredor veloz" de Alekandr Nikoalevich Afanasiev

Aleksandr Nikoláyevich Afanásiev: Boguchar, Vorónezh,  11 de julio de 1826.- Moscú,  23 de octubre de 1871 fue el mayor de los folcloristas rusos de la época, y el primero en editar volúmenes de cuentos de tradición eslava que se habían perdido a lo largo de los siglos.

Afanásiev tuvo que realizar un duro trabajo de recopilación, ya que los cuentos eslavos, al igual que los celtas irlandeses, no se dejaron por escrito, eran exclusivamente de tradición oral. Hecho agravado por las reformas del zar Pedro I el Grande, que dejó de lado la Rusia tradicional ortodoxo-eslava para introducir en las frías estepas el código de vida europeo. Los boyardos fueron sustituidos por los duques y marqueses y el lenguaje ruso se vio reducido a las clases media-baja de la sociedad rusa, pasando la nobleza a hablar en francés.

Fue educado en Vorónezh y cursó estudios de derecho en la Universidad de Moscú, donde descubrió a los escritores Konstantín Kavelin y Timoféi Granovski. Su primer trabajo fue el de profesor de historia antigua, pero fue despedido por una falsa acusación de Sergéi Uvárov, otro escritor de la época.

Fue entonces cuando dedicó su vida al periodismo, escribiendo sus artículos sobre los principales escritores rusos del siglo pasado, algunos nombres tan célebres como Nikolái Novikov, Denís Fonvizin y Antioj Kantemir.

Fue en 1850 cuando Afanásiev se dedicó enteramente a su pasión de folclorista de la llamada Vieja Rusia, recorrió provincias enteras obteniendo relatos de todas partes de Moscovia. Sus primeros artículos causaron gran impresión en la escuela mitológica rusa de aquella época. Sus principales fuentes fueron los cuentos de la Sociedad Geográfica de Rusia y algunas contribuciones de Vladímir Dal.

Afanásiev murió pobre, desahauciado en Rusia. Sus obras no fueron publicadas allí debido a su amistad con Herzen. Murió de tuberculosis, obligado a vender su librería personal a la edad de 45 años.

La obra de Afanásiev consta de un total de 680 cuentos tradicionales rusos recogidos en ocho volúmenes que realizó de 1855 a 1863, algunos tan conocidos como Basilisa la Hermosa, La leyenda de Márya Morevna o El soldado y la muerte.

Sus principales artículos periodísticos mitológicos fueron "Los brujos y las brujas", "Exorcismo eslavo" (Sortilegio eslavo) y "Leyendas paganas acerca de la isla Buyán".

Realizó importantes estudios como historiador e investigador literario como el Domovói (1850), Concepciones poéticas de los eslavos sobre la naturaleza,su trabajo fundamental en 3 volúmenes que realizó de 1865 a 1869, e Historia de los cosacos (1871)

Fue miembro de la Academia de Geografía rusa desde 1852. Esta organización fue la impulsora de la publicación de sus volúmenes de cuentos.



jueves, 5 de noviembre de 2015

"Rashomon" de Ryunosuke Akutagawa

                                    "Rashomon" de Ryunosuke Akutagawa. 
                                                                                                 
Primer cuento del escritor japonés Ryunosuke Akutagawa ( 1892-1927). Su estilo literario recoge las tendencias contemporáneas en un intento por dejar que fluyan las tradiciones más ancestrales de su pueblo. Los recursos contemporáneos, esa creación de una atmósfera envolvente, esa fijación del sirviente en una parte de su rostro (el grano), ese trazo seguro en el análisis de su psicología, anticipan su genialidad. La atmósfera, la descripción del espació, la introducción de la anciana... son elementos que forman parte del engranaje de manera magistral, encajando un puzle que cobra su sentido en el desenlace, tal vez algo flojo. Sin embargo la fuerza dramática que despierta el espacio descrito o las dudas que embargan al protagonista, fascinarían al director japonés, Akira Kurosaws, que se inspiraría en este cuento para el rodaje de su película Rashomon ( 1950)







Rashomon

Ryunosuke Akutagawa

Era un frío atardecer. Bajo Rashomon, el sirviente de un samurai esperaba que cesara la lluvia. No había nadie en el amplio portal. Sólo un grillo se posaba en una gruesa columna, cuya laca carmesí estaba resquebrajada en algunas partes. Situado Rashomon en la Avenida Sujaltu, era de suponer que algunas personas, como ciertas damas con el ichimegasa o nobles con el momiebosh, podrían guarecerse allí; pero al parecer no había nadie fuera del sirviente. Y era explicable, ya que en los últimos dos o tres años la ciudad de Kyoto había sufrido una larga serie de calamidades: terremotos, tifones, incendios y carestías la habían llevado a una completa desolación. Dicen los antiguos textos que la gente llegó a destruir las imágenes budistas y otros objetos del culto, y esos trozos de madera, laqueada y adornada con hojas de oro y plata, se vendían en las calles como leña. Ante semejante situación, resultaba natural que nadie se ocupara de restaurar Rashomon. Aprovechando la devastación del edificio, los zorros y otros animales instalaron sus madrigueras entre las ruinas; por su parte ladrones y malhechores no lo desdeñaron como refugio, hasta que finalmente se lo vio convertido en depósito de cadáveres anónimos. Nadie se acercaba por los alrededores al anochecer, más que nada por su aspecto sombrío y desolado.

En cambio, los cuervos acudían en bandadas desde los más remotos lugares. Durante el día, volaban en círculo alrededor de la torre, y en el cielo enrojecido del atardecer sus siluetas se dispersaban como granos de sésamo antes de caer sobre los cadáveres abandonados.

Pero ese día no se veía ningún cuervo, tal vez por ser demasiado tarde. En la escalera de piedra, que se derrumbaba a trechos y entre cuyas grietas crecía la hierba, podían verse los blancos excrementos de estas aves. El sirviente vestía un gastado kimono azul, y sentado en el último de los siete escalones contemplaba distraídamente la lluvia, mientras concentraba su atención en el grano de la mejilla derecha.

Como decía, el sirviente estaba esperando que cesara la lluvia; pero de cualquier manera no tenía ninguna idea precisa de lo que haría después. En circunstancias normales, lo natural habría sido volver a casa de su amo; pero unos días antes éste lo había despedido, no obstante los largos años que había estado a su servicio. El suyo era uno de los tantos problemas surgidos del precipitado derrumbe de la prosperidad de Kyoto.

Por eso, quizás, hubiera sido mejor aclarar: “el sirviente espera en el portal sin saber qué hacer, ya que no tiene adónde ir". Es cierto que, por otra parte, el tiempo oscuro y tormentoso había deprimido notablemente el sentimentalismo de este sirviente de la época Heian.

Habiendo comenzado a llover a mediodía, todavía continuaba después del atardecer. Perdido en un mar de pensamientos incoherentes, buscando algo que le permitiera vivir desde el día siguiente y la manera de obrar frente a ese inexorable destino que tanto lo deprimía, el sirviente escuchaba, abstraído, el ruido de la lluvia sobre la Avenida Sujaku.

La lluvia parecía recoger su ímpetu desde lejos, para descargarlo estrepitosamente sobre Rashomon, como envolviéndolo. Alzando la vista, en el cielo oscuro se veía una pesada nube suspendida en el borde de una teja inclinada.

"Para escapar a esta maldita suerte -pensó el sirviente- no puedo esperar a elegir un medio, ni bueno ni malo, pues si empezara a pensar sin duda me moriría de hambre en medio del camino o en alguna zanja; luego me traerían aquí, a esta torre, dejándome tirado como a un perro. Pero si no elijo..."

Su pensamiento, tras mucho rondar la misma idea, había llegado por fin a este punto. Pero ese "si no elijo..." quedó fijo en su mente. Aparentemente estaba dispuesto a emplear cualquier medio; pero al decir "si no..." demostró no tener el valor suficiente para confesarse rotundamente: "no me queda otro remedio que convertirme en ladrón".

Lanzó un fuerte estornudo y se levantó con lentitud. El frío anochecer de Kyoto hacía aflorar el calor del fuego. El viento, en la penumbra, gemía entre los pilares. El grillo que se posaba en la gruesa columna había desaparecido.

Con la cabeza metida entre los hombros paseó la mirada en torno del edificio; luego levantó las hombreras del kimono azul que llevaba sobre una delgada ropa interior. Se decidió por fin a pasar la noche en algún lugar que le permitiera guarecerse de la lluvia y del viento, en donde nadie lo molestara.

El sirviente descubrió otra escalera ancha, también laqueada, que parecía conducir a la torre. Ahí arriba nadie lo podría molestar, excepto los muertos. Cuidando de que no se deslizara su espada de la vaina sujeta a la cintura, el sirviente puso su pie calzado con sandalias sobre el primer peldaño.

Minutos después, en mitad de la amplia escalera que conducía a la torre de Rashomon, un hombre acurrucado como un gato, con la respiración contenida, observaba lo que sucedía más arriba. La luz procedente de la torre brillaba en la mejilla del hombre; una mejilla que bajo la corta barba descubría un grano colorado, purulento. El hombre, es decir el sirviente, había pensado que dentro de la torre sólo hallaría cadáveres; pero subiendo dos o tres escalones notó que había luz, y que alguien la movía de un lado a otro. Lo supo cuando vio su reflejo mortecino, amarillento, oscilando de un modo espectral en el techo cubierto de telarañas. ¿Qué clase de persona encendería esa luz en Rashomon, en una noche de lluvia como aquélla?

Silencioso como un lagarto, el sirviente se arrastró hasta el último peldaño de la empinada escalera. Con el cuerpo encogido todo lo posible y el cuello estirado, observó medrosamente el interior de la torre.

Confirmando los rumores, vio allí algunos cadáveres tirados negligentemente en el suelo. Como la luz de la llama iluminaba escasamente a su alrededor, no pudo distinguir la cantidad; únicamente pudo ver algunos cuerpos vestidos y otros desnudos, de hombres y mujeres. Los hombros, el pecho y otras partes recibían una luz agonizante, que hacía más densa la sombra en los restantes miembros.

Unos con la boca abierta, otros con los brazos extendidos, ninguno daba más señales de vida que un muñeco de barro. Al verlos entregados a ese silencio eterno, el sirviente dudó que hubiesen vivido alguna vez.

El hedor que despedían los cuerpos ya descompuestos le hizo llevar rápidamente la mano a la nariz. Pero un instante después olvidó ese gesto. Una impresión más violenta anuló su olfato al ver que alguien estaba inclinado sobre los cadáveres.

Era una vieja escuálida, canosa y con aspecto de mona, vestida con un kimono de tono ciprés. Sosteniendo con la mano derecha una tea de pino, observaba el rostro de un muerto, que por su larga cabellera parecía una mujer.

Poseído más por el horror que por la curiosidad, el sirviente contuvo la respiración por un instante, sintiendo que se le erizaban los pelos. Mientras observaba aterrado, la vieja colocó su tea entre dos tablas del piso, y sosteniendo con una mano la cabeza que había estado mirando, con la otra comenzó a arrancarle el cabello, uno por uno; parecía desprenderse fácilmente.

A medida que el cabello se iba desprendiendo, cedía gradualmente el miedo del sirviente; pero al mismo tiempo se apoderaba de él un incontenible odio hacia esa vieja. Ese odio -pronto lo comprobó- no iba dirigido sólo contra la vieja, sino contra todo lo que simbolizase “el mal", por el que ahora sentía vivísima repugnancia. Si en ese instante le hubiera sido dado elegir entre morir de hambre o convertirse en ladrón -el problema que él mismo se había planteado hacía unos instantes- no habría vacilado en elegir la muerte. El odio y la repugnancia ardían en él tan vivamente como la tea que la vieja había clavado en el piso.

Él no sabía por qué aquella vieja robaba cabellos; por consiguiente, no podía juzgar su conducta. Pero a los ojos del sirviente, despojar de las cabelleras a los muertos de Rashomon, y en una noche de tormenta como ésa, cobraba toda la apariencia de un pecado imperdonable. Naturalmente, este nuevo espectáculo le había hecho olvidar que sólo momentos antes él mismo había pensado hacerse ladrón.

Reunió todas sus fuerzas en las piernas, y saltó con agilidad desde su escondite; con la mano en su espada, en una zancada se plantó ante la vieja. Ésta se volvió aterrada, y al ver al hombre retrocedió bruscamente, tambaleándose.

-¡Adónde vas, vieja infeliz! -gritó cerrándole el paso, mientras ella intentaba huir pisoteando los cadáveres.

La suerte estaba echada. Tras un breve forcejeo el hombre tomó a la vieja por el brazo (de puro hueso y piel, más bien parecía una pata de gallina), y retorciéndoselo, la arrojó al suelo con violencia:

-¿Qué estabas haciendo? Contesta, vieja; si no, hablará esto por mí.

Diciendo esto, el sirviente la soltó, desenvainó su espada y puso el brillante metal frente a los ojos de la vieja. Pero ésta guardaba un silencio malicioso, como si fuera muda. Un temblor histérico agitaba sus manos y respiraba con dificultad, con los ojos desorbitadas. Al verla así, el sirviente comprendió que la vieja estaba a su merced. Y al tener conciencia de que una vida estaba librada al azar de su voluntad, todo el odio que había acumulado se desvaneció, para dar lugar a un sentimiento de satisfacción y de orgullo; la satisfacción y el orgullo que se sienten al realizar una acción y obtener la merecida recompensa. Miró el sirviente a la vieja y suavizando algo la voz, le dijo:

-Escucha. No soy ningún funcionario imperial. Soy un viajero que pasaba accidentalmente por este lugar. Por eso no tengo ningún interés en prenderte o en hacer contigo nada en particular. Lo que quiero es saber qué estabas haciendo aquí hace un momento.

La vieja abrió aún más los ojos y clavó su mirada en el hombre; una mirada sarcástica, penetrante, con esos ojos sanguinolentos que suelen tener ciertas aves de rapiña. Luego, como masticando algo, movió los labios, unos labios tan arrugados que casi se confundían con la nariz. La punta de la nuez se movió en la garganta huesuda. De pronto, una voz áspera y jadeante como el graznido de un cuervo llegó a los oídos del sirviente:

-Yo, sacaba los cabellos... sacaba los cabellos... para hacer pelucas...

Ante una respuesta tan simple y mediocre el sirviente se sintió defraudado. La decepción hizo que el odio y la repugnancia lo invadieran nuevamente, pero ahora acompañados por un frío desprecio. La vieja pareció adivinar lo que el sirviente sentía en ese momento y, conservando en la mano los largos cabellos que acababa de arrancar, murmuró con su voz sorda y ronca:

-Ciertamente, arrancar los cabellos a los muertos puede parecerle horrible; pero ninguno de éstos merece ser tratado de mejor modo. Esa mujer, por ejemplo, a quien le saqué estos hermosos cabellos negros, acostumbraba vender carne de víbora desecada en la Barraca de los Guardianes, haciéndola pasar nada menos que por pescado. Los guardianes decían que no conocían pescado más delicioso. No digo que eso estuviese mal pues de otro modo se hubiera muerto de hambre. ¿Qué otra cosa podía hacer? De igual modo podría justificar lo que yo hago ahora. No tengo otro remedio, si quiero seguir viviendo. Si ella llegara a saber lo que le hago, posiblemente me perdonaría.

Mientras tanto el sirviente había guardado su espada, y con la mano izquierda apoyada en la empuñadura, la escuchaba fríamente. La derecha tocaba nerviosamente el grano purulento de la mejilla. Y en tanto la escuchaba, sintió que le nacía cierto coraje, el que le faltara momentos antes bajo el portal. Además, ese coraje crecía en dirección opuesta al sentimiento que lo había dominado en el instante de sorprender a la vieja. El sirviente no sólo dejó de dudar (entre elegir la muerte o convertirse en ladrón) sino que en ese momento el tener que morir de hambre se había convertido para él en una idea absurda, algo por completo ajeno a su entendimiento.

-¿Estás segura de lo que dices? -preguntó en tono malicioso y burlón.

De pronto quitó la mano del grano, avanzó hacia ella y tomándola por el cuello le dijo con rudeza:

-Y bien, no me guardarás rencor si te robo, ¿verdad? Si no lo hago, también yo me moriré de hambre.

Seguidamente, despojó a la vieja de sus ropas, y como ella tratara de impedirlo aferrándosele a las piernas, de un puntapié la arrojó entre los cadáveres. En cinco pasos el sirviente estuvo en la boca de la escalera; y en un abrir y cerrar de ojos, con la amarillenta ropa bajo el brazo, descendió los peldaños hacia la profundidad de la noche.

Un momento después la vieja, que había estado tendida como un muerto más, se incorporó, desnuda. Gruñendo y gimiendo, se arrastró hasta la escalera, a la luz de la antorcha que seguía ardiendo. Asomó la cabeza al oscuro vacío y los cabellos blancos le cayeron sobre la cara.

Abajo, sólo la noche negra y muda.

Adónde fue el sirviente, nadie lo sabe.

FIN