sábado, 31 de diciembre de 2016

"La paga" de Philip K. Dick (1953)

En un futuro cercano Jennings es un técnico de primera que ha estado los últimos dos años trabajando para “construcciones Rethric” en un proyecto de alto secreto. El contrato tenía una clausula un poco… especial - dejémoslo ahí. Durante ese tiempo la bota de hierro de la Policía Secreta, o de Seguridad (PS) ha extendido su influencia a todos los ámbitos hasta que una persona ya no puede sentirse libre. Sólo las empresas gozan (todavía) de alguna libertad. Pero esa no es la mayor preocupación de Jennings. Las cosas se complican para él en cuanto termina su contrato laboral. Sin embargo cuenta con una extraña ayuda… 

Este cuento se publicó por primera vez en 1953 bajo el título: “Paycheck” (Nómina) en la revista “Imagination”. Seguramente conocéis esta historia por la película (infame o no) tardo noventera y homónima protagonizada por Ben Affleck y Uma Thurman… El cuento es también de su primera etapa pero nos acerca a un Dick de más acción. Creo que es diferente al resto de cuentos de esta primera etapa que he subido, aquí no hay tanta reflexión sobre la identidad –bueno, un poquito ya que Jennings habla de su “Yo” pasado (u olvidado) en tercera persona). Otra cosa que me parece crucial (estamos en el 53) es que es bastante ciberpunk. No en el sentido de High Tech, Low Life, que también se puede aplicar, si no porque en esta sociedad distópica el individuo ya no vale ni tiene nada: está a merced del gobierno y de las empresas, atrapado entre las dos, como se dice un par de veces. Se puede interpretar el posicionamiento de Jennings (buscando ayuda en la empresa) y el proyecto de Rethric como una oda al liberalismo y el individualismo. No es baladí que Dick sitúe el origen de la empresa en Maine, una de las regiones consideradas cuna del liberalismo tal como lo entienden los americanos. Dick nos va a enfrentar más veces con esta idea (por ejemplo en Ubik) y en este caso es de agradecer que sume a la receta acción e ideas interesantes. Los objetos como McGuffin me parecen una invención genial y por supuesto al final tenemos un par de twists como dios manda. Grande Dick! .De esta historia, Philip K Dick dijo: “¿Cuánto vale una llave de una taquilla en una estación? Un día vale 25 centavos y al siguiente miles de dólares. En esta historia me puse a pensar que hay veces en nuestras vidas en las que tener un céntimo para poder hacer una llamada telefónica puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Llaves, un poco de cambio, quizá una entrada para el teatro – ¿Qué tal el resguardo de aparcamiento para un jaguar? Todo lo que tuve que hacer es relacionar esta idea con los viajes en el tiempo para ver cómo lo pequeño e inútil, bajo los ojos sabios de un viajero temporal, puede significar muchísimo más. Él sabría cuándo ese céntimo te va a salvar la vida. Y, de vuelta en el pasado, podría preferir ese céntimo a cualquier suma de dinero, no importa cuán grande.



Feliz 2017 !!!


viernes, 30 de diciembre de 2016

Cornelis Johannes Jacobus María Cees Nooteboom: Tres relatos

Cornelis Johannes Jacobus Maria (Cees) Nooteboom (La Haya, 31 de julio de 1933) es un poeta, novelista, ensayista, traductor e hispanista neerlandés.

A causa de su desarraigo, Nooteboom se desmarca de la generación en que nació y desde que empezó su carrera literaria en los cincuenta desarrolla su tarea al margen de los grupos y tendencias de su país. Gran parte de su obra la forman libros de viajes, pero en todas sus obras expresa su voluntad europeísta y cosmopolita a través de diversos escenarios; por ejemplo, su novela Mokusei se sitúa en el Japón y El desvío a Santiago en España; por su parte, Perdido el Paraíso se ambienta en São Paulo, en las comarcas desérticas de Australia y en diferentes galerías de arte de Europa. Su poesía lírica, por otra parte, expresa la vivencia del tiempo, la precariedad de la existencia y el deseo de permanencia.


El ya mencionado El desvío a Santiago ha inspirado a distintos compositores españoles y holandeses y fue motivo de una serie de conciertos celebrados en el año 2010 en Holanda por el grupo Ensemble 88 de Maastricht, que, bajo la dirección de Taco Kooistra y en presencia del escritor estrenó distintas obras escritas especialmente para la ocasión por York Höller, Willem Dragstra, Benet Casablancas y Mateu Malondra.






jueves, 29 de diciembre de 2016

"El hombre de los segundos quince" de John Connolly

Tras un reencuentro de antiguos alumnos, Asquith vuelve a casa. Le espera un largo trayecto en coche. Todo parece ir bien hasta que algo, con un olor muy familiar, se cruza en su camino.

John Connolly, el autor de la célebre serie de novelas policíacas protagonizadas por Charlie Parker despliega su reconocido talento para lo sobrenatural en Nocturnos, una recopilación de diecinueve escalofriantes relatos de terror.

Uno de los más destacados es El hombre de los segundos quince cuya adaptación radiofónica está a cargo de Mona León Siminiani, Teo Rodríguez y el resto del equipo del programa Negra y Criminal.






Segunda Parte



miércoles, 28 de diciembre de 2016

Audiolibro: " 24 horas en la vida de una mujer" de Stefan Zweig

Un bochornoso escándalo producido en el Palace Hotel de la Riviera genera una fuerte discusión entre los huéspedes de la pensión contigua, dando pie al inicio de uno de los testimonios más intensos en la vida de una mujer. 


Un relato magistral lleno de lirismo y pasión donde son habituales las reflexiones sobre la vida y la muerte, y sobre las pasiones humanas en la Europa de la preguerra.

Stefan Zweig nació el 28 de noviembre de 1881 en la ciudad de Vienna. Está considerado uno de los escritores más traducidos del mundo entero y la diversidad de su obra abarca poesías, teatro, novelas de ficción, ensayos y sobre todo biografías.

Narrado por Yamil Cuéllar



















"El estuche del cocodrilo" de Daniel Moyano

Daniel Moyano (Buenos Aires, 6 de octubre de 1930 - Madrid, 1992) fue un escritor argentino. Pasó su infancia en la ciudad de Córdoba y luego se radicó en la provincia de La Rioja donde ejerció como profesor de música e integró el Cuarteto de Cuerdas de la Dirección de Cultura de esa provincia. Aquí formó su familia y escribió gran parte de su obra literaria. Durante la última dictadura militar argentina fue encarcelado en La Rioja en 1976. Una vez liberado, se exilió en España, donde vivió hasta su muerte el 1º de julio de 1992. Allí fue obrero en una fábrica de maquetación y, posteriormente, ejerció la crítica literaria para el diario El Mundo.



lunes, 26 de diciembre de 2016

Café del Sur: Ennio Morricone

Celebramos el día de navidad con un programa especial dedicado al maestro italiano Ennio Morricone, autor de algunas de las bandas sonoras de cine más célebres de la historia del séptimo arte. Un homenaje a 100 años de cine italiano y a algunos de sus grandes protagonistas e intérpretes de siempre.






viernes, 23 de diciembre de 2016

"Polvo y Cenizas" de James Joyce

Perteneciente también al volumen "Dublineses", este "Polvo y ceniza" de James Joyce nos presenta un nuevo personaje de los que transitan el Dublín de principios del siglo XX. Una delicia que incluye incluso banda sonora...

https://avozencuento.wordpress.com/

Música: Paganini - Grande sonata in La maggiore - Andantino variato / Ludwig van Beethoven - Moonlight Sonata - Adagio Sostenuto.





Polvo y ceniza

Autor: James Joyce

La Supervisora le dio permiso para salir en cuanto acabara el té de las muchachas y María esperaba, expectante. La co­cina relucía: la cocinera dijo que se podía uno ver la cara en los peroles de cobre. El fuego del hogar calentaba que era un contento y en una de las mesitas había cuatro grandes broas. Las broas parecían enteras; pero al acercarse uno, se podía ver que habían sido cortadas en largas porciones iguales, listas para repartir con el té. María las cortó.
María era una persona minúscula, de veras muy minúscu­la, pero tenía una nariz y una barbilla muy largas. Hablaba con un dejo nasal, de acentos suaves: Sí, mi niña, y No, mi niña. La mandaban a buscar siempre que las muchachas se peleaban por los lavaderos y ella siempre conseguía apaciguarlas. Un día la Supervisora le dijo:
-¡María, es usted una verdadera pacificadora!
Y hasta la Auxiliar y dos damas del Comité se enteraron del elogio. Y Ginger Mooney dijo que de no estar presente María habría acabado a golpes con la muda encargada de las planchas. Todo el mundo quería tanto a María.
Las muchachas tomaban el té a las seis y así ella podría salir antes de las siete. De Ballsbridge a la Columna, veinte minutos; de la Columna a Drumcondra, otros veinte; y vein­te minutos más para hacer las compras. Llegaría allá antes de las ocho. Sacó el bolso de cierre de plata y leyó otra vez el letrero: Un Regalo de Belfast. Le gustaba mucho ese bolso porque Joe se lo trajo hace cinco años, cuando él y Alphy se fueron a Belfast por Pentecostés. En el bolso tenía dos mediacoronas y unos cobres. Le quedarían cinco chelines justos des­pués de pagar el pasaje en tranvía. ¡Qué velada más agradable iban a pasar, con los niños cantando! Lo único que deseaba era que Joe no regresara borracho. Cambiaba tanto cuando tomaba.
A menudo él le pedía a ella que fuera a vivir con ellos; pero se habría sentido de más allá (aunque la esposa de Joe era siempre muy simpática) y se había acostumbrado a la vida en la lavandería. Joe era un buen hombre. Ella lo había criado a él y a Alphy; y Joe solía decir a menudo:
-Mamá es mamá, pero María es mi verdadera madre. Después de la separación, los muchachos le consiguieron ese puesto en la lavandería Dublín Iluminado y a ella le gustó. Tenía una mala opinión de los protestantes, pero ahora pen­saba que eran gente muy amable, un poco serios y callados, pero con todo muy buenos para convivir. Ella tenía sus plantas en el invernadero y le gustaba cuidarlas. Tenía unos lindos helechos y begonias y cuando alguien venía a hacerle la visita le daba al visitante una o dos posturas del invernadero. Una cosa no le gustaba: los avisos en la pared; pero la Supervisora era fácil de lidiar con ella, agradable, gentil.
Cuando la cocinera le dijo que ya estaba, ella entró a la habitación de las mujeres y empezó a tocar la campana. En unos minutos las mujeres empezaron a venir de dos en dos, secándose las manos humeantes en las polleras y estirando las mangas de sus blusas por sobre los brazos rojos por el vapor. Se sentaron delante de los grandes jarros que la cocinera y la mudita llenaban de té caliente, mezclado previamente con leche y azúcar en enormes latones. María supervisaba la distribución de las broas y cuidaba de que cada mujer tocara cuatro por­ciones. Hubo bromas y risas durante la comida. Lizzie Fleming dijo que estaba segura de que a María le iba a tocar la broa premiada, con anillo y todo, y, aunque ella decía lo mismo cada víspera de Todos los Santos, María tuvo que reírse y decir que ella no deseaba ni anillo ni novio; y cuando se rió sus ojos verdegris chispearon de timidez chasqueada y la punta de la nariz casi topó con la barbilla. Entonces, Ginger Mooney le­vantó su jarro de té y brindó por la salud de María, y, cuando las otras mujeres golpearon la mesa con sus jarros, dijo que lamentaba no tener una pinta de cerveza negra que beber.
Y María se rió de nuevo hasta que la punta de la nariz casi le tocó la barbilla y casi desternilló su cuerpo menudo con su risa, porque ella sabía que Ginger Mooney tenía buenas inten­ciones, a pesar de que, claro, era una mujer de modales or­dinarios.
Pero María no se sintió realmente contenta hasta que las mujeres terminaron el té y la cocinera y la mudita empezaron a llevarse las cosas. Entró al cuartico en que dormía y, al re­cordar que por la mañana temprano habría misa, movió las manecillas del despertador de las siete a las seis. Luego, se quitó la falda de trabajo y las botas caseras y puso su mejor falda sobre el edredón y sus boticas de vestir a los pies de la cama. Se cambió también de blusa y al pararse delante del es­pejo recordó cuando de niña se vestía para misa de domingo; y miró con raro afecto el cuerpo diminuto que había adornado tanto otrora. Halló que, para sus años, era un cuerpecito bien hechecito.
Cuando salió las calles brillaban húmedas de lluvia y se alegró de haber traído su gabardina parda. El tranvía iba lleno y tuvo que sentarse en la banqueta al fondo del carro, mirando para los pasajeros, los pies tocando el piso apenas. Dispuso mentalmente todo lo que iba a hacer y pensó que era mucho mejor ser independiente y tener en el bolsillo dinero propio. Esperaba pasar un buen rato. Estaba segura de que así sería, pero no podía evitar pensar que era una lástima que Joe y Alphy no se hablaran. Ahora estaban siempre de pique, pero de niños eran los mejores amigos: así es la vida.
Se bajó del tranvía en la Columna y se abrió paso rápido por entre la gente. Entró en la pastelería de Downes’s, pero había tanta gente que se demoraron mucho en atenderla. Com­pró una docena de queques de a penique surtidos y finalmente salió de la tienda cargada con un gran cartucho. Pensó enton­ces qué más tenía que comprar: quería comprar algo agra­dable. De seguro que tendrían manzanas y nueces de sobra. Era difícil saber qué comprar y no pudo pensar más que en un pastel. Se decidió por un pastel de pasas, pero los de Downes’s no tenían muy buena cubierta nevada de almendras, así que se llegó a una tienda de Henry Street. Se demoró mucho aquí escogiendo lo que le parecía mejor, y la dependienta a la última moda detrás del mostrador, que era evidente que estaba molesta con ella, le preguntó si lo que quería era comprar un cake de bodas. Lo que hizo sonrojarse a María y sonreírle a la joven; pero la muchacha puso cara seria y finalmente le cortó un buen pedazo de pastel de pasas, se lo envolvió y dijo:
-Dos con cuatro, por favor.
Pensó que tendría que ir de pie en el tranvía de Drumcon­dra porque ninguno de los viajeros jóvenes se daba por ente­rado, pero un señor ya mayor le hizo un lugarcito. Era un señor corpulento que usaba un bombín pardo; tenía la cara cuadrada y roja y el bigote cano. María se dijo que parecía un coronel y pensó que era mucho más gentil que esos jóvenes que sólo miraban de frente. El señor empezó a conversar con ella sobre la Víspera y sobre el tiempo, de lluvia. Adivinó que el cartucho estaba lleno de buenas cosas para los pequeños y dijo que nada había más justo que la gente menuda la pasara bien mientras fueran jóvenes. María estaba de acuerdo con él y lo demostraba con su asentimiento respetuoso y sus ejemes. Fue muy gentil con ella y cuando ella se bajó en el puente del Canal le dio ella las gracias con una inclinación y él se inclinó también y levantó el sombrero y sonrió con agrado; y cuando subía la explanada, su cabecita gacha por la lluvia, se dijo que era fácil reconocer a un caballero aunque estuviera tomado.
Todo el mundo dijo: ¡Ah, aquí está María! cuando llegó a la casa de Joe. Joe ya estaba allí de regreso del trabajo y los niños tenían todos sus vestidos domingueros. Había dos niñas de la casa de al lado y todos jugaban. María le dio el cartu­cho de queques al mayorcito, Alphy, para que lo repartiera y Mrs Donnelly dijo qué buena era trayendo un cartucho de queques tan grande, y obligó a los niños a decirle:
-Gracias, María.
Pero María dijo que había traído algo muy especial para papá y mamá, algo que estaba segura les iba a gustar y em­pezó a buscar el pastel de pasas. Lo buscó en el cartucho de Downes’s y luego en los bolsillos de su impermeable y después por el pasillo, pero no pudo encontrarlo. Entonces les preguntó a los niños si alguno de ellos se lo había comido -por error, claro-, pero los niños dijeron que no todos y pusieron cara de no gustarles los queques si los acusaban de haber robado algo. Cada cual tenía una solución al misterio y Mrs Donnelly dijo que era claro que María lo dejó en el tranvía. María, al recordar lo confusa que la puso el señor del bigote canoso, se ruborizó de vergüenza y de pena y de chasco. Nada más que pensar en el fracaso de su sorpresita y de los dos chelines con cuatro tirados por gusto, casi llora allí mismo.
Pero Joe dijo que no tenía importancia y la hizo sentarse junto al fuego. Era muy amable con ella. Le contó todo lo que pasaba en la oficina, repitiéndole el cuento de la respuesta aguda que le dio al gerente. María no entendía por qué Joe se reía tanto con la respuesta que le dio al gerente, pero dijo que ese gerente debía de ser una persona difícil de aguantar. Joe dijo que no era tan malo cuando se sabía manejarlo, que era un tipo decente mientras no le llevaran la contraria. Mrs Donnelly tocó el piano para que los niños bailaran y cantaran. Luego, las vecinitas repartieron las nueces. Nadie encontraba el cas­canueces y Joe estaba a punto de perder la paciencia y les dijo que si ellos esperaban que María abriera las nueces sin casca­nueces. Pero María dijo que no le gustaban las nueces y que no tenían por qué molestarse. Luego, Joe le dijo que por qué no se tomaba una botella de stout y Mrs Donnelly dijo que tenían en casa oporto también si lo prefería. María dijo que mejor no insistieran: pero Joe insistió.
Así que María lo dejó salirse con la suya y se sentaron junto al fuego hablando del tiempo de antaño y María creyó que debía decir algo en favor de Alphy. Pero Joe gritó que Dios lo fulminara si le hablaba otra vez a su hermano ni media palabra y María dijo que lamentaba haber mencionado el asunto. Mrs Donnelly le dijo a su esposo que era una ver­güenza que hablara así de los de su misma sangre, pero Joe dijo que Alphy no era hermano suyo y casi hubo una pelea entre marido y mujer a causa del asunto. Pero Joe dijo que no iba a perder la paciencia porque era la noche que era y le pidió a su esposa que le abriera unas botellas. Las vecinitas habían preparado juegos de Vísperas de Todos los Santos y pronto reinó la alegría de nuevo. María estaba encantada de ver a los niños tan contentos y a Joe y a su esposa de tan buen ca­rácter. Las niñas de al lado colocaron unos platillos en la mesa y llevaron a los niños, vendados, hasta ella. Uno cogió el mi­sal y el otro el agua; y cuando una de las niñas de al lado cogió el anillo Mrs Donnelly levantó un dedo hacia la niña abochor­nada como diciéndole: ¡Oh, yo sé bien lo que es eso! Insistieron todos en vendarle los ojos a María y llevarla a la mesa para ver qué cogía; y, mientras la vendaban, María se reía hasta que la punta de la nariz le tocaba la barbilla.
La llevaron a la mesa entre risas y chistes y ella extendió una mano mientras le decían qué tenía que hacer. Movió la mano de aquí para allá en el aire hasta que la bajó sobre un platillo. Tocó una sustancia húmeda y suave con los dedos y se sorprendió de que nadie habló ni le quitó la venda. Hubo una pausa momentánea; y luego muchos susurros y mucho ajetreo. Alguien mencionó el jardín y, finalmente, Mrs Donnelly le dijo algo muy pesado a una de las vecinas y le dijo que botara todo eso enseguida: así no se jugaba. María compren­dió que esa vez salió mal y que había que empezar el juego de nuevo: y esta vez le tocó el misal.
Después de eso Mrs Donnelly les tocó a los niños una danza escocesa y Joe y María bebieron un vaso de vino. Pronto reinó la alegría de nuevo y Mrs Donnelly dijo que María en­traría en un convento antes de que terminara el año por haber sacado el misal en el juego. María nunca había visto a Joe ser tan gentil con ella como esa noche, tan llena de conversaciones agradables y de reminiscencias. Dijo que todos habían sido muy buenos con ella.
Finalmente, los niños estaban cansados, soñolientos, y Joe le pidió a María si no quería cantarle una cancioncita antes de irse, una de sus viejas canciones. Mrs Donnelly dijo ¡Por favor, sí, María!, de manera que María tuvo que levantarse y pararse junto al piano. Mrs Donnelly mandó a los niños que se callaran y oyeran la canción que María iba a cantar. Luego, tocó el preludio, diciendo ¡Ahora, María!, y María, sonroján­dose mucho, empezó a cantar con su vocecita temblona. Cantó Soñé que habitaba y, en la segunda estrofa, entonó:

Soñé que habitaba salones de mármol
Con vasallos mil y siervos por gusto,
Y de todos los allí congregados,
Era yo la esperanza, el orgullo.
Mis riquezas eran incontables, mi nombre
Ancestral y digno de sentirme vana,
Pero también soñé, y mi alegría fue enorme
Que tú todavía me decías:
«¡Mi amada!»

Pero nadie intentó señalarle que cometió un error; y cuan­do terminó la canción, Joe estaba muy conmovido. Dijo que no había tiempos como los de antaño y ninguna música como la del pobre Balfe el Viejo, no importaba lo que otros pensa­ran; y sus ojos se le llenaron de lágrimas tanto que no pudo encontrar lo que estaba buscando y al final tuvo que pedirle a su esposa que le dijera dónde estaba metido el sacacorchos.

Sobre el autor.
James Joyce (Dublín, 2 de febrero de 1882 – Zúrich, 13 de enero de 1941) fue un escritor irlandés, reconocido mundialmente como uno de los más importantes e influyentes del siglo XX.

"Lo que lleva el Rey Baltasar" de José Martínez Ruiz Azorín












"Los tres reyes han salido de sus palacios. Los tres son viejecitos. El rey Melchor es alto, con una barba blanca, con sus ojos azules, con sus anteojos de oro. El rey Baltasar es bajo, un tantico encorvado, con un bigote largo y una perilla más larga todavía. El rey Gaspar no usa nada en la cara; va afeitado, pulcro, correcto, pero su nariz cae un poco en gancho sobre la boca, y en la comisura de sus labios hay algo como una sonrisa equívoca, inquietante, como una ironía vaga, desconsoladora. Yo os digo desde este instante, pequeños amigos míos, que no perdáis de vista a este viejecito....
Los tres reyes van caminando durante la noche por un camino largo; las estrellas brillan, serenas, rutilantes, en la bóveda negra; abajo, en la tierra, tal vez en la lejanía remota, se oye un grito perdido o se ve el resplandor incierto de una lucecita. Esta lucecita indica una ciudad. Los reyes han llegado ya a esta ciudad. Ya van a detenerse ante las casas; ya van a meter las manos en sus grandes arcaces; ya van a dejar en los balcones sus dádivas ansiadas. Pero los tres se detienen un momento antes de penetrar en la ciudad. Antes ya lo habréis oído contar-, estos reyes eran muy ricos y les ponían regalos a todos los niños de todas las casas, de todas las ciudades; pero el tiempo ha corrido mucho; las circunstancias han cambiado mucho para los reyes, y estos tres excelentes monarcas, a fuerza de prodigar sus dones, han venido a ver grandemente mermado su caudal. Quiero deciros que Gaspar, que Baltasar y que Melchor se ven todos los años en el terrible compromiso de no dejar sus recuerdos preciosos sino a tales o cuales niños que el azar les designa.
Los tres reyes se han detenido a las puertas de la ciudad. Melchor, el de la barba blanca y los ojos azules -no creáis a quien os lo pinta con la tez negra-, tiene delante de sí una gran arca, que él ha abierto para inspeccionar qué es lo que queda en ella. Baltasar, el de la perilla y el bigote -reíros de los que os lo representan de otro modo-, tiene también su arca, y en ella, con el mismo fin, ha hecho su recuento. Gaspar, pequeños amigos míos, no tiene arca, no tiene equipaje, no tiene ningún camello, ni caballo, ni asno en que llevar lo que ha de regalar a los niños, pero tiene una nariz un poco encorvada y unos labios que expresan una ironía suave, vaga, inquietadora.
Los tres reyes han hecho ya su arqueo y se disponen a entrar en la ciudad. Como van siendo ya pobres, ellos no llenan las cestas que hay en todos los balcones, sino que, según la comodidad o el capricho, dejan sus mercedes y regalos en unos -que son pocos- y pasan de largo ante otros -que son muchos-. He de deciros que, para que sean más los niños favorecidos, los tres reyes han convenido, no en donar los tres sus regalos a todos los niños elegidos, sino en que cada uno haga su donación a cada niño. Y así, de tarde en tarde, Melchor se para delante de una casa y abre su arcón; luego deja en la ventana su dádiva. Lo que este rey de la barba blanca regala se llama: Inteligencia. Al cabo de un largo rato, Baltasar se detiene ante otra casa y mete la mano en su tesoro; después pone su dádiva en la ventana. Lo que este rey del bigote y de la perilla dona tiene por nombre: Bondad.
Y solo este histórico rey Gaspar, este rey de la nariz picuda y de los labios apretados, sólo este rey pasa, y pasa, y pasa ante los balcones y no se detiene sino ante uno, o dos, o tres de cada ciudad. Y ¿qué es lo que hace entonces el rey Gaspar? ¿Qué es lo que regala este rey? ¿Por qué es tan sórdido, tan avaro, tan riguroso en sus regalos? Todo el tesoro de este rey está en una diminuta caja de plata que él lleva en uno de los bolsillos de su levita -no olvidad que los reyes usan ahora levita-. Cuando Gaspar se detiene ante un balcón, allá, muy de tarde en tarde, él echa mano de su pequeña caja, la abre con cuidado y pone su donativo en el balcón. No es nada lo que ha puesto; es una cosa insignificante; es como humo que se disipa al menor viento; pero este niño favorecido con tal regalo gozará de él durante toda su vida y no se separarán de él ni la felicidad ni la alegría.
El rey Gaspar ha depositado ya su regalo. Sus ojos verdes -no os he dicho antes que eran verdes- brillan fosforescentes; su nariz parece que baja más sobre la boca, y en los labios se dibuja con más profundidad su ironía vaga. Acercaos, pequeños amigos míos; yo os quiero decir lo que el rey Gaspar lleva en su caja. Sobre la tapa, con letras diminutas, pone: Ilusiones.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

*Llamadas telefónicas" de Roberto Bolaño (1997)

Llamadas telefónicas es el primer libro de cuentos del escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003), publicado por primera vez en noviembre de 1997 por la Editorial Anagrama en las colecciones Narrativas hispánicas y Compactos, en la ciudad de Barcelona, España.

Este fue el primer libro de Bolaño en ser publicado sin necesidad de probar suerte enviándolo a diversas editoriales, puesto que la publicación previa de Estrella distante, también en Anagrama, dio comienzo a una estrecha relación laboral y de amistad entre él y Jorge Herralde, propietario de la editorial.

Llamadas telefónicas posteriormente fue lanzado por la misma editorial junto con sus libros de cuentos Putas asesinas y El gaucho insufrible en un único libro llamado Cuentos.


"Historias de la montaña sagrada" de Khalil Gibran

Khalil Gibran,poeta, pintor, novelista y ensayista libanés. Aquí algunos apartes de su obra.











martes, 20 de diciembre de 2016

"El abonado".de Philip K. Dick (1953) [voz humana]

Tienes que tener mucho cuidado en las estaciones, pues lo mismo te equivocas de universo. “Un billete para Maycon Heights, por favor”. Una simple ventanilla de estación, sólo quieres volver a casa del trabajo… pero el taquillero te mira contrariado –“No existe ningún Maycon Heights, señor” Y pum! Desapareces. Es muy mala manera de terminar el día. Corresponde a nuestro protagonista, funcionario de la estación, guiarnos en la resolución de este caso.

El Abonado, en inglés “The Commuter” se publica en Amazing Stories meses después que “El mundo que ella deseaba”. Quizá me equivoco relacionando ambos relatos pero creo que los dos tienen que ver porque desde una historia con gente común se nos está hablando de cuestiones metafísicas (con más de físicas que de meta) potentes como son los universos paralelos y las diferentes líneas de tiempo. Universos paralelos, precursor del efecto mandela y crítica al neodesarrollo industrial, qué más podemos pedirle a nuestro amado Dick?!



lunes, 19 de diciembre de 2016

"Roog" de Philip K. Dick (1953)

Roog. Gritaba el perro. Nadie le hacía caso. Unos extraños seres penetraban en el patio mientras la familia dormía. Vienen a robar la comida. El amo no le hace caso, está sólo ante el peligro con la responsabilidad de defender a los que ama.

 Es un cuento muy corto.  Es de los primeros cuentos de Dick. Lo escribió en 1951 y se publicó “The Magazine of Fantasy & Science Fiction” en 1953 

En este relato se reconocen algunos de los motivos clásicos de Dick: dudar de la realidad, los problemas de comunicación, la soledad de la responsabilidad, el miedo… Es un relato que me da mucha pena : Sobre él, Dick comentó: “cuenta una historia sobre el terror, habla de lealtad, de amenazas oscuras y de una criatura inherentemente buena que no puede transmitir o advertir a quienes ama del peligro que se cierne sobre ellos”

"Ángel Cabeceador" de Eduardo Sacheri

Excelentes Cuentos de Futbol, Argentino e Internacional, Historias hermosas, relatadas por Alejadro Apo cuentos de Eduardo Sacheri.


domingo, 18 de diciembre de 2016

Café del Sur: La Pampa Grande

Un viaje desde el Río de la Plata hasta Rio Grande do Sul, en Brasil, en compañía de milongas subtropicales, tangos arrabaleros del siglo XXI, rock y ciencia ficción, neofolklore latinoamericano. Una manera original para despedir el año en compañía de algunos de los discos más interesantes publicados en este 2016.








sábado, 17 de diciembre de 2016

"AFORISMOS" DE RABINDRANATH TAGORE

Rabindranath Tagore
(Rabindranath Thakur, Calcuta, 1861 - Santiniketan, 1941) Escritor indio. Es el más prestigioso escritor indio de comienzos del siglo XX. De origen noble, era el último de los catorce hijos de una familia consagrada a la renovación espiritual de Bengala, y se educó junto a su padre en el retiro que éste tenía en Santiniketan. En 1878 fue enviado a Gran Bretaña, donde estudió literatura y música.
Evocó este viaje en Cartas de un viajero (1881), que publicó en el periódico literario Bharati, fundado por dos de sus hermanos en 1876. De la misma época son los dramas musicales El genio de Valmiki (1882) y Los cantos del crepúsculo (1882), y la novela histórica La feria de la reina recién casada (1883).

En 1882, unas experiencias místicas le llevaron a escribir los Cantos de la aurora (1883). En este mismo año casó con una joven de dieciséis años, y a partir de entonces se dedicó a administrar los bienes de la familia de su esposa y a viajar por toda Bengala. En 1890 realizó un segundo viaje a Gran Bretaña. De este período son las colecciones poéticas Citra (1896) y El libro de los cumpleaños (1900).

En 1901 fundó una escuela en Santiniketan (Hogar de la Paz), en la que estructuró un sistema pedagógico que defendía la libertad intelectual del ser humano. En 1904 publicó el ensayo político El movimiento nacional, en el que se pronuncia en favor de la independencia de su país. En 1910 apareció La ofrenda lírica, una de sus obras más conocidas.

A partir de 1912 recibió numerosas invitaciones para pronunciar conferencias en Europa, EE UU y algunos países asiáticos, labor que le sirvió para acrecentar su prestigio. Durante la I Guerra Mundial, y al agudizarse la agitación en la India, tuvo que definir su postura política y adoptó una postura pacifista exenta de nacionalismo. En sus últimos años se dedicó casi por completo a la administración de su centro de estudios, que a fines de 1921 se convirtió en universidad internacional con el nombre de Visva Bharati, y fue declarado universidad estatal en 1951.

De su extensa producción literaria cabe citar además los dramas Kacha y Devayani (1894), El cartero del rey (1913), Ciclo de la primavera (1916) y La máquina (1922); las novelas Gora (1910) y La casa y el mundo (1916); los poemarios La luna nueva (1913), El jardinero (1913) y La fugitiva (1918), y algunas colecciones de sus conferencias, como Sadhana (1912) y La religión del hombre (1930). Recibió el premio Nobel de Literatura en 1913.



"El poder de los nombres" de Ursula K Le Guin

Ursula Kroeber Le Guin (Berkeley, California, 21 de octubre de 1929) es una escritora estadounidense. Ha publicado obras dentro de numerosos géneros, principalmente ciencia ficción y fantasía, aunque también ha escrito poesía, libros infantiles y ensayos, e incluso ha traducido obras de otros autores del chino y el español al inglés.

Sin embargo, Le Guin debe su fama al numeroso caudal de libros y cuentos de ciencia ficción y fantasía publicados a lo largo de su dilatada carrera y ha sido galardonada con varios premios Hugo y Nébula. Fue la primera mujer galardonada con el título de Gran Maestra por la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos (SFWA). Se considera a sí misma como una mujer feminista y taoísta y en sus novelas aparecen a menudo ideas anarquistas.
Nació en Berkeley, California el 21 de octubre de 1929. Su padre fue el eminente antropólogo Alfred Kroeber y su madre la escritora Theodora Kroeber. Desde pequeña se educó en una atmósfera de interés académico por los mitos y leyendas de todos los pueblos de la tierra. Su interés por la literatura es temprano: ya a la edad de 11 años envió su primer relato a la reputada revista Astounding Science Fiction y, aunque rechazado, eso no le hizo desistir.

Fue a la Escuela Radcliffe de la Universidad de Harvard, donde se graduó en 1951, y luego pasó un año en la Universidad de Columbia donde hizo su postgrado en lenguas romances. Su tesis de maestría relacionaba diversos aspectos de la literatura romance de la Edad Media y el Renacimiento. Tras finalizar su curso de postgrado, obtuvo una beca Fulbright para estudiar en Francia, donde conoció al que se convertiría en su marido, Charles Le Guin. Se casaron en 1953.

A su vuelta a EE.UU. enseñó francés en varias universidades antes de dedicarse por completo a la literatura. Ha publicado seis libros de poesía, veinte novelas y más de un centenar de historias, cuatro colecciones de ensayos, once libros para niños y algunas traducciones (entre las que destaca el Tao Te Ching de Lao Tse y una selección de poemas de Gabriela Mistral). Desde 1958 vive en Portland, Oregón, donde dio a luz a sus tres hijos. Hoy día está considerada como uno de los mejores autores vivos del género; en el año 2003 fue galardonada como "Gran Maestra" de la SFWA (la primera mujer en obtener esta distinción).



Cuentos contados tomando mate Orlando Van Bredam

"En el año 1996, publiqué un libro de minificciones (Las armas que carga el diablo) con un cuento muy breve titulado "Cuento de horror", en el que planteaba la hipótesis de qué pasaría si una mañana cualquiera a un anónimo vecino le pusieran un cadáver en el baúl de su auto. Palabras más o palabras menos, ese es el comienzo de la novela Teoría del desamparo, las primeras dos páginas. Siempre tuve la impresión de que esta historia daba para mucho más, así es que, en el año 2003, volví a ella y la fui enriqueciendo con todo aquello que no dejaba de darme bronca: la política rastrera, el oportunismo, la corrupción. Enseguida advertí que todo esto tenía nombres y apellidos concretos y muy cercanos. Toni Segovia, el diputado de la novela, es muy reconocible para cualquier formoseño que haya leído el texto. Muy poco tuve que inventar, muchas de las anécdotas y dichos utilizados para caracterizar al personaje son reales o, al menos, pertenecen al imaginario popular de esta provincia." Tomado de la revista Sudestada.



domingo, 11 de diciembre de 2016

Café del Sur: La lengua perdida

La memoria de los pueblos originarios de América Latina y sus lenguas a través de una selección de artistas, músicos y cantautores latinoamericanos que en los últimos años están empezando a rescatar un patrimonio cultural enorme, reivindicando sus raíces comunes anteriores a la Conquista. Canciones en quechua, aimara, guaraní, mapuche, náhuatl, maya y quiché para seguir derribando fronteras.





Hermann Hesse "Aforismos"

Hermann Hesse fue un buscador durante toda su vida. Lo demuestra no sólo su gran obra poética, que en 1946 le hizo merecedor del Premio Nobel, sino también su biografía. En Calw, su ciudad natal, donde vino al mundo el 2 de julio de 1877, Hesse pasó sus años de juventud en el ambiente de la familia, que le marcaron y que se reflejan en muchos pasajes de sus libros. Maulbronn, Tubingia y Basilea fueron ciudades donde pasó otras etapas de su vida. En 1904 se trasladó a una granja en Gaienhofen, junto al lago de Costanza, para seguir viviendo allí como escritor autónomo. En 1911 realizó un viaje a la India y poco después se trasladó a Suiza, primero a Berna y después, en 1919, a Montagnola (Tessin), donde inició su periodo creativo más rico y donde murió en 1962. La superación de las crisis personales es uno de los puntos focales en la obra de Hesse, que también trata cuestiones de la religión y la política.




viernes, 9 de diciembre de 2016

"Un árbol de Noel y una boda" de Fiódor Dostoyevski

FIODOR DOSTOIEVSKI
(1821-1881)

Fiodor (o Fedor) Mijailovich Dostoievski (o Dostoyevski) nació el 11 de noviembre de 1821 en la ciudad rusa de Moscú, concretamente en el Hospital para Pobres en el cual su padre Mijail trabajaba como médico.
Su progenitor era un hombre alcohólico de fuerte personalidad y actitud dictatorial, todo lo contrario que su madre María Fiódorovna Necháieva, un mujer cariñosa de buen carácter y amante de la cultura.
A los once años de edad, Fiodor y su numerosa familia (tenía siete hermanos), se trasladaron a la aldea de Darovoye, en Tula, lugar en donde su padre había comprado unas tierras.
En 1837 el joven Dostoievski sufrió la pérdida de su madre, quien falleció a causa de la tuberculosis. Un año después se trasladó con su hermano Mijail a estudiar en San Petersburgo en la Escuela de Ingenieros Militares. Su hermano no fue aceptado por problemas físicos. Fiodor terminó su instrucción a los veintidós años con el grado de subteniente.
En esa época comenzó a aficionarse al juego, costumbre lúdica que le acarreó numerosas deudas a lo largo de su existencia.
En el año 1839 falleció su padre asesinado a manos de sus sirvientes, hartos de los procederes déspotas de su patrón. La familia Kumanin se hizo cargo de los hijos del fallecido. Este hecho provocó en Dostoievski una crisis nerviosa y sus primeros ataques epilépticos.
Por motivos económicos trabajó durante un tiempo como traductor (llegó a traducir el “Eugenie Grandet” de Honoré de Balzac), y terminó pidiendo la excedencia para dedicarse de lleno a la literatura.
En el año 1846 logró relevancia en su país y comparaciones con Nikolai Gogol con su primera novela, la epistolar “Pobres Gentes”. Su penetrante descripción del alma humana, su implicación emocional con lo relatado, y su aguda descripción social, fueron las bases de su influyente estilo literario.
Con posterioridad escribió títulos recibidos con menor entusiasmo, como “El Doble” (1846), “La Patrona” (1847), “Noches Blancas” (1848) o “Nietochka Nezvanova” (1849).
En el año 1849 fue arrestado mientras se encontraba en el círculo de Petraschevski. Se le acusó de debatir sobre las ideas socialistas y liberales surgidas en Francia.
Condenado a muerte en tiempos del zar Nicolás I, logró que su pena fuese conmutada por cuatro años en Siberia, siendo trasladado a la fortaleza de Omsk. Posteriormente fue enviado como soldado raso a Semipalatinsk. Estas vivencias le inspiraron títulos como “Recuerdos De La Casa De Los Muertos” (1861) o “Memorias Del Subsuelo” (1864).
En su estancia en Siberia dedicó mucho tiempo a la lectura de la Biblia, empapándose de espiritualidad y tomando de sus escritos el valor del sufrimiento como liberación y salvación existencial.
En el año 1857 se casó con María Dmitrievna Isaieva, una mujer viuda con la que no consiguió ser feliz. Ese mismo año el nuevo zar Alejandro II concedió una amnistía y Fiodor recuperó su linaje y la libertad creativa.
En el año 1859 publicó la comedia “Stepanchikovo y Sus Habitantes”.
En 1861, junto a su hermano Mijail, fundó la revista “El Tiempo”, en donde publicó alguna de sus obras poco antes de que la revista acabe siendo censurada. Tres años después creó “Época”,en donde publicó varios relatos, entre ellos la sátira “El Cocodrilo”.
1864 fue un año trágico para el autor ruso, ya que perdió a su mujer a causa de la tuberculosis. También falleció su hermano Mijail, con quien estaba muy unido.
Fiodor Dostoievski murió en San Petersburgo el 9 de febrero de 1881. Tenía 59 años. Tuvo cuatro hijos, dos mujeres llamadas Sonya y Lyuvod, y dos varones de nombre Fyodor y Alexei, los cuatro fruto de su matrimonio con Anna Grigorievna. Está enterrado en el Monasterio Alexander Nevsky de San Petersburgo.



jueves, 8 de diciembre de 2016

Bohemian Rhapsody el análisis de Ramón Gener

Los secretos que se esconden bajo la extensa pieza de Freddie Mercury.

Nunca más vamos a escuchar esta canción de la misma manera. La considerábamos entre las mejores de la historia, y resulta que es mucho más rica de lo que podíamos suponer.














Aforismos de Carlos Fuentes

Carlos Fuentes (1928-2012), ESCRITOR MEXICANO, nació de padres mexicanos en Panamá, debido a que su padre era un diplomático de carrera. Tuvo una niñez cosmopolita y estuvo inmerso en un ambiente de intensa actividad intelectual.

Pasó su infancia en diversas capitales de América: Montevideo, Río de Janeiro, Washington D.C, Santiago de Chile, Quito y Buenos Aires, ciudad a la que su padre llega en 1934 como consejero de la embajada de México. Los veranos los pasó en la Ciudad de México, estudiando en escuelas para no perder el idioma y para aprender la historia de su país. Vivió en Santiago de Chile (1941-1943)5 y Buenos Aires en donde recibió la influencia de notables personalidades de la esfera cultural americana.

A los 16 años se estableció en la ciudad de México y cursó el bachillerato en el Colegio México. Se inició como periodista colaborador de la revista Hoy y obtuvo el primer lugar del concurso literario del Colegio Francés Morelos (hoy Centro Universitario México).

Fue Licenciado en leyes por la Universidad Nacional Autónoma de México, y se doctoró en el Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza. Su vida estuvo marcada por constantes viajes y estancias en el extranjero, sin perder nunca la base y plataforma cultural mexicanas.

Fue uno de los escritores más importantes de todos los tiempos en el conjunto de la literatura de su país. Figura dominante en el panorama nacional del siglo XX por su cuidadosa exploración de México y lo mexicano, a través de una obra extensa y que se servía de un lenguaje audaz y novedoso capaz de incorporar neologismos, crudezas coloquiales y palabras extranjeras, su propuesta se sumergió en el inconsciente personal y en el colectivo, y trasladó con vigor a las letras mexicanas los mejores recursos de las vanguardias europeas.



Aforismos de Gabriel García Márquez

Durante mucho tiempo se especuló con el significado oculto de la "e" que se imprimió al revés en la primera edición de 'Cien años de soledad' . La verdad era mucho más sencilla, pues sólo fue un error al colocar el tipo en la imprenta lo que ocasionó tal error.
'Gabo' escribió una de sus obras más conocidas, 'El coronel no tiene quien le escriba', impulsado por el hambre y la penuria económica, en la buhardilla de un hotel de París, donde los dueños del establecimiento le habían permitido alojarse al no poder pagar ya la habitación. Años más tarde la misma buhardilla acogería a Mario Vargas Llosa, también hambriento, quien escribiría allí 'La ciudad y los perros'.
Durante su vida, fue el escritor al que más se le ha atribuido falsamente la autoría de un centenar de escritos que circulan por internet, sobre todo a través de cadenas (como una conocida carta de despedida, que resultó que no había escrito él).
Con 55 años, fue el Premio Nobel de Literatura más joven desde que la Academia le concediera el galardón a Albert Camus. García Márquez recogió el premio vestido con un liquiliqui, la vestimenta tradicional del Caribe oriental.
'Crónica de una muerte anunciada' narra unos hechos reales ocurridos en 1951: el asesinato de un amigo de García Márquez. Por petición expresa de la familia del difunto, el escritor, por entonces periodista, no publicó nada de aquello hasta 27 años más tarde, cuando le dio forma de novela.
Siempre había flores amarillas en su casa y en su mesa de trabajo por que las consideraba de buena suerte. Por contra, creía que los caracoles detrás de la puerta, los pavos reales, las flores de plástico o los fracs daban mala suerte.
'La metamorfosis' de Kafka fue el catalizador para que se convirtiera en escritor. "Yo no sabía que esto era posible hacerlo, pero si es así, escribir me interesa", decía.
Tras entrevistar a Shakira en 1999, Márquez se declaró fan suyo y escribió que su música "tiene un sello personal". Cuando se realizó la versión cinematográfica de 'El amor en los tiempos del cólera', 'Gabo' persuadió a Shakira de interpretar los temas principales de la película.
A pesar de ser un entusiasta del cine y de permitir la adaptación de algunas de sus obras, como la anteriormente citada, se aseguró de que no se hiciera con su novela más conocida, 'Cien años de soledad'.
En 1976, 'Gabo' tuvo una pelea con el también escritor Mario Vargas Llosa, hasta el punto de llegar a las manos y que nuestro autor quedara con un ojo morado. Según testigos, Márquez se acercó a Llosa y el peruano le dio un puñetazo, increpándole por "lo que le hiciste a Patricia" (su esposa). Hay quienes dicen que Márquez pudo haberle sugerido a Patricia que se separase de su esposo por una supuesta infidelidad de éste, o que Patricia, para vengarse de su marido, le diera a entender que había tenido una relación con 'Gabo'. En todo caso, las causas exactas de la pelea nunca se han aclarado.



Aforismos de Carl Sagan

Carl Sagan
(Nueva York, 1934-Seattle, EE UU, 1996) Astrónomo estadounidense. Cursó estudios en la Universidad de Chicago, donde se doctoró en astronomía y astrofísica en 1960. Posteriormente fue profesor de la Universidad de Berkeley, de la Universidad de Harvard y, a partir de 1968, de la Cornell University. En 1970 fue nombrado director del Centro de Estudios Planetarios. Colaborador habitual de la NASA, ideó los mensajes radiotelegráficos enviados por las sondas Pioneer 10 y 11 al espacio exterior para contactar con posibles civilizaciones extraterrestres. Contrario a la proliferación del arsenal nuclear, de cuyos peligros advirtió, fue un prolífico escritor de ciencia ficción, y en 1978 fue galardonado con el Premio Pulitzer por su obra Los dragones del Edén: especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana, si bien adquirió fama y popularidad por su obra Cosmos, que en 1980 fue convertida en serie televisiva y constituyó un éxito mundial.



martes, 6 de diciembre de 2016

"Crear una pequeña flor es un trabajo de siglos" de Abelardo Castillo





Posfacio a Las panteras y el templo (Abelardo Castillo)

En 1972 se publicó en Chile una colección más o menos completa de mis cuentos. Incluí en ese volumen algunas piezas inéditas de este libro, y cedí finalmente a una idea que me persigue desde la adolescencia: ordenar mis cuentos bajo un título único. De ahí, Los mundos reales. Hace años vengo sintiendo que, realistas o fantásticos, mis cuentos pertenecen a un solo libro. Y la literatura, a un solo y entrecruzado universo, el real, hecho de muchos mundos. Vasta y diversa región de la que no son ajenos la reflexión sobre el destino del hombre, el puro amor por la palabra y sus esplendores, o el testimonio político; país cuyos límites naturales van mucho más allá de las tierras de la locura y el sueño. Las otras puertas (1961), Cuentos crueles (1966), son y no son libros autónomos. Son, en rigor, etapas o momentos de un ciclo de historias cuya última página todavía no he escrito. O al menos, espero no haber escrito. Las panteras y el templo es apenas otra puerta de ese libro, Los mundos reales, único libro de cuentos que comencé a inventar antes de los 18 años, que crece y se modifica conmigo, y en el que encarnizadamente trabajaré toda mi vida. No se trata de un mero simulacro de orden, o de que a los cuarenta años me empiece a sentir más o menos póstumo. Así como hay poetas que han escrito una sola obra (pienso en Hojas de hierba, de Whitman; en Las flores del mal, de Baudelaire) yo siempre quise ser autor de un solo libro de cuentos. Compruebo que ya no van quedando escritores ascéticos, que se escribe de más y se publica demasiado: me basta entrar en una librería o leer el catálogo de una casa editora para alarmarme ante el porvenir de la literatura contemporánea; reducir a uno los libros de cuentos que escriba tiene (por lo menos en un sentido numeral, y para mi sola paz interior) la ventaja de achicar un poco mi colaboración con el olvido.

Suele reprochárseme que publique poco. También se me reprocha que corrija demasiado, que las reediciones de mis dramas y mis relatos nunca coincidan con la anterior, que desaparezcan párrafos y hasta historias enteras de mis libros. Nadie habló mejor que Valéry de esta manía de alargar hasta el vértigo la composición de los textos literarios, de esa orfebrería “de mantenerlos entre el ser y el no ser, suspendidos ante el deseo durante años, de cultivar la duda, el escrúpulo y los arrepentimientos, de tal modo que una obra, siempre reexaminada y refundida, adquiera poco a poco la importancia secreta de una empresa de reforma de uno mismo”. Yo también creo que hay una ética de la forma, yo también creo que ningún escritor puede afirmar honradamente que una obra está terminada sino a lo sumo postergada, y que publicarla por cansancio (o por cansancio destruirla) es accidental. No estoy de acuerdo con el modo de producir de mi generación, incluso estuve por escribir de mi tiempo. Y quizá debí escribirlo. Ya no se publican libros; se publican libretas de apuntes. Se manda a imprimir la primera versión de un texto y se le llama contraliteratura, o novela abierta, o antipoema. No hablo de obras como Ulises,  en las que el caos y la desesperación formal son justamente eso: desesperación de la forma. Hablo de quienes no se han puesto a pensar que para llegar al desorden y al vértigo del último Joyce hay que haber empezado por la transparencia de Dublineses, hay que haber llegado a no poder escribir de otro modo. La forma no es más que eso: el último límite de un artista, su imposibilidad de ir más lejos. Puede que algún lector se pregunte qué tiene que hacer esta declaración de principios estéticos en un libro de cuentos. Cierto; yo también me lo pregunto. Mi propósito era, en su origen, mucho menos espectacular. Sencillamente quería explicar lo que ya he dicho sobre Los mundos reales y develar algunos secretos privados. Por ejemplo, este libro se llama Las panteras y el templo por error. La frase de la que tomé el título es de Kafka (Aforismos sobre el pecado), y, en las dos traducciones  que poseo, no dice panteras sino leopardos. Ignoro si alguna vez leí otra versión, o si sencillamente  mi memoria mezcló los nombres de dos animales que fundamentalmente son el mismo –ya que la  pantera no es sino un leopardo negro–, pero sé que desde los veinte años no puedo dejar de imaginarme a esas nocturnas joyas de Dios bebiéndose el vino de los cántaros: no consigo ver leopardos. Soy incapaz, lo confieso, de renunciar a la palabra pantera: tenía diez años cuando leí El  libro de las Tierras Vírgenes, de Kipling; nunca amé a otro animal de la realidad o la ficción como a Baghera, la pantera negra. Cambiar el título de mi libro por un mero escrúpulo textual me parece una infidelidad mucho mayor que citar mal a Kafka.

La cita de Gógol que abre el volumen no me pertenece. No quiero decir que le pertenece a Gógol, sino que la tomé de un libro de Félix Grande. “Noche para el negro Griffiths” puede leerse como una discusión o una deuda. La primera versión de mi cuento es de 1959, pero lo terminé mucho después de haber leído “El perseguidor”. La tradición asegura que el plagio es la forma más sincera de la admiración: lo mismo vale para algunos desacuerdos. La trompeta, el hot, el barrio porteño de Barracas, opuestos al saxo, al bebop, al París de Cortázar, son polos de una velada discusión estética y momentos de mi deuda con un cuentista admirable . “Crear una pequeña flor es trabajo de siglos”, su título, es uno de los versículos de los Proverbios del Infierno, de Blake; en cuanto al relato en sí mismo, ningún lector argentino dejará de notar que la primera frase (“Soy un escritor fracasado”) alude deliberadamente a uno de los cuentos más atroces de Roberto Arlt. Al escribir “Crear una pequeña flor…”, no pretendí mejorar una historia que juzgo inmejorable, pero tampoco escribir la misma historia. Cuando leí “Escritor fracasado”, tuve una intriga: ¿cómo se comportaba ese hombre fuera de la literatura?, ¿qué le pasaba, por ejemplo, con una mujer? La única manera de averiguarlo era escribir yo mismo el cuento. Más de un crítico ha confundido al personaje de Arlt con el hombre que lo inventó: no pierdo las esperanzas de que me pase lo mismo. No me importa. Por otra parte hablo allí explícitamente de mi generación y hasta de mí, sólo que digo despreciar más de una cosa que amo. De cualquier modo, hay malentendidos inevitables: siempre existirá un crítico convencido de que Tolstoi era un caballo llamado Midelienzo y Kafka el mono que redactó Informe para una academia. Escribiendo aprendí por lo menos dos cosas. La elemental decencia de no negar mis fuentes, y otra, que pareciera ser su revés exacto: el no creer demasiado en la paternidad literaria de ciertos temas o ideas. El horror de mis cuentos no viene de Alemania, escribió Poe, viene de mi alma. Más o menos pienso lo mismo de la literatura en general. Explico las dos cosas de otro modo: a un escritor colombiano le pareció deslumbrante, en “Crear una pequeña flor…”, la idea de que a la realidad le gusten las simetrías. Es deslumbrante, lo reconozco. Es de Borges.



Abelardo Castillo, en Cuentos completos, Alfaguara, 1997

lunes, 5 de diciembre de 2016

JAIME SABINES lee sus POEMAS en el Palacio de Bellas Artes

Jaime Sabines Gutiérrez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo de 1926 - Ciudad de México; 19 de marzo de 1999) fue un poeta y político mexicano, considerado como uno de los grandes poetas mexicanos del siglo XX

Sus primeros pasos por la poesía fueron Introspección, A mi madre, Siento que te pierdo y Primaveral, los anteriores fueron publicados en el periódico El Estudiante, una publicación de las sociedades estudiantiles de la Escuela Normal y de la Preparatoria de Tuxtla Gutiérrez

En 1949 regresa a la Ciudad de México para ingresar a la licenciatura en «Lengua y literatura española» en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue alumno de Julio Torri, Agustín Yáñez, José Gaos y Eduardo Nicol. Entre sus compañeros de clase, destacan los nombres de Emilio Carballido, Sergio Magaña, Sergio Galindo, Rosario Castellanos y Ramón Xirau.1 La generación de Jaime Sabines -poetas, novelistas, dramaturgos, se reunía en un taller literario con Efrén Hernández. De éste Sabines comenta:

Convivir con ellos y el estudio de la carrera me hizo poeta en el sentido técnico. Me di cuenta de que tenía que evolucionar, aprender cosas nuevas para no quedarme atrás.

Entre sus influencias literarias se cuentan Ramón López Velarde, Rafael Alberti, Aldous Huxley, James Joyce, y en mayor medida Pablo Neruda.
En 1949 publicó Horal, su primer poemario. Carlos Pellicer le ofreció prologar la edición, pero Sabines rechazó la oferta pues deseaba que su obra se afirmara en méritos propios, y no en prestigios ajenos.

En 1951 es publicado su libro titulado La Señal. En el año de 1952 regresa a Chiapas debido a que su padre sufre un accidente, por lo tanto no puede terminar su carrera. Sin embargo, en 1952 aparece su libro Adán y Eva, su primera incursión en la poesía en prosa.
En 1954 se publicó uno de sus libros, quizá el menos entendido en su país y el más apreciado fuera de él, Tarumba.

En el año de 1959 se muda a México nuevamente para ayudar a establecer un negocio familiar, la fabricación de alimentos para animales, junto con su hermano Juan y al mismo tiempo continúa escribiendo.

En 1965, la compañía discográfica Voz Viva de México, grabó un disco con algunos poemas de Sabines con la propia voz del autor.

Sabines sufrió un accidente al caer por una escalera en el que se fracturó una pierna y la cadera, quedando con secuelas de por vida.

Después de siete años de vivir en Tuxtla, regresa a la Ciudad de México en donde escribe Diario Semanario. En el año de 1966 muere su madre, Doña Luz Gutiérrez, y en 1967 se publica la primera edición de Yuria.

Jaime Sabines era conocido como «El francotirador de la literatura» por pertenecer a un grupo que transformaba la literatura en realidad. Sus escritos se basaron en su presencia en diversos lugares cotidianos como la calle, hospitales, patios etcétera. Sus obras fueron traducidas a varios idiomas.

Octavio Paz, calificó a Sabines como uno de los mejores poetas contemporáneos de nuestra lengua, y agregó: "Su humor es un chaparrón de bofetadas, su risa culmina en un aullido, su cólera es acelerada y su ternura colérica. Pasa del jardín de la infancia a la sala de operaciones. Para Sabines, todos los días son el primero y el último día del mundo".