lunes, 29 de febrero de 2016

"El adivino" de Alekandr Nikoalevich Afanasiev.

Aleksandr Nikoláyevich Afanásiev  fue el mayor de los folcloristas rusos de la época, y el primero en editar volúmenes de cuentos de tradición eslava que se habían perdido a lo largo de los siglos.

Afanásiev tuvo que realizar un duro trabajo de recopilación, ya que los cuentos eslavos, al igual que los celtas irlandeses, no se dejaron por escrito, eran exclusivamente de tradición oral. Hecho agravado por las reformas del zar Pedro I el Grande, que dejó de lado la Rusia tradicional ortodoxo-eslava para introducir en las frías estepas el código de vida europeo. Los boyardos fueron sustituidos por los duques y marqueses y el lenguaje ruso se vio reducido a las clases media-baja de la sociedad rusa, pasando la nobleza a hablar en francés.




domingo, 28 de febrero de 2016

Café del Sur: Bertolt Brecht

Del Berlín de los años ‘20 al Nueva York de los ’50, de los musicales Broadway al cine de Hollywood, de los antiguos cabarets de Montmartre a los teatros del West End londinense, de la Gran Vía madrileña y de la Avenida Corrientes de Buenos Aires. Su influencia sigue viva hasta nuestros días. Historia del hombre que con su ironía, sarcasmo y compromiso cambió para siempre la historia de la canción y del teatro moderno.









sábado, 27 de febrero de 2016

"Un buen bistec" de Jack London

Por un bistec es uno de los cuentos sobre boxeo que Jack London, gran aficionado a este deporte, escribe a lo largo de su vida. Tom King es un púgil ya maduro que ha de ganar un combate para poder alimentar a su familia. La pelea entre el viejo héroe y un joven rival ocupa la mayor parte de este relato, narrado en un lenguaje ágil y directo. El autor de Colmillo blanco aprovecha el combate y el ambiente desesperanzado de los suburbios de alguna ciudad australiana para oponer la juventud a la vejez, la energía a la experiencia, y la fugacidad de la gloria frente a la aplastante permanencia del fracaso.








Audiolibro: "Los ladrones de cuerpos" de Robert Louis Stevenson


En un lugar llamado Debenham se congregan en la posada “George” el contador de la historia, un empresario de pompas fúnebres, el dueño del establecimiento, y un hombre llamado Fettes, escocés tan educado como borracho al que conocen en la zona como “el doctor”.

Cuando Fettes se tope con el médico Macfarlane en la posada, ambos se enfrentarán alarmando a sus acompañantes sobre la extraña relación que une a los dos, la cual implica el robo de cadáveres y el asesinato para conseguir los mismos con el propósito de su uso médico.

Brillante relato de Robert Louis Stevenson (“The Body Snatcher” en original), quien nos narra aquí un cuento lúgubre con escenas retrospectivas tras la introducción magistral de una situación misteriosa y la reunión de unos personajes enigmáticos que enganchan de manera firme a la trama.

La fuerza de las descripciones, la capacidad para implicar al lector en una intriga fenomenalmente construida o la captación de las diversas atmósferas en tonos sombríos muestran el poderío narrativo de este fenomenal escritor.

El texto, escrito en 1884 para ser publicado en el periódico “Pall Mall Gazette”, se centra en el clásico asunto de la venganza y del científico loco generando o moviéndose en ambientes criminales.review book stevenson body snatcher
Este relato corto fue llevado al cine en diversas ocasiones. Una de las adaptaciones más satisfactorias fue la protagonizada por Boris Karloff con dirección de Robert Wise.






viernes, 26 de febrero de 2016

"El fantasma" de Enrique Anderson Imbert

Cuento "El fantasma" del autor argentino Enrique Anderson Imbert. Leído por el propio autor y grabado por Radio Universidad Nacional de La Plata.

En este cuento Anderson Imbert nos muestra a un personaje que decide salirse de su cuerpo para ver qué hay después de la muerte.














Se dio cuenta de que acababa de morirse cuando vio que su propio cuerpo, como si no fuera el suyo sino el de un doble, se desplomaba sobre la silla y la arrastraba en la caída. Cadáver y silla quedaron tendidos sobre la alfombra, en medio de la habitación.

¿Con que eso era la muerte?

¡Qué desengaño! Había querido averiguar cómo era el tránsito al otro mundo ¡y resultaba que no había ningún otro mundo! La misma opacidad de los muros, la misma distancia entre mueble y mueble, el mismo repicar de la lluvia sobre el techo... Y sobre todo ¡qué inmutables, qué indiferentes a su muerte los objetos que él siempre había creído amigos!: la lámpara encendida, el sombrero en la percha... Todo, todo estaba igual. Sólo la silla volteada y su propio cadáver, cara al cielo raso.

Se inclinó y se miró en su cadáver como antes solía mirarse en el espejo. ¡Qué avejentado! ¡Y esas envolturas de carne gastada! "Si yo pudiera alzarle los párpados quizá la luz azul de mis ojos ennobleciera otra vez el cuerpo", pensó.

Porque así, sin la mirada, esos mofletes y arrugas, las curvas velludas de la nariz y los dos dientes amarillos, mordiéndose el labio exangüe estaban revelándole su aborrecida condición de mamífero.

-Ahora que sé que del otro lado no hay ángeles ni abismos me vuelvo a mi humilde morada.

Y con buen humor se aproximó a su cadáver -jaula vacía- y fue a entrar para animarlo otra vez.

¡Tan fácil que hubiera sido! Pero no pudo. No pudo porque en ese mismo instante se abrió la puerta y se entrometió su mujer, alarmada por el ruido de silla y cuerpo caídos.

-¡No entres! -gritó él, pero sin voz.

Era tarde. La mujer se arrojó sobre su marido y al sentirlo exánime lloró y lloró.

-¡Cállate! ¡Lo has echado todo a perder! -gritaba él, pero sin voz.

¡Qué mala suerte! ¿Por qué no se le habría ocurrido encerrarse con llave durante la experiencia. Ahora, con testigo, ya no podía resucitar; estaba muerto, definitivamente muerto. ¡Qué mala suerte!

Acechó a su mujer, casi desvanecida sobre su cadáver; y su propio cadáver, con la nariz como una proa entre las ondas de pelo de su mujer. Sus tres niñas irrumpieron a la carrera como si se disputaran un dulce, frenaron de golpe, poco a poco se acercaron y al rato todas lloraban, unas sobre otras. También él lloraba viéndose allí en el suelo, porque comprendió que estar muerto es como estar vivo, pero solo, muy solo.

Salió de la habitación, triste.

¿Adónde iría?

Ya no tuvo esperanzas de una vida sobrenatural. No, no había ningún misterio.

Y empezó a descender, escalón por escalón, con gran pesadumbre.

Se paró en el rellano. Acababa de advertir que, muerto y todo, había seguido creyendo que se movía como si tuviera piernas y brazos. ¡Eligió como perspectiva la altura donde antes llevaba sus ojos físicos! Puro hábito. Quiso probar entonces las nuevas ventajas y se echó a volar por las curvas del aire. Lo único que no pudo hacer fue traspasar los cuerpos sólidos, tan opacos, las insobornables como siempre. Chocaba contra ellos. No es que le doliera; simplemente no podía atravesarlos. Puertas, ventanas, pasadizos, todos los canales que abre el hombre a su actividad, seguían imponiendo direcciones a sus revoloteos. Pudo colarse por el ojo de una cerradura, pero a duras penas. Él, muerto, no era una especie de virus filtrable para el que siempre hay pasos; sólo podía penetrar por las hendijas que los hombres descubren a simple vista. ¿Tendría ahora el tamaño de una pupila de ojo? Sin embargo, se sentía como cuando vivo, invisible, sí, pero no incorpóreo. No quiso volar más, y bajó a retomar sobre el suelo su estatura de hombre. Conservaba la memoria de su cuerpo ausente, de las posturas que antes había adoptado en cada caso, de las distancias precisas donde estarían su piel, su pelo, sus miembros. Evocaba así a su alrededor su propia figura; y se insertó donde antes había tenido las pupilas.

Esa noche veló al lado de su cadáver, junto a su mujer. Se acercó también a sus amigos y oyó sus conversaciones. Lo vio todo. Hasta el último instante, cuando los terrones del camposanto sonaron lúgubres sobre el cajón y lo cubrieron.

Él había sido toda su vida un hombre doméstico. De su oficina a su casa, de casa a su oficina. Y nada, fuera de su mujer y sus hijas. No tuvo, pues, tentaciones de viajar al estómago de la ballena o de recorrer el gran hormiguero. Prefirió hacer como que se sentaba en el viejo sillón y gozar de la paz de los suyos.

Pronto se resignó a no poder comunicarles ningún signo de su presencia. Le bastaba con que su mujer alzara los ojos y mirase su retrato en lo alto de la pared.

A veces se lamentó de no encontrarse en sus paseos con otro muerto siquiera para cambiar impresiones. Pero no se aburría. Acompañaba a su mujer a todas partes e iba al cine con las niñas. En el invierno su mujer cayó enferma, y él deseó que se muriera. Tenía la esperanza de que, al morir, el alma de ella vendría a hacerle compañía. Y se murió su mujer, pero su alma fue tan invisible para él como para las huérfanas.

Quedó otra vez solo, más solo aún, puesto que ya no pudo ver a su mujer. Se consoló con el presentimiento de que el alma de ella estaba a su lado, contemplando también a las hijas comunes. ¿Se daría cuenta su mujer de que él estaba allí? Sí... ¡claro!... qué duda había. ¡Era tan natural!

Hasta que un día tuvo, por primera vez desde que estaba muerto, esa sensación de más allá, de misterio, que tantas veces lo había sobrecogido cuando vivo; ¿y si toda la casa estuviera poblada de sombras de lejanos parientes, de amigos olvidados, de fisgones, que divertían su eternidad espiando las huérfanas?

Se estremeció de disgusto, como si hubiera metido la mano en una cueva de gusanos. ¡Almas, almas, centenares de almas extrañas deslizándose unas encimas de otras, ciegas entre sí pero con sus maliciosos ojos abiertos al aire que respiraban sus hijas!

Nunca pudo recobrarse de esa sospecha, aunque con el tiempo consiguió despreocuparse: ¡qué iba a hacer! Su cuñada había recogido a las huérfanas. Allí se sintió otra vez en su hogar. Y pasaron los años. Y vio morir, solteras, una tras otra, a sus tres hijas. Se apagó así, para siempre, ese fuego de la carne que en otras familias más abundantes va extendiéndose como un incendio en el campo.

Pero él sabía que en lo invisible de la muerte su familia seguía triunfando, que todos, por el gusto de adivinarse juntos, habitaban la misma casa, prendidos a su cuñada como náufragos al último leño.

También murió su cuñada.

Se acercó al ataúd donde la velaban, miró su rostro, que todavía se ofrecía como un espejo al misterio, y sollozó, solo, solo ¡qué solo! Ya no había nadie en el mundo de los vivos que los atrajera a todos con la fuerza del cariño. Ya no había posibilidades de citarse en un punto del universo. Ya no había esperanzas. Allí, entre los cirios en llama, debían de estar las almas de su mujer y de sus hijas. Les dijo "¡Adiós!" sabiendo que no podían oírlo, salió al patio y voló noche arriba. 

jueves, 25 de febrero de 2016

"Las líneas de la mano" de Julio Cortázar


De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta por mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué, remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo  y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al puerto.
Ahí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina, donde un hombre triste bebe coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hasta el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.




miércoles, 24 de febrero de 2016

martes, 23 de febrero de 2016

"La pata de mono" de William Wymark Jacobs

William Wymark Jacobs (8 de septiembre de 1863 – 1 de septiembre de 1943) fue un humorista, novelista y cuentista británico. Se le conoce principalmente por uno de sus relatos macabros, La pata de mono (The Monkey's Paw), incluido en el libro de cuentos The Lady of the Barge (La dama de la barca, 1902). La mayor parte de su obra, sin embargo, se adscribe al género humorístico.

Jacobs nació en Wapping (Londres), en cuyos muelles trabajaba su padre. Asistió a un colegio privado y más tarde al Birkbeck College. En 1879 empezó a trabajar como funcionario de correos. Publicó su primer relato en 1885. Su camino hacia el éxito fue relativamente lento. Por motivos económicos, Jacobs no se atrevió a dejar su puesto de trabajo hasta 1899. Contrajo matrimonio al año siguiente con una militante sufragista, asentándose en Loughton, Essex, donde hoy se conserva una placa en su memoria.

Su producción literaria decreció notablemente durante la Primera Guerra Mundial, y a partir de entonces se dedicó principalmente a adaptar sus propias cuentos para el escenario. Su primera adaptación fue The Ghost of Jerry Bundler (‘El fantasma de Jerry Bundler’) estrenada en Londres en 1899.


Jacobs murió el 1 de septiembre de 1943 en Hornsley Lane (Islington, Londres).



lunes, 22 de febrero de 2016

"Esa mujer" de Rodolfo Walsh




Rodolfo Walsh (9 de enero 1943 - 25 de marzo 1977, desaparecido) lee su cuento Esa mujer.













Cafè del Sur: Umberto Eco

Programa especial dedicado a conmemorar el importante intelectual italiano recientemente fallecido. Un original juego musical sobre la memoria histórica, individual y colectiva, para seguir ejercitando el arte de la Memoria crítica y nunca olvidar.






 


sábado, 20 de febrero de 2016

¿Vos me ves?, de Poldy Bird

Relato de Poldy Bird, leído por La Voz Silenciosa.

















¿ Y qué puedo hacer ahora para demostrarte lo que entre broncas y recelos escondí?
¿Qué puedo hacer ahora, que no sé hacia qué lado dirigir mi voz para hablarte?
Ahora que el norte no importa, que la lluvia es pintada, que esté de mas el sol, que para qué sirven los jazmines, que nunca mas un tango, un Wagner, los Rollings, Patsie Claine enloqueciéndose, que las culpas abruman, que al fin sabés que te metiste en camisa de once varas por un amigo y fue el que te pateó, porque nadie aguanta tener que agradecer (y si no, como decía Arnaldo, mirá Cristo. Lo crucificaron porque les dio demasiado).
¿Vos me ves?
¿Vos andas dando vueltas todavía por aquí?
¿Vos no dejas que nadie me venga bien, que todos me parezcan poco menos que imbéciles, que los tipos que se me acercan digan justo, justito lo que me resulta ridículo, tonto, remanido, presuntuoso, predecible, inútil?
¿Vos hacés que pierda los papeles, los anillos, los anteojos, que no me acuerde de lo que tengo que hacer, que NO ME IMPORTE...?
No estoy.
No soy.
No puedo.
No me esfuerzo.
No se me dá la gana.
No me importa.
No espero que me digan "quédate", "veni", "andate".
No espero nada.
Van pasando las cosas, la vida va pasando.
Sucede.


A pesar de mí, sucede.
Ha llegado otro verano, que se escurrió entre lluvias y vientos anunciados por los que se alegran anunciando las catástrofes.
Unos azareros que pusimos en la terraza sobrevivieron el crudo invierno. Los compramos en un vivero de Maldonado hace cuatro años, ¿o cinco?, titubeando:
"¿aguantaran, no aguantaran?"
Nada es tan frágil como parece.


Nada es tan fuerte como creemos.
Casi todos los premios están arreglados.
Esperan que cumplas ochenta años para rendirte los honores que merecías desde los cuarenta y así se quedan con la conciencia tranquila cuando te morís. La alfombra roja solo es para los poderosos, no para los creadores, para los que cambian el pensamiento de la gente mejorándola, haciéndole subir un escaloncito a la raza humana.
Y no es que "el mundo es así".
El mundo es generoso, paciente, productivo, sensible, ¡no hace más que perdonar el daño espantoso que le hacemos, nuestra imparable depredación, nuestra autosuficiencia de matones!
Nos da y nos vuelve a dar. Flor tras flor. Color tras color. Sonido tras sonido.
Fruta tras fruta.

Nos da todo lo que necesitamos para vivir mientras agujereamos su ozono para freírlo.
¿Cómo le vas a echar la culpa al mundo, que cuida el delicado y pequeño nido del colibrí y la maravillosa telaraña de plata?
Y nos presta todo su aire para que nos comuniquemos.Pobre mundo debe creerse que nos hace sentir mas acompañados con las ondas de Internet...
No sabe (porque es ingenuo como mi tía Elsa) que la soledad no tiene nada que ver con la vida que tanto cuida.
Que la soledad es un virus que no tiene vacuna porque nadie la fabrica.
¡Imaginate la industria de la droga, las armas, y la corrupción si la vacuna se repartiera gratis! Porque debiera ser gratuita y obligatoria.
¿Vos me oís?
¿O estás concentradísimo atendiendo tu ausencia?
¿Ves tus libros ordenados por temas?
¿Ves mis lágrimas, ordenadas también por temas en las cajitas de los recuerdos y las añoranzas?
Si, te extraño. Si, te amo. Si, te pienso. Si, te ubico en el lugar de siempre, porque no creo en la desaparición total de nadie.
Si, sos parte de mi vida. Eso no puede cambiarse.
Vos sabés que lo único que no podemos cambiar es el pasado.
Menos mal, porque hay cosas tan bellas en el pasado, que locos como somos los humanos, podríamos cambiarlas en un rapto de bronca.

Hace un tiempo vi una inscripción, estaba escrita con aerosol en una paresita larguísima detrás de las vías del tren que va para Retiro. Decía, extendiendo el mensaje unos cien metros:
ALMA, LA VIDA ES HERMOSA
Y si no, pregúntale al mundo, a los azahares de los azareros, a la vaca del dulce de leche, a la carcajada de Beatriz Guido, al refinamiento de José Bianco, al trébol de los Irlandeses de mis ancestros, a los dientes nuevos de mi nieto el futbolista (que me oye fascinado cuando le cuento que ví a Neil Armstrong pisar la luna el 20 de julio de 1969, el día en que menos delitos se cometieron en el planeta, (¿sabías?)
Sí, terminante: LA VIDA ES HERMOSA. 

viernes, 19 de febrero de 2016

El robot que quería aprender

Audio relato o radio ficción de la mano de un texto bastante retro y preciosista de Harry Harrison, o más concretamente Henry Maxwell Dempsey, El robot que quería aprender.


audiorelatos.wordpress.com









miércoles, 17 de febrero de 2016

Payada Pa’ Satán, un corto contra la mega-minería

Payada pa’ Satán es un cortometraje animado contra la mega-minería dirigido por Antonio Balseiro y Carlos Balseiro.

La mega-minería es una industria químico-extractiva que genera graves impactos a todos los ecosistemas del mundo, contamina las reservas de agua dulce, afecta la salud de millones de personas y financia graves violaciones a los derechos humanos.

Los proyectos mineros están altamente concentrados en pocas empresas globales que controlan el mercado mundial de minerales; tanto los que sirven a la industria como los que funcionan para la especulación financiera. Estas empresas son tan poderosas que corrompen gobiernos en detrimento de la democracia y el bienestar social.

Además de la película, pueden ver una web informativa que explica qué es la megaminería y cómo opera en el mundo por medio de contactos con ONG’s activistas en el tema y documentales varios que tratan el tema.

Más información en www.payadapasatan.org





¿Hay vida antes de la muerte?, de Anthony de Mello


Un cuento de Anthony de Mello, leído por LA VOZ SILENCIOSA









lunes, 15 de febrero de 2016

"El viejo señor obispo" de Augusto Roa Bastos

Augusto Roa Bastos, escritor paraguayo (1917-2005), lee El viejo señor obispo (1977), el cuento está incluído en el libro "El trueno entre las hojas", publicado en 1953.













domingo, 14 de febrero de 2016

"El último peldaño de la escalera" de Stephen King

Un exitoso pero triste abogado revive un episodio de su infancia campesina después de recibir una carta de su hermana Kitty.













sábado, 13 de febrero de 2016

"Cenizas" de Roberto Fontanarrosa

Fragmento de "Todo con Afecto", con Alejandro Apo. Radio Nacional, Buenos Aires. Libro "El Rey de la Milonga", Roberto Fontanarrosa. Ediciones de la Flor.











jueves, 11 de febrero de 2016

martes, 9 de febrero de 2016

Película: "Prim. El asesinato de la calle del Turco" de Miguel Barden

'Prim, el asesinato de la calle del Turco', un thriller histórico, dirigido por Miguel Bardem, que se acerca a un suceso que continúa rodeado de misterio: el atentado mortal del general Juan Prim y Prats, entonces presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra. La tv movie gira en torno a las circunstancias que rodearon el atentado del que fue objeto el 27 de diciembre de 1870. Tres días después, el 30 de diciembre, se hacía pública su muerte.

"Mientras todos dicen uuuh" de Hernán Casciari

Podcast del Blog Orsai de Hernán Casciari: "Hace un mes, en diciembre, eran casi las ocho de la mañana de un miércoles y yo estaba viendo fútbol por televisión... "







AUDIOLIBRO: "Rita Hayworth y la redención de Shawshank" de Stephen King


"Rita Hayworth y la redención de Shawshank"  una novela corta del escritor Stephen King originalmente publicada en la colección Las cuatro estaciones en 1982.

La película de Frank Darabont The Shawshank Redemption (Sueños de libertad en la Argentina y México o Sueños de fuga en Chile y Perú y como Cadena perpetua en España) que obtuvo siete nominaciones a los Oscar en el año 1994 incluyendo la de mejor guion adaptado está basada en esta novela.

La historia comienza con Andy Dufresne, a quién se le acusa de asesinar a su esposa y al amante de ésta, por lo cual es condenado a dos cadenas perpetuas consecutivas en la prisión de Shawshank. A partir de aquí Andy se relaciona con algunos reos de la prisión, en especial con uno apodado "Red", el típico reo que consigue cosas dentro de la prisión. A éste, Andy le pide solo dos cosas: un pequeño pico y un póster de Rita Hayworth. Esta mini novela de King ha sido ampliamente alabada y marcó su reconocimiento no solo como escrito de terror, sino también como dramático.



lunes, 8 de febrero de 2016

"Para hacer el retrato de un pájaro" de Jacques Prevert

"Para hacer el retrato de un pájaro" de Jacques Prevert

Locución: Manuel López Castilleja



















Pintar primero una jaula
Con la puerta abierta
Pintar después algo bonito
Algo simple algo bello
Algo útil para el pájaro
Apoyar después la tela contra un árbol
En un jardín en un soto
O en un bosque esconderse tras el árbol
Sin decir nada sin moverse
A veces el pájaro llega enseguida
Pero puede tardar años
Antes de decidirse
No hay que desanimarse
Hay que esperar
Esperar si es necesario durante años
La celeridad o la tardanza
En la llegada del pájaro
No tiene nada que ver
Con la calidad del cuadro
Cuando el pájaro llega si llega
Observar el más profundo silencio
Esperar que el pájaro entre en la jaula
Y una vez que haya entrado
Cerrar suavemente la puerta con el pincel

Después borrar uno a uno todos los barrotes
Cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro

Hacer acto seguido el retrato del árbol
Escogiendo la rama más bella para el pájaro
Pintar también el verde follaje
Y la frescura del viento
El polvillo del sol
Y el ruido de los bichos de la hierba en el calor estival
Y después esperar
Que el pájaro se decida a cantar

Si el pájaro no canta mala señal
Señal de que el cuadro es malo
Pero si canta es buena señal
Señal de que podéis firmar
Entonces arrancadle delicadamente
Una pluma al pájaro
Y escribid vuestro nombre
En un ángulo del cuadro

Ilustraciones del libro de Mordicai Gerstein 
"How to Paint the Portrait of a Bird"


domingo, 7 de febrero de 2016

Café del Sur: Una habitación con vistas

Borges, Darwin, Ulises, Joyce, Salgari, Kant a ritmo de las últimas novedades discográficas de las dos orillas del océano. Un Café del Sur para saborear con lentitud en busca de los viajes reales pero sobre todo los imaginarios.

Un viaje por el panorama musical contemporáneo latinoamericano, español e italiano para descubrir pequeñas joyas de la actualidad discográfica independiente. Conoceremos a nuevos discos, proyectos musicales y artísticos originales, sutiles e inteligentes para seguir construyendo puentes para juntar fronteras entre géneros, países y estilos musicales








sábado, 6 de febrero de 2016

"Otro poema de los dones" - Jorge Luis Borges

Otro poema de los dones - Jorge Luis Borges - Narrado por Norberto Jansenson







OTRO POEMA DE LOS DONES

Jorge Luis Borges

Gracias quiero dar al divino Laberinto de los efectos y de las causas
Por la diversidad de las criaturas que forman este singular universo,
Por la razón, que no cesará de soñar con un plano del laberinto,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad,
Por el firme diamante y el agua suelta,
Por el álgebra, palacio de precisos cristales,
Por las místicas monedas de Ángel Silesio,
Por Schopenhauer, que acaso descifró el universo,
Por el fulgor del fuego,
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el cedro y el sándalo,
Por el pan y la sal,
Por el misterio de la rosa, que prodiga color y que no lo ve,
Por ciertas vísperas y días de 1955,
Por los duros troperos que en la llanura arrean los animales y el alba,
Por la mañana en Montevideo,
Por el arte de la amistad,
Por el último día de Sócrates,
Por las palabras que en un crepúsculo se dijeron de una cruz a otra cruz,
Por aquel sueño del Islam que abarcó mil noches y una noche,
Por aquel otro sueño del infierno,
De la torre del fuego que purifica 
Y de las esferas gloriosas,
Por Swedenborg, que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
Por los ríos secretos e inmemoriales que convergen en mí,
Por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbria,
Por la espada y el arpa de los sajones,
Por el mar, que es un desierto resplandeciente
Y una cifra de cosas que no sabemos 
Y un epitafio de los vikings,
Por la música verbal de Inglaterra,
Por la música verbal de Alemania,
Por el oro, que relumbra en los versos,
Por el épico invierno,
Por el nombre de un libro que no he leído: Gesta Dei per Francos,
Por Verlaine, inocente como los pájaros,
Por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
Por las rayas del tigre,
Por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,
Por la mañana en Texas,
Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
Y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
Por Séneca y Lucano, de Córdoba
Que antes del español escribieron 
Toda la literatura española,
Por el geométrico y bizarro ajedrez
Por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
Por el olor medicinal de los eucaliptos,
Por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre, que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
Por la noche, su tiniebla y su astronomía,
Por el valor y la felicidad de los otros,
Por la patria, sentida in los jazmines, o en una vieja espada,
Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con la suma de las criaturas 
Y no llegará jamás al último verso 
Y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio,
Por los minutos que preceden al sueño,
Por el sueño y la muerte, esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la música, misteriosa forma del tiempo.