domingo, 28 de mayo de 2017

"La Portuguesa" de Robert Musil

Musil provenía de una familia de la baja nobleza. Musil se rebelaba ante la educación y sus padres le enviaron todavía siendo un niño como interno en la escuela militar de Eisenstadt, de 1892 a 1894. En septiembre de este año, entró en el instituto militar para jóvenes oficiales Mährish-Weisskirchen, en Hranice (1894-1897). Fue una experiencia que le serviría, luego, para escribir su primera novela, Las tribulaciones del estudiante Törless. Abandonó sin embargo dicha academia, dado su interés por la técnica y la ciencia, y se licenció como ingeniero (1898-1901) en la escuela superior de Brno

Su curiosidad incesante le llevó a extender sus estudios a la psicología, la lógica y la psicología experimental en la Universidad de Berlín, 1903-1908. Enseñó ingeniería mientras escribía su primera novela, Las tribulaciones del joven Törless (1906), con una dura descripción de la vida de adolescentes en un colegio militar. El éxito de esta obra le animó a dejar la enseñanza y a compaginar su trabajo como bibliotecario y editor de la revista Die neue Rundschau, en Berlín (1914), con la escritura de dos novelas cortas sobre las relaciones amorosas, Uniones (1911).
Salvo dos años más en Berlín (1931–1933), vivió en Viena hasta la anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938, momento en el que se exilió en Suiza, en parte por el origen de su mujer Marthe Marcovaldi, con la que se había casado en 1911, en parte por su visceral oposición política e ideológica. Murió en Ginebra, con grandes dificultades económicas, en 1942, apoyado fuertemente por su mujer; algunos amigos que le ayudaron anónimamente.

En este lapso final, su tarea fundamental fue escribir una larga (dos volúmenes), panorámica e inacabada novela, El hombre sin atributos (1930–1943), cuya idea original se remonta a 1905.3 En ella examina la existencia sin objetivos de su personaje principal, Ulrich, un antihéroe, sobre el fondo de la sociedad austriaca anterior a 1914 en plena crisis; pero la novela es mucho más que el testimonio del final del Imperio. Su minuciosa recreación la lleva a cabo considerando una especie de sociedad patriótica (la acción paralela), las discusiones con unos amigos nietzscheanos, y ciertos amoríos, incluyendo sus complicadas y singulares relaciones con su hermana. Constituye una de las obras narrativas más ambiciosas del siglo XX, en la que se discuten mil teorías (poder, música, crimen, amor, desmedida social, influjo del pensamiento en la acción). Su reescritura continua en más de una década favoreció esa profundización y también esa dispersión.5

En suma, El hombre sin atributos consagró póstumamente a Musil, como un escritor que en sus obras combinó de una manera excepcional la reflexión y los hechos, la ironía con la utopía, para analizar la gran crisis espiritual de su época y la descomposición del Imperio austro-húngaro y la complejidad del siglo que le arrasaría personalmente en 1942, antes de que pudiese ver el desastre último de una política criminal.



Café del Sur: Todo Cambia

Algunos grandes clásicos de la canción argentina, chilena y cubana entre tango, folklore y bolero, en originales versiones traducidas en italiano e inglés. Un homenaje musical a la gran tradición de la canción latinoamericana del siglo XX en formatos y arreglos realmente exclusivos. Para seguir derribando fronteras.

sábado, 13 de mayo de 2017

DISPAROS EN LA BIBLIOTECA CAP 02 - El extraño caso del señor Renzi

Serie "Disparos en la biblioteca", capítulo 02 completo.

El extraño caso del señor Renzi: los dobles y los alter ego en la literatura policial. Ricardo Piglia y la muerte de su otro yo, Emilio Renzi. Ayudan a Juan, Silvia Hopenhayn y el misterioso J.L.








"La busca de Averroes" de Jorge Luis Borges


"La busca de Averroes"

El Aleph, 1949

Empecemos por una de sus tantas posibles lecturas, a través de los subrayados:

que la divinidad sólo conoce las leyes generales del universo, lo concerniente a las especies, no al individuo.

de algún patio invisible se elevaba el rumor de una fuente;

se dilataba hacia el confín la tierra de España, en la que hay pocas cosas, pero donde cada una parece estar de un modo sustantivo y eterno.

Aristóteles. Este griego, manantial de toda filosofía, había sido otorgado a los hombres para enseñarles todo lo que se puede saber;

La víspera, dos palabras dudosas lo habían detenido en el principio de la Poética. Esas palabras eran tragedia y comedia. Esas dos palabras arcanas pululaban en el texto de la Poética; imposible eludirlas.
De esa estudiosa distracción lo distrajo una suerte de melodía.

con esa lógica peculiar que da el odio.

habla de un árbol cuyo fruto son verdes pájaros. Menos me duele creer en él que en rosas con letras.

pero se deja describir con las mismas voces.

–Los actos de los locos –dijo Farach– exceden las previsiones del hombre cuerdo.

Al fin habló, menos para los otros que para él mismo.

sólo es incapaz de una culpa quien ya la cometió y ya se arrepintió; para estar libre de un error, agreguemos, conviene haberlo profesado.

si el fin del poema fuera el asombro, su tiempo no se mediría por siglos, sino por días y por horas y tal vez por minutos. La segunda, que un famoso poeta es menos inventor que descubridor.

Infinitas cosas hay en la tierra; cualquiera puede equipararse a cualquiera. Equiparar estrellas con hojas no es menos arbitrario que equipararlas con peces o con pájaros. En cambio, nadie no sintió alguna vez que el destino es fuerte y es torpe, que es inocente y es también inhumano. Para esa convicción, que puede ser pasajera o continua, pero que nadie elude, fue escrito el verso.

el tiempo, que despoja los alcázares, enriquece los versos.

condenó por analfabeta y por vana la ambición de innovar.

Reflexioné, después, que más poético es el caso de un hombre que se propone un fin que no está vedado a los otros, pero sí a él.
Sentí, en la última página, que mi narración era un símbolo del hombre que yo fui, mientras la escribía y que, para redactar esa narración, yo tuve que ser aquel hombre y que, para ser aquel hombre, yo tuve que redactar esa narración, y así hasta lo infinito. (En el instante en que yo dejo de creer en él, «Averroes» desaparece.)

El tiempo agranda el ámbito de los versos y sé de algunos que a la par de la música, son todo para todos los hombres.

http://delaberintosydeespejos.blogspot.com.ar





miércoles, 10 de mayo de 2017

"Sacrificio" de Phil K. Dick (1953)

Un hombre vive con miedo pues las hormigas le atacan cuando sale de casa. Cada vez son más agresivas, y es tan obvio que ni siquiera se para demasiado tiempo a cuestionar que sea todo fruto de su imaginación. De hecho, las hormigas no son el único insecto con el que acabará estableciendo algún tipo de contacto. ¿Conseguirá defenderse del ataque de las hormigas?

El propio Dick dijo, refiriéndose a este cuento: “Tuve la idea cuando un día una mosca revoloteó alrededor de mi cabeza y pensé (esto sí que es paranoia) que se estaba riendo de mi”. La cita, incluyendo la acotación, es textual.

Otra vez Dick no tiene piedad con la condición de sus personajes, tanto física como psicológica. Lo que parece un episodio agudo de esquizofrenia oculta una realidad que va mucho más allá - incluso más allá de la importancia de la propia humanidad. Verte atrapado en una guerra que ha durado millones de años y comprender el nulo valor intrínseco de tu existencia es un poco duro. Este cuento se publicó por primera vez en 1953 bajo otro título: “Expendable” (reemplazable) en “The magazine of fantasy and science fiction”.



martes, 9 de mayo de 2017

"Cobijo por una noche" de Robert Louis Stevenson

Las nuevas mil y una noches (New Arabian Nights) es una colección de cuentos de Robert Louis Stevenson. Los cuentos fueron publicados en revistas desde 1877 hasta 1880. La colección fue publicada en libro en 1882.

La obra se divide en dos volúmenes.


Volumen 1


El primer volumen consta de 7 historias que originalmente se llamaron en conjunto Latter-day Arabian Nights (Cuentos de los últimos días de las mil y una noches). Los historias fueron publicadas sueltas pero como serial por The London Magazine desde junio hasta octubre de 1878. Los cuentos de este primer volumen se agrupan en dos ciclos:


El club de los suicidas (novela)







El diamante del rajá


Los cuentos de El diamante del rajá (The Rajah's Diamond) fueron publicados en The London Magazine desde junio hasta octubre de 1878. El ciclo comprende 4 historias:

Historia de la sombrerera (Story of the Bandbox).
Historia del joven clérigo (Story of the Young Man in Holy Orders).
Historia de la casa de las persianas verdes (Story of the House with the Green Blinds).
Historia del príncipe Florizel y el detective (The Adventure of Prince Florizel and a Detective).


Volumen 2


El segundo volumen recoge 4 historias independientes publicadas antes en otras revistas:


El pabellón de las dunas


El pabellón de las dunas (The Pavilion on the Links) se publicó por primera vez en los n.os 42 y 43, de septiembre y octubre de 1880, de la revista literaria The Cornhill Magazine. La publicada en el libro de 1882 es una versión revisada. La narración se desarrolla a lo largo de 9 episodios cortos.



Los otros cuentos


Cobijo por una noche (A Lodging for the Night). Obra de 1877.
La puerta del señor de Malétroit (The sire de Malétroit’s Door). Obra de 1877.
La providencia y la guitarra (Providence and the Guitar). Obra de 1878.





lunes, 8 de mayo de 2017

Audiolibro: "Pedro y Juan" de Guy de Maupassant (Audio Completo)

La familia Roland acaba de conocer una sorprendente noticia: Juan, el menor de los hijos, está a punto de recibir una gran fortuna, herencia de un viejo amigo de la familia. Este acontecimiento feliz despierta en Pedro, el hermano mayor, una discusión interior que lo atormentará con difíciles interrogantes. En su afán por responderse, Pedro descubre que la fortuna de Juan esconde un antiguo secreto de familia. La relación familiar, en especial la de Pedro y su madre, se quiebra por causa de inesperadas acusaciones. Pedro y Juan disfrutaron una misma educación familiar y la misma habitual satisfacción de la burguesía del siglo XIX, empinada hacia los privilegios y placeres ostentados siglos atrás por la nobleza. Ambos optaron también por parecidos estudios académicos y, con éstos, por muy parecidas posibilidades profesionales. Pedro abriría un dispensario médico en la ciudad, El Havre, y Juan, abogado, ejercería en leyes. Con tan paralelas instrucción profesional y humana, el futuro de los hermanos compartía expectativas de éxito personal y social justamente cercanas. Pero la inesperada fortuna en favor de Juan revelará las notables diferencias de carácter entre Pedro y Juan; y en la revelación, el lector descubrirá también la fragilidad de los lazos familiares y las consecuencias de antiguos errores personales. Cada uno de estos hermanos ofrece al lector un modelo de respuesta ante las vicisitudes del destino. Por decisión del autor, estas respuestas se oponen, de lo que resulta, pues, la oposición inevitable entre los personajes: mientras Juan recibe la herencia con natural complacencia, anticipando para sí un satisfactorio futuro, Pedro se atormenta preguntándose las razones de ese tan imprevisto accidente que, sin ocasionarle perjuicio personal, lo desfavorece claramente. Real como la vida misma.



Jazz Moderno, Suave, Alegre y Contemporaneo

Música de jazz moderno y relajante instrumental con saxofón para trabajar, estudiar, concentrarse o relajarse. Jazz alegre y contemporáneo, suave y romántico.










domingo, 7 de mayo de 2017

Café del Sur - Fama y soledad de Picasso

En ocasión del 80 aniversario del Guernica dedicamos un programa especial al pintor revolucionario que desafió a los valores de su época para convertirse en uno de los artistas más idolatrados, ricos, enigmáticos, solitarios de la historia del arte contemporáneo. A través de la mirada de ilustre crítico de arte británico John Berger, cuya imprescindible biografía sobre el célebre pintor nacido en Málaga Alfaguara acaba de reeditar, buscaremos una banda sonora original para contar la historia de un hombre que desafió al siglo XX para terminar convirtiéndose en un mito.


sábado, 6 de mayo de 2017

"Los Nutrieros" de Rodolfo Walsh




















Los Nutrieros


Renato oyó los tiros. Volaron patos y garzas, y en la lejanía una nubecilla de humo azul se desguedejó lentamente en la quietud infinita de la tarde.
Al filo de la noche volvió Chino Pérez, ceñudo y silencioso. Traía a remolque un bote pintado de rojo, con las letras blancas en el costado de babor: “San Felipe”
Lo encontré -explicó, sin mirar a Renato­. Creo que es de la estancia ­Y añadió al cabo de una pausa­: Se habrá cortado el amarre.
Renato se incorporó lentamente, fumando su pipa, y acercóse a la orilla. Renato era bajo y escuálido. Sus ojos azules tenían una fijeza de alucinado, que desmentía el diseño casi pueril de la boca.
La cadena del bote era nueva, Renato vio que estaba intacta, pero no dijo nada. En el fondo había flamantes aparejos de pesca y un rifle calibre 22; en uno de los bancos, un “sweater” de lana a rayas multicolores.
¿Cazaste algo?­preguntó Renato en voz baja.
No ­replicó su compañero. Y agregó con una sonrisa torva­: Gallaretas.
Oí los tiros ­dijo Renato. Chino Pérez no contestó. Ensimismado y remoto sentóse en la orilla de la isleta; se sacó las alpargatas y hundió los pies en el agua fría con la mirada clavada en la distancia.
Aquella noche hubo desvelo de perros en la costa de la laguna; pisadas y linternas; voces apagadas, que el viento traía y llevaba. Renato dormía. Chino Pérez estuvo fumando, absorto y lejano, hasta que el cielo empezó a clarear.
Chino Pérez terminó de cuerear las nutrias y estaqueó los cueros. Renato lo observaba con sus ojos azules e impávidos.
Chino Pérez tapó con tierra el fogón, y luego tendió la mirada a lo lejos. El agua había tomado un color plomizo, y en el oro verde de los juncos se alargaban las primeras sombras. Por los confines de la laguna, ensimismada en la quietud vesperal, entre las últimas barreras de juncos, flotaban a ras del agua nubecillas de vapor.
Está bien, hermanito; esta noche es la vencida ­ dijo Chino Pérez sin volverse.
Los dos botes balanceábanse. En la orilla de la isleta. Las líneas de pesca se sacudían a intervalos con breves convulsiones eléctricas. “Dientudos”, pensó Chino Pérez de mal humor. Todavía no era la hora de las tarariras. Las tarariras se llevaban la línea de un golpe, dejándola tensa y vibrante como una cuerda de violín.
Ya sé que querés irte­dijo Chino Pérez.
Renato no contestó. Dejó que el silencio flotara entre ellos, separándolos, restituyéndolos a sus mundos distintos, suavemente, sin violencias.
Chino Pérez era de baja estatura, fornido, cetrina la faz, tallado a cuchillo el entrecejo, hirsuto el pelambre, pétrea y estólida la expresión.
A lo lejos, en el campo, encendióse una luz. Ladraron perros. Gorgoteaba el agua.
“Ya sé que querés irte ­pensó Chino Pérez­. Yo también quiero irme”­meditó mirando el bote de la estancia. Las rayas coloridas del “sweater” se destacaban en la oscuridad. Chino Pérez no había querido tocar nada. Un temor recóndito le impedía poner la mano sobre cualquiera de esas cosas. “Ya te vendrán a buscar”, pensó con saña.
Luna llena: pila de monedas amarillas y temblonas sobre el paño gris del agua. En el fondo del juncal gritó la nutria; era un grito quejumbroso, como el gemido de un ser humano. Chino Pérez se levantó el cuello del saco, como si tuviera frío.
Ya puse las trampas ­dijo. Renato pensó que no hacía falta decirlo. Lo había visto salir temprano, en el bote, con las trampas, preparadas para ponerlas en los nidos y comederos.
Chino Pérez acercóse al fogón y se acuclilló, frotándose las manos. Entonces advirtió que él mismo había apagado el fuego y lamentó haberlo hecho. “Mañana nos vamos­ pensó­. Para siempre”. Tres meses durmiendo en cualquier parte, sobre la tierra húmeda y podrida, sin encender fuego de noche, sin mostrar el bulto de día. Tenía el gusto del pescado pegado a la garganta. Escupió con asco.
¿Y qué vas a hacer, gringo, con la plata?
¿La plata? ­Renato parpadeó­. Volveré a la chacra ­dijo a la vuelta de un largo rato. Su padre había querido tener un tractor. Toda su vida había querido eso. Ahora estaba muerto, en medio del campo, y los tractores pasaban por encima de sus huesos. Muerto, para siempre, y sin estrellas. El espejismo había renacido en el hijo, más torturado y violento: para hacerlo realidad a la fuerza, se había metido a nutriero. En la estancia vecina a la chacra de su padre había visto una vez un tractor de oruga, un Caterpillar pintado de rojo... Renato, acaso sin saberlo, tenía la tierra metida en todo el cuerpo, como sus padres y sus abuelos. Salió de su ensoñación con algo parecido a un escalofrío.­Si la cobramos...­agregó en voz baja.
Chino Pérez, cabizbajo, pateó el suelo húmedo. Oyóse un chapoteo en el agua, y una de las líneas quedó bruscamente tirante. Empezó a retirarla, despacio, con acompasados movimientos de ambas manos. Cabresteaba la tararira, veloz y frenética al extremo de la línea, mordiendo el hilo reforzado con alambre. Con un último tirón la sacó a la orilla. Brillaban en la boca del pescado los dientes amarillos y fuertes, y sus ojos tenían una fijeza azulina y viscosa. Chino Pérez la sujetó con el pulgar y el índice por las agallas y la golpeó dos veces en la cabeza con el mango de un rebenque. Después le sacó el anzuelo. Silbó en el aire la plomada de tuercas y hundióse en el agua.
Renato apagó la pipa y se puso en pie.
Voy a recorrer las trampas ­dijo.
Dejá; voy yo­ replicó Chino Pérez. Su acento se dulcificó­. Mejor que duermas un poco, hermano. Mañana hay que caminar mucho.
Renato obedeció. Acostóse sobre unas lonas, con la ropa puesta; y antes de quedarse dormido, vio por última vez la silueta de su compañero, erguido sobre el bote, remando a la luz de la luna.
Chino Pérez hundía el remo silencioso y el bote quebraba el espejo terso y pulido del agua. Dormía la laguna profunda de ecos y rumores. Las cejas de los juncales se destacaban nítidas y oscuras.
Chino Pérez no siguió el camino de costumbre. Un miedo supersticioso y agudo le aleteaba en la sangre. No estaba acostumbrado al miedo. Pugnaba por sacudírselo, como un perro a un tábano. Al llegar frente a la isleta de espadañas, dejó de remar.
En el recodo de la isleta, la tarde anterior se le había aparecido el hijo del mayordomo en el bote de la estancia. Chino Pérez lo había visto una sola vez, de lejos, recorriendo el campo, pero lo reconoció en seguida. Al ver al nutriero, un gesto de hombría le había curvado los dedos en torno al rifle. No mediaron palabras, ni hacían falta. Con ese mismo gesto viril en el rostro adolescente se había doblado y había caído por la borda­un tiro en la garganta­, entre las ásperas ortigas de agua.
Chino Pérez no quiso pasar por allí. En la isleta dejaba dos buenas trampas. “Que se quede con ellas el mayordomo”, pensó torvamente.
El viento soplaba de la costa, peinando los juncos. Un cencerro trasudaba gotas de sonido en las manos heladas del aire.
Y se hizo de pronto, a lo lejos, la noche de los perros, de los tiros, del odio desatado como una llamarada. Chino Pérez oyó las voces sordas que el encono aceraba. Se las traía el viento, acres y feroces como mordeduras.
Después fue el silencio, más súbito, más grande y terrible que antes. El silencio de la laguna, preñado de misterio.
De lejos lo ventearon los perros. Chino Pérez arrastrábase por el pajonal, sigiloso como un gato, en dirección al Molino Grande, en desuso desde que las aguas del cuadro se tornaron salobres.
Al pie del molino los peones de la estancia habían encendido una fogata. A su cárdeno resplandor se destacaba en silueta la figura del mayordomo, sombrío como la noche, los brazos cruzados, separadas las piernas, desafiando a la noche a que le quitara su venganza.
A la luz de la luna giraba la rueda del Molino Grande, como una enorme flor blanca. Giraba lentamente, deteniéndose a ratos; y amarrado a las aspas chorreando sangre, con los ojos vidriados de dolor y espanto, giraba el cuerpo torturado de Renato. El viento traía y llevaba sus gemidos, y la rueda giraba lentamente bajo el cielo tachonado de estrellas.
A doscientos pasos del molino se detuvo Chino Pérez para tomar aliento. Quemábanle en las manos las pinchaduras de los abrojos. Los perros se revolvieron, inquietos, recrudeciendo el coro exasperado de ladridos. Siguió avanzando. A intervalos le llegaba el quejido estertoroso de Renato.
Paciencia, hermanito. Paciencia.
Se detuvo a cien pasos del molino.
Chino Pérez no erraba nunca un tiro. A veinte metros de distancia mataba una nutria con un tiro en el ojo, para no perforar el cuero.
Paciencia, hermano.
Alzó el winchester, despacio, muy despacio. Las miras se clavaron en el semblante taciturno del mayordomo, vacilaron un instante, después siguieron subiendo por el bruñido esqueleto del molino. La rueda dio media vuelta más y se detuvo chirriando, dejando a Renato vertical, de pie en lo alto, suspendido y solo, con los ojos azules extraviados.
Chino Pérez apretó el gatillo.


Programa de Radio conducido por Chacho Marzetti que sale de lunes a viernes de 23hs a 1hs por AM 750 Radio Nacional Córdoba y www.nacionalcordoba.com.ar Producción y Web Master Manuel Allasino.





DISPAROS EN LA BIBLIOTECA CAP 01 - Un caso sin norte

Serie "Disparos en la biblioteca", capítulo 01 completo.
Un caso sin norte: la misteriosa desaparición de una brújula es el primer caso del detective literario Juan Sasturain. Empujado por Doris, su secretaria, Juan resuelve el misterio con la ayuda de Guillermo Martínez, Luis Chitarroni y el misterioso "J.L.", informante clave. Y, por supuesto, con las pistas que aparecen en la literatura policial de Borges.






viernes, 5 de mayo de 2017

Ernest Hemingway un homenaje

Como homenaje al escritor estadounidense Ernest Hemingway, primero una semblanza por parte del escritor español Enrique Vila-Matas. Después apartes del libro París era una fiesta.









jueves, 4 de mayo de 2017

"El mar del tiempo perdido" de Gabriel García Márquez

El cuento se basa en la historia de Petra y el viejo Jacob. Cuando Petra, la esposa, siente un olor a rosas por la noche, lo ve como la señal de Dios, ya que ella le ha pedido a Dios que cuando su tiempo llegue que le avise con tiempo de manera que ella se pueda ir y no la entierren en el mar, asi como toda la demás gente. A la mañana siguiente le comunica esto al viejo Jacob y el no cree lo que su esposa le está diciendo y además le pide que la entierre viva, y el no cree en las cosas que le está diciendo. Ya a la hora de abrir el puesto donde antes estaba una tienda, saco una mesa para jugar a las damas. Le pregunto a un señor llamado “Máximo Gómez”. Le conto lo que su esposa había dicho y el le respondió que entonces mitad del pueblo se moriría ya que todos hablaban de eso.






"La secta del Fénix" de Jorge Luis Borges

En la Secta del Fénix , Borges refleja todo el tema de su herencia , la tradición de una familia que pasa de una generación a otra .

En las familias de los sectarios el ritual era guardar un secreto , esa es la característica de los sectarios , este al nacer un niño de la secta no es enseñado(el secreto) no por el padre , no por su madre , no por su padre , no por un templo sino por una persona de bajo peso social un mendigo , un leproso , otro niño . 

En el texto Heráldica y Herencia dice¨... la familia aparece como productora de héroes , en la realidad es la que hace la historia....¨ esto significa que la familia reproduce , para Borges, las costumbres , las religiones , las leyes de la sociedad y eso es lo que hacen los sectarios , crecer con la sociedad pero manteniendo una costumbre sagrada que los acompaña generación tras generación guardar un secreto muy valioso .Lo único que difiere de lo que dice Borges al respecto de la familia en los sectarios es diferente ya que los que enseñan la costumbre de los sectarios , el secreto son mendigos , linyeras , pordioseros , vagabundos o niños.

Borges también habla de un “Caos Universal” porque el hombre nunca llega a crear una ley universal para todos , porque no todos la comprenderían o la compartirían , los sectarios o los miembros de la secta del Fénix parece que encontraron esa ley universal , eso que los une el secreto ya que ellos están insertos en todo tipo de sociedades pasando inadvertidos , se amoldaron a todo los tipos de sociedades, por eso no fueron perseguidos en ningún momento de la historia , como decía antes a ellos no los une su piel , su ideología política su vestimenta , no le imponen nada a nadie , los que los une solamente es el secreto sagrado , además son bastantes liberales por que al no imponer ninguna restricción a sus integrantes( excepto la de guardar el secreto) , permiten la existencia de su secta , por que hoy en día las sectas extremistas son muy pocas y muy chicas .

-Lo que también es muy interesante es que los sectarios tienen una visión de la sociedad muy solidaria ya que el que enseña y reproduce es gente muy pobre o muy inexperta (niños) .
-Otro tema que nombra Borges es el tema de que la historia es cíclica sin futuro , si bien los sectarios son bastante abiertos y liberales cargan en sus hombros de por vida y para toda la historia un secreto
que nunca van a poder decir . Por lo tanto la historia de los sectarios se vuelve cíclica ya que avance o no la sociedad ellos van a seguir con la visión de dios que tienen y con ese secreto para siempre lo cual produce una negativa al progreso ya que siempre van a estar en la misma realidad. Los sectarios miran de una manera subjetiva a la realidad lo cual provoca que no la puedan transformar a otra realidad. Tienen una negación de la peculiaridad de cada vida, una negación a influir , niegan la racionalidad( En “El Sur” o en “El fin” pasa algo muy parecido a lo que pasa con los sectarios hay una aceptación del destino , lo cual no posibilita abrir los ojos para ver la realidad y nuevas alternativas.)




miércoles, 3 de mayo de 2017

"Tigres Azules" de Jorge Luis Borges

Un hombre ha admirado toda su vida al tigre. Recibe la información de que se han avistado tigres azules cerca de una aldea de la India y parte hacia allá con el propósito de contemplarlos con sus propios ojos. Con el paso del tiempo, descubre que los tigres azules eran una pequeñas piedras azules únicas en el universo, puesto que no obedecían las leyes de la aritmética. No podían ser contadas, su número variaba continuamente. A veces le hacía marcas a una piedra y el objeto desaparecía, para volver a aparecer más tarde, como si se transportara eventualmente a una dimensión desconocida. El protagonista cae presa de la locura y pide al cielo una forma de deshacerse de las piedras. Un mendigo aparece y se las cambia por algo mucho más terrible, que son los días y las noches y el orden en el universo.
Las rocas azules son un símbolo del milagro y el caos, de lo imposible. El hombre ve un terror en lo imposible, porque acaso anula el valor del orden que él ha concebido meticulosamente para el universo. Sin embargo Dios le devuelve el orden como un castigo aún más insoportable.

El cálculo, cuyo nombre tiene origen en la palabra latina para piedra, ve su fin, paradójicamente, en un puñado de estos objetos. El relato está fuertemente influenciado por Chesterton y por Kipling.

El tema de los objetos que llevan a la desesperación al protagonista estuvo presente en otros de sus cuentos como El aleph, El zahir, El disco, El libro de arena o La memoria de Shakespeare.


Joaquín Ruyra

Joaquim Ruyra i Oms (Gerona, 27 de septiembre de 1858 - Barcelona, 15 de mayo de 1939) fue un escritor español, considerado uno de los grandes cuentistas modernos del siglo XX.

Se casó con Teresa de Llinàs de Arnau, hermana de Rafael de Llinàs y de Arnau, barón de Llinàs y perteneciente a la pequeña nobleza catalana. Desde los 20 años hasta la guerra civil española, solía pasar la primavera y el otoño en Arenys de Mar. En invierno estaba en Barcelona y en verano en Blanes, donde encontraba la inspiración, en la casa solariega donde su familia se había trasladado en 1873 por motivos políticos.

Durante la guerra, primero fue desposeído de su patrimonio y más tarde homenajeado por sus 80 años. Murió en mayo de 1939, en un momento complicado que silenció su pérdida.

En Arenys era una persona muy conocida y querida. Fue maestro literario de escritores como Josep Pla, Salvador Espriu o Lluís Ferran de Pol.

Se formó en la lectura de los clásicos, como Homero, Cervantes y Shakespeare, y escribió unas prosas castellanas, pero pronto empezó a publicar sólo textos catalanes: premios en los Juegos Florales y colaboraciones en La Renaixença, La revista, Recull, etc.

Cultivó la poesía, el teatro -sin éxito- y la narración corta, ámbito en el que sobresalió. Su obra, corta, pero de una altísima calidad, lo convierte en uno de los mejores narradores en lengua catalana. Narrador innato y gran innovador, creó un verdadero lenguaje, escuchando la gente de Gerona, del Montnegre, de la Selva y los pescadores de Blanes. Fue un gran descubridor de la naturaleza, que corregía y recobraba constantemente sus precisas descripciones. No en vano, pues, que para muchos escritores posteriores ha sido reconocido como maestro.

Su universo literario se centró en el mar y la costa, en concreto la de Blanes, de donde provenía su familia. Estudió en Barcelona la carrera de Derecho, que no llegó a ejercer. Fue traductor de Schmidt, Molière, Scribe, etc. También hizo artículos sobre filología, que publicó en la prensa bajo el título de Qüestions de llenguatge.


Del escritor español Joaquím Ruyra, escuchamos los cuentos: Visión agorera, La mirada del pobre, Aniversario.


martes, 2 de mayo de 2017

"Ser polvo" de Santiago Dabove.










 


Ser Polvo



Por Santiago Dabove


¡Inexorable severidad de las circunstancias! Los médicos que me atendían tuvieron que darme, a mis pedidos insistentes, a mis ruegos desesperados, varias inyecciones de morfina y otras sustancias para poner como un guante suave a la garra con que habitualmente me torturaba la implacable enfermedad: una atroz neuralgia del trigémino.
Yo, por mi parte, tomaba más venenos que Mitrídates. El caso era poner una sordina a esa especie de pila voltaica o bobina que atormentaba mi trigémino con su corriente de viva pulsación dolorosa. Pero nunca se diga: he agotado el padecimiento, este dolor no puede ser superado. Pues siempre habrá más sufrimiento, más dolor, más lágrimas que tragar. Y no se vea en las quejas y expresión de amargura presentes otra cosa que una de las variaciones sobre este texto único de terrible dureza: "¡no hay esperanza para el corazón del hombre!". Me despedí de los médicos y llevaba la jeringa para inyecciones hipodérmicas, las píldoras de opio y todo el arsenal de mi farmacopea habitual.
Monté a caballo, como solía hacerlo, para atravesar esos cuarenta kilómetros que separaban los pueblos que con frecuencia recorría. 
Frente mismo a ese cementerio abandonado y polvoriento que me sugería la idea de una muerte doble, la que habla albergado y la de él mismo, que se caía y se transformaba en ruinas, ladrillo por ladrillo, terrón por terrón, me ocurrió la desgracia. Frente mismo a esa ruina me tocó la fatalidad lo mismo que a Jacob el ángel que en las tinieblas le tocó el muslo y lo derrengó, no pudiendo vencerlo. La hemiplejia, la parálisis que hacia tiempo me amenazaba, me derribó del caballo. Luego que cal, éste se puso a pastar un tiempo, y al poco rato se alejó. Quedaba yo abandonado en esa ruta solitaria donde no pasaba un ser humano en muchos días, a veces. Sin maldecir mi destino, porque se habla gastado la maldición en mi boca y nada representaba ya. Porque esa maldición habla sido en mi como la expresión de gratitud que da a la vida un ser constantemente agradecido por la prodigalidad con que lo mima una existencia abundante en dones.
Como el suelo en que cal, a un lado del camino, era duro, y podía permanecer mucho tiempo allí, y poco me podía mover, me dediqué a cavar pacientemente con mi cortaplumas la tierra alrededor de mi cuerpo. La tarea resultó más bien fácil porque, bajo la superficie dura, la tierra era esponjosa. Poco a poco me fui enterrando en una especie de fosa que resultó un lecho tolerable y casi abrigado por la caliente humedad. La tarde huía. Mi esperanza y mi caballo desaparecieron en el horizonte. Vino la noche, oscura y cerrada. Yo la esperaba así, horrorosa y pegajosa de negrura, con desesperanza de mundos, de luna y estrellas. En esas primeras noches negras pudo el espanto contra mí. ¡Leguas de espanto, desesperación, recuerdos! No, no, ¡¡dos, recuerdos! No he de llorar por mí, ni por.. Una fina y persistente llovizna lloró por mí. Al amanecer del otro día tenía bien pegado mi cuerpo a la tierra. Me dediqué a tragar, con entusiasmo y regularidad "ejemplares", píldora tras píldora de opio y eso debe de haber determinado el "sueño" que precedió a "mi muerte".
Era un extraño sueño-vela y una muerte-vida. El cuerpo tenía una pesadez mayor que la del plomo, a ratos, porque en otros no lo sentía en absoluto, exceptuando la cabeza, que conservaba su sensibilidad.
Muchos días, me parece, pasé en esa situación y las píldoras negras seguían entrando por mi boca y sin ser tragadas descendían por declive, asentándose abajo para transformar todo en negrura y en tierra.
La cabeza sentía y sabia que pertenecía a un cuerpo terroso, habitado por lombrices y escarabajos y traspasado de galerías frecuentadas por hormigas. El cuerpo experimentaba cierto calor y cierto gusto en ser de barro y de ahuecarse cada vez más. Así era, y, cosa extraordinaria, los mismos brazos que al principio conservaban cierta autonomía de movimiento, cayeron también a la horizontal. Tan sólo parecía quedar la cabeza indemne y nutrida por el barro como una planta. Pero como ninguna condición tiene reposo, debió defenderse a dentelladas de los pájaros de presa que querían comerle los ojos y la carne de la cara. Por el hormigueo que siento adentro, creo que debo de tener un nido de hormigas cerca del corazón. Me alegra, pero me impele a andar y no se puede ser barro y andar. Todo tiene que venir a mi; no saldré al encuentro de ningún amanecer ni atardecer, de ninguna sensación.
Cosa curiosa: el cuerpo está atacado por las fuerzas roedoras de la vida y es un amasijo donde ningún anatomista distinguiría más que barro, galerías y trabajos prolijos de insectos que instalan su casa y, sin embargo, el cerebro conserva su inteligencia.
Me daba cuenta de que mi cabeza recibía el alimento poderoso de la tierra, pero en una forma directa, idéntica a la de los vegetales. La savia subía y bajaba lenta, en vez de la sangre que maneja nerviosamente el corazón. Pero ahora ¿qué pasa? Las cosas cambian. Mi cabeza estaba casi contenta con llegar a ser como un bulbo, una papa, un tubérculo, y ahora está llena de temor. Teme que alguno de esos paleontólogos que se pasan la vida husmeando la muerte, la descubra. O que esos historiadores políticos que son los otros empresarios de pompas fúnebres que acuden después de la inhumación, descubran la vegetalización de mi cabeza. Pero, por suerte, no me vieron.
... ¡Qué tristeza! Ser casi como la tierra y tener todavía esperanzas de andar, de amar.
Si me quiero mover me encuentro como pegado, como solidarizado con la tierra. Me estoy difundiendo, voy a ser pronto un difunto. ¡Qué extraña planta es mi cabeza! Difícil será que dure su singularidad incógnita. Todo lo descubren los hombres, hasta una moneda de dos centavos embarrada.
Maquinalmente se inclinaba mi cabeza hacia el reloj de bolsillo que había puesto a mi lado cuando cal. La tapa que cerraba la máquina estaba abierta y una hilera de hormigas pequeñas entraba y salía. Hubiera querido limpiarlo y guardarlo, pero ¿en qué harapo de mi traje, si todo lo mío era casi tierra?
Sentía que mi transición a vegetal no progresaba mucho porque un gran deseo de fumar me torturaba. Ideas absurdas me cruzaban la mente. ¡Deseaba ser planta de tabaco para no tener la necesidad de fumar!
... El imperioso deseo de moverme iba cediendo al de estar firme y nutrido por una tierra rica y protectora.
... Por momentos me entretengo y miro con interés pasar las nubes. ¿Cuántas formas piensan adoptar antes de no ser ya más, máscaras de vapor de agua? ¿Las agotarán todas? Las nubes divierten al que no puede hacer otra cosa que mirar el cielo, pero, cuando repiten hasta el cansancio su intento de semejar formas animales, sin mayor éxito, me siento tan decepcionado que podría mirar impávido una reja de arado venir en derechura a mi cabeza.
... Voy a ser vegetal y no lo siento, porque los vegetales han descubierto eso de su vida estática y egoísta. Su modo de cumplimiento y realización amorosos, por medio de telegramas de polen, no puede satisfacernos como nuestro amor carnal y apretado. Pero es cuestión de probar y veremos cómo son sus voluptuosidades.
... Pero no es fácil conformarse y borraríamos lo que está escrito en el libro del destino si ya no nos estuviera acaeciendo.
... De qué manera odio ahora eso del "árbol genealógico de las familias"; me recuerda demasiado mi trágica condición de regresión a un vegetal. No hago cuestión de dignidad ni de prerrogativas; la condición de vegetal es tan honrosa como la de animal, pero, para ser lógicos, ¿por qué no representaban las ascendencias humanas con la cornamenta de un ciervo? Estaría más de acuerdo con la realidad y la animalidad de la cuestión.
... Solo en aquel desierto, pasaban los días lentamente sobre mi pena y aburrimiento. Calculaba el tiempo que llevaba de entierro por el largo de mi barba. La notaba algo hinchada y, su naturaleza córnea igual a la de la uña y epidermis, se esponjaba como en algunas fibras vegetales. Me consolaba pensando que hay árboles expresivos tanto como un animal o un ser humano. Yo recuerdo haber visto un álamo, cuerda tendida del cielo a la tierra. Era un árbol con hojas abundantes y ramas cortas, muy alto, más lindo que un palo de navío adornado. El viento, según su intensidad, sacaba del follaje una expresión cambiante, un murmullo, un rumor, casi un sonido, como un arco de violín que hace vibrar las cuerdas con velocidad e intensidad graduadas.
... Oí los pasos de un hombre, planta de caminador quizás, o que por no tener con qué pagar el pasaje en distancias largas, se ha puesto algo así como un émbolo en las piernas y una presión de vapor de agua en el pecho. Se detuvo como si hubiera frenado de golpe frente a mi cara barbuda. Se asustó al pronto y empezó a huir; luego, venciéndole la curiosidad, volvió y, pensando quizás en un crimen, intentó desenterrarme escarbando con una navaja. Yo no sabia cómo hacer para hablarle, porque mi voz ya era un semisilencio por la casi carencia de pulmones. Como en secreto, le decía: ¡Déjeme, déjeme! Si me saca de la tierra, como hombre ya no tengo nada de efectivo, y me mata como vegetal. Si quiere cuidar la vida y no ser meramente policía, no mate este modo de existir que también tiene algo de grato, inocente y deseable.
No oía el hombre, sin duda acostumbrado a las grandes voces del campo, y pretendió seguir escarbando. Entonces le escupí en la cara. Se ofendió y me golpeó con el revés de la mano. Su simplicidad de campesino, de rápidas reacciones, se imponía sin duda a toda inclinación de investigación o pesquisa. Pero a mí me pareció que una oleada de sangre subía a mi cabeza, y mis ojos coléricos desafiaban como los de un esgrimista enterrado, junto con espadas, pedana y punta hábil que busca herir.
La expresión de buena persona desolada y servicial que puso el hombre, me advirtió que no era de esa raza caballeresca y duelista. Pareció que quería retirarse sin ahondar más en el misterio... y se fue en efecto, torciendo el pescuezo largo rato para seguir mirando... Pero en todo esto había algo que llegó a estremecerme, algo referente a mí mismo.
Como es común a muchos cuando se encolerizan, me subió el rubor a la cara. Habréis observado que sin espejo no podemos ver de esta última más que un costado de la nariz y una muy pequeña parte de la mejilla y labio correspondiente, todo esto muy borroso y cerrando un ojo. Yo, que habla cerrado el izquierdo como para un duelo a pistola, pude entrever en los planos confusos por demasiada proximidad, del lado derecho, en esa mejilla que en otro tiempo había fatigado tanto el dolor, pude entrever, ¡ah!... la ascensión de un "rubor verde". ¿Sería la savia o la sangre? Si era esta última: ¿la clorofila de las células periféricas le prestaría un ilusorio aspecto verdoso?... No sé, pero me parece que cada día soy menos hombre.
... Frente a ese antiguo cementerio me iba transformando en una tuna solitaria en la que probarían sus cortaplumas los muchachos ociosos. Yo, con esas manazas enguantadas y carnosas que tienen las tunas, les palmearía las espaldas sudorosas y les tomaría con fruición "su olor humano". ¿Su olor?, para entonces, ¿con qué?, si ya se me va aminorando en progresión geométrica la agudeza de todos los sentidos.
Así como el ruido tan variado y agudo de los goznes de las puertas no llegará nunca a ser música, mi tumultuosidad de animal, estridencia en la creación, no se avenía con la actividad callada y serena de los vegetales, con su serio reposo. Y lo único que comprendía es precisamente lo que estos últimos no saben: que son elementos del Paisaje.
Su tranquilidad e inocencia, su posible éxtasis, quizás equivalen a la intuición de belleza que ofrece al hombre la escena" de su conjunto.
... Por mucho que se valore la actividad, el cambio, la traslación de humanos, en la mayoría de los casos el hombre se mueve, anda, va y viene en un calabozo filiforme, prolongado. El que tiene por horizonte las cuatro paredes bien sabidas y palpadas no difiere mucho del que recorre las mismas rutas a diario para cumplir tareas siempre iguales, en circunstancias no muy diferentes. Todo este fatigarse no vale lo que el beso mutuo, y ni siquiera pactado, entre el vegetal y el sol.
... Pero todo esto no es más que sofisma. Cada vez muero más como hombre y esa muerte me cubre de espinas y capas clorofiladas.
... Y ahora, frente al cementerio polvoriento, frente a la ruina anónima, la tuna "a que pertenezco" se disgrega cortado su tronco por un hachazo. ¡Venga el polvo igualitario! ¿Neutro? No sé, pero, ¡tendría que tener ganas el fermento que se ponga de nuevo a laborar con materia o cosa como "la mía", tan trabajada de decepciones y derrumbamientos!






Programa de Radio conducido por Chacho Marzetti que sale de lunes a viernes de 23hs a 1hs por AM 750 Radio Nacional Córdoba. FM 100.1 Mhz. y www.nacionalcordoba.com.ar Producción y Web Master Manuel Allasino. Podés escuchar todos los programas en www.elvagabundodelasestrellasrn.blogspot.com.ar

Abelardo Castillo (1935 - 2017)


El narrador y dramaturgo falleció a los 82 años. Fue el fundador de la revista “El escarabajo de oro”

El novelista, cuentista, dramaturgo y ensayista, Abelardo Castillo, murió hoy a los 82 años en la ciudad de Buenos Aires, a causa de una infección intestinal que le aquejó luego de una cirugía a la que se había sometido en las últimas semanas.

Además de ser uno de los principales referentes de la literatura argentina, Castillo se se destacó como formador de escritores y su compromiso político y social al fundar El Grillo de Papel, que luego se llamó El Escarabajo de Oro, una revistas literaria que se editó entre 1959 y 1974.

El escritor realizó varias colaboraciones periodísticas y también se dedicó a la dirección de talleres de creación literaria. Fue autor de novelas como "El que tiene sed" y "Crónica de un iniciado" y de obras de teatro como "Israfel".



En 1961 obtuvo el premio Casa de las Américas por los cuentos de Las otras puertas, género que continuó con Cuentos crueles (1966), Los mundos reales (1972), Las panteras y el templo (1976), El cruce del Aqueronte (1982), Las maquinarias de la noche (1992) y Cuentos completos (1998).

Es considerado un autor de gran importancia en la segunda mitad del siglo XX en el país. Consideraba que el escritor es ante todo "un inmoderado por naturaleza, un rebelde".

Su narrativa trascendió de un realismo existencial y comprometido social y políticamente a una mayor estilización que lo acerca al expresionismo. Sus argumentos colocan a menudo a los personajes en situaciones límite envueltas en un denso fatalismo. Consideraba a Edgar Allan Poe y Jorge Luis Borges como sus referentes.

Nació en Buenos Aires, el 27 de marzo de 1935, y a los once años se trasladó con su familia a San Pedro, un lugar de gran importancia para él. Vivió allí hasta los diecisiete años y en 1952 regresó a la Capital. Su obra fue traducida a 14 idiomas, entre ellos el inglés, francés, italiano, alemán, ruso y polaco.